Morena acaba de ofrecernos otra clase magistral de cómo convertir la “honestidad y justicia” en nombre de utilería. En el expediente Rocha Moya, la Comisión parece menos un tribunal partidista que una sala de espera: todos reconocen que algo apesta, nadie quiere decir quién tiró el cadáver político al pasillo.
El cinismo con membrete
Citlalli Hernández admite tres cosas, aunque intenta envolverlas en algodón burocrático: Rocha actuó unilateralmente; Morena no estuvo de acuerdo con que volviera a la gubernatura; y hay investigaciones por posibles delitos. Pero, en lugar de explicar qué hará el partido frente a un gobernador que vuelve al cargo en medio de indagatorias, se refugia en el conjuro favorito del oficialismo: “que lo decidan los órganos internos”.
Qué conveniente. Cuando el problema es ajeno, Morena presume principios. Cuando el problema lleva chaleco guinda y tiene oficina en Palacio de Gobierno, aparecen los “procesos”, las “valoraciones”, las “instancias” y las neblinas administrativas.
Rocha regresó después de 112 días de licencia, recobró —entre otras cosas— el blindaje político del fuero y, ante el escándalo, volvió a pedir licencia menos de 36 horas después. No fue un regreso: fue un ensayo de impunidad con salida de emergencia.
Citlalli y el arte de no decir
La versión de Citlalli es una pequeña joya del cantinfleo institucional:
“Se está investigando de cualquier delito que haya, que pudiera, pues estar, digamos, pues que se está investigando…”
Traducido al español: sabemos que hay un asunto grave, pero no nos pongan a describirlo porque se nos descompone el relato.
Citlalli no afirma que Rocha sea inocente —porque no puede—, tampoco exige una separación tajante —porque no quiere—, ni anuncia un procedimiento concreto —porque quizá no existe, o existe pero estorba—. Sólo patea la pelota hacia la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, una institución cuyo nombre, en este caso, ya parece chiste involuntario.
La Comisión de Honestidad y Justicia tendría que resolver si procede una sanción o incluso una expulsión, mientras Hernández insiste en que investigar no equivale a prejuzgar. Correcto: investigar no es condenar. Pero tampoco significa habilitar el limbo eterno en el que el poderoso permanece protegido mientras el partido simula pulcritud.
“No estás solo”… hasta que estorbas
El libreto morenista cambió con una velocidad admirable: del “no estás solo” al “no compartimos tu decisión”; de la defensa cerrada al deslinde cuidadosamente perfumado; de la fraternidad militante a la amenaza de que “los órganos internos decidirán”.
Eso no es justicia partidista. Es control de daños.
Mientras Rocha podía representar un costo asumible, la nomenclatura lo arropó. Cuando su retorno se volvió demasiado escandaloso, se activó el protocolo: “fue una decisión personal”. El partido que presume ser una fuerza moral superior descubrió de pronto que sus cuadros también tienen voluntad propia, justo cuando conviene lavar las manos colectivas.
Y ahí está la gran farsa: Morena proclama ser “el único partido” con ética, principios y autoridad moral, pero frente a uno de los casos más incómodos de su propia casa no presenta una decisión, una sanción, un criterio ni una línea roja. Presenta una comisión.
La frase que exhibe todo
Decir que “no son bienvenidos” quienes buscan “el poder por el poder” suena precioso en un templete. Pero queda francamente grotesco cuando se dice al mismo tiempo que un gobernador bajo investigación puede volver al cargo, recuperar fuero y retirarse otra vez sólo después de que el escándalo le explota al partido en la cara.
La pregunta no es si Rocha merece garantías procesales: las merece, como cualquier persona. La pregunta es por qué Morena pretende que sus garantías procesales equivalgan a garantías de protección política.
Porque si la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia termina siendo el lugar donde la honestidad se aplaza y la justicia se administra según el costo electoral, entonces deberían renombrarla con mayor franqueza: Comisión Nacional de Contención de Daños y Administración de Vergüenzas.
Con información: REFORMA/

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