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miércoles, 1 de julio de 2026

«SOY INOCENTE como PEPE el TORO: AMÉRICO y SHEINBAUM, VOCERA de NARCOGOBERNADORES, NIEGAN IMPUTACIONES del NEW YORK TIMES… en Washington saben más de Morena que en Palacio.


Claudia Sheinbaum descubrió por fin la verdadera Cuarta Transformación: de víctima del “imperio mediático” a vocera honoraria de los gobernadores que le juran al New York Times que jamás, pero jamás, le han pasado chismes a la DEA. La presidencia y los gobiernos de Alfonso Durazo en Sonora y el Americo Villarreal en Tamaulipas montaron una especie de mañanera diplomática: desmentido aquí, desplegado allá, carta indignada acullá, todo para decirnos que no hay una sola carpeta, ni un folio, ni un Post-it que respalde lo que publicó el diario neoyorquino.

El show de la honorabilidad ofendida

El libreto es conocido: el reportaje del Times habla de al menos una decena de políticos de Morena que se habrían convertido en informantes de Estados Unidos contra otros compañeros de partido, con énfasis en los gobernadores Alfonso Durazo (Sonora) y Américo Villarreal (Tamaulipas). No da nombres a diestra y siniestra, pero sí pinta un cuadro donde varios morenistas tocan la puerta del tío Sam para contarle los pecados internos de la 4T.

La respuesta oficial ha sido de telenovela de las tres: el gobernador Villarreal “niega de manera categórica, absoluta y contundente” las acusaciones; su gobierno paga un desplegado en prensa nacional para repetir que no existe acusación ni procedimiento alguno en su contra, como si la realidad empezara y terminara en los archivos de la Fiscalía local. 

Durazo, por su parte, manda carta al Times regañando al diario por publicar “afirmaciones sin aportar una sola evidencia verificable”, y exigiendo rectificación como si estuviera hablando con el portal de noticias de su oposición municipal, no con uno de los periódicos más influyentes del planeta.

Sheinbaum, árbitro y parte

Sheinbaum entra en escena diciendo que su gobierno “no tiene ninguna información al respecto”, así que no puede opinar sobre algo que, oficialmente, no existe. Es un argumento hermoso: si en Palacio no les ha llegado el memo, entonces el resto del mundo está fabulando. El problema es que la película no va de si la Presidenta está enterada, sino de si las autoridades estadounidenses y sus fuentes están moviendo piezas que en México se niegan a ver, o prefieren no mirar.

Ya hubo antes otro capítulo: cuando se reveló desde Estados Unidos que Durazo y Villarreal estaban bajo la lupa por presuntos vínculos con actividades del crimen organizado, la respuesta fue casi calcada: duda sobre el “timing”, sospecha de motivaciones políticas y defensa corporativa de los suyos. Ahora, el guion se recicla: si la información incomoda, entonces es “especulativa”, “sin contexto” o producto de fuentes anónimas malvadas.

El juego de las fuentes puras

El Times cita “una decena de personas” que hablaron bajo condición de anonimato y que aseguran que al menos diez funcionarios electos en México se han acercado para compartir información sobre otros políticos. No es la primera nota sobre México basada en fuentes anónimas, ni será la última, pero de repente en la 4T descubrieron el purismo metodológico: sin nombre, RFC y CURP de cada fuente, la historia debe ser mentira.

Resulta casi entrañable ver a los gobiernos de Sonora y Tamaulipas, que viven en estados donde el crimen organizado dicta la agenda a balazos, indignarse más por lo que un reportaje dice que por lo que sus ciudadanos padecen. 

En un país donde todo mundo filtra, graba, manda notas de voz y opera en la sombra, el oficialismo quiere que creamos que lo único que no existe son los soplones dentro de Morena. Eso sí sería un milagro sexenal.

Moralina de sobremesa

Lo que este episodio deja claro no es si el Times tiene toda la razón o si Durazo y Villarreal son santos incomprendidos, sino que el poder en México se siente más cómodo descalificando al mensajero que respondiendo el mensaje. 

La Presidenta se coloca como juez de la legitimidad de la prensa extranjera mientras sus aliados estatales posan de víctimas impecables, sin un solo rasguño en sus expedientes… al menos en los que ellos mismos controlan.

En el fondo, la pelea no es entre México y el New York Times, sino entre dos narrativas: la épica de la 4T impoluta y la realidad incómoda de un sistema donde los leales pueden terminar vendiéndose al mejor postor, incluida la justicia de otro país. Y si algo irrita a cualquier gobierno, de cualquier color, no es que lo acusen de corrupto: es que lo acusen de tener traidores en casa.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/CARLOS CARABAÑA/

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