Gastón Hererra,cuadro de Morena en Nuevo Laredo y hombre cercano al Senador del mismo partido,Jose Ramon Gómez Leal, protagonista del video— no necesitó bola de cristal: le bastó conocer el libreto. En 2023, cuando todavía había morenistas a quienes les sorprendía que el poder cambiara promesas por silencios, lanzó una advertencia frontal contra Américo Villarreal: lo acusó de olvidar a quienes lo llevaron al gobierno y de convertir los acuerdos en papel reciclable.
Redacción irreverente
Desde Nuevo Laredo, Gaston Herrera le leyó la cartilla a Américo Villarreal sin incienso, sin aplausos y sin la acostumbrada traducción simultánea al morenista: “Eres una vergüenza para Tamaulipas” y vas camino a ser “el peor gobernador” del estado.
No era una profecía salida de una pirámide ni un mensaje codificado de Nostradamus versión guinda. Era un reclamo de los que conocen el mecanismo por dentro: el militante que recuerda el rancho, las promesas cara a cara, los acuerdos de campaña y la promesa de que se gobernaría con quienes ayudaron a llegar.
Ya en el poder, según Herrera, Américo habría aplicado la fórmula predilecta de tantos políticos: primero abrazan al movimiento; luego lo acomodan en el cajón de los pendientes, junto con la congruencia y la vergüenza.
“Se oye en las calles que tú, tu esposa y tu hijo son unos malagradecidos”, soltó Herrera. No se anduvo con metáforas, ni con esos comunicados de Morena que parecen escritos por una licuadora llena de consignas. Dijo, en esencia, que el gobernador habría dado la espalda a fundadores, aliados y operadores que le ayudaron a trepar al poder.
Tres años después, el reclamo envejeció mejor que muchos discursos de la Cuarta Transformación.
Mientras nuevas investigaciones periodísticas y de EE.UU, ponen bajo escrutinio los contratos otorgados a empresas relacionadas con el entorno de Sergio Carmona —el empresario conocido como “rey del huachicol”—, y el gobierno estatal enfrenta cuestionamientos políticos por sus vínculos y explicaciones, las palabras de Herrera ya no suenan a berrinche de militante despechado. Suenan a expediente anticipado.
Porque la acusación central de aquel video no era técnica, pero sí brutalmente política: que Américo Villarreal habría llegado prometiendo gobierno compartido y terminó administrando el poder como propiedad familiar. Y cuando un gobernante empieza a tratar el mandato público como herencia doméstica, los compromisos se convierten en estorbo, los aliados en incómodos y las críticas en “ataques de la oposición”, aunque salgan de su propia casa.
Herrera lo dijo cuando todavía era incómodo decir lo que ahora todos dicen: que Tamaulipas podía terminar gobernado por una camarilla de malagradecidos, no por una transformación.
Hoy, entre el olor persistente a gasolina de contrabando, contratos cuestionados, empresas de domicilios fantasmales, ligas con narcos de todas las facciones y explicaciones oficiales que parecen neblina de escape, aquella advertencia adquiere otro peso. El problema es que en Tamaulipas las profecías políticas no se cumplen por magia: se cumplen porque nadie corrige el rumbo.
Gustavo Herrera no vaticinó el futuro: describió el presente antes de que llegaran los reflectores nacionales. Américo prometió gobernar con el movimiento, pero el único movimiento ha sido el del crimen organizado, que terminó gobernando a un gobernador huidizo, timorato, pazguato y blandengue, diferenciado de su antecesor únicamente por el nivel de sinvergüenza.
Con información: @Redes/

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