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domingo, 15 de marzo de 2026

EL «PATRON VIAJABA en PATRULLA»: EL «AHIJADO del MENCHO PRIMERO le SALVO la VIDA y luego se la PUSO en CHAROLA de PLATA a la DEA»…lo torturó el Estado, lo traicionó el cártel y lo dejó tirado la muerte, solo le faltaba vender la memoria.


Herminio Gomez nace pobre en Villa Purificación, Jalisco: 16 hermanos, padres indígenas, cero escuela, pero doctorado en sierra y veredas; por eso desde niño le dicen Indio. Cruza a EU a los 18, compra número de seguro social falso, se inventa que es puertorriqueño llamado Ismael Rivera y se pone a talachar en la construcción, dopado a base de pastillas de meta para aguantar las jornadas de los patrones gringos. Lo detienen en 2000 con papeles chafas y drogas, el acento mexicano lo vende, lo deportan; vuelve a cruzar, lo cachan otra vez en 2010 y regresa a México con una bolsa de plástico, un sándwich y un jugo como souvenir del sistema migratorio.

Llega a su pueblo y ya nadie siembra: todos son empleados de un nuevo dios local, Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, otro deportado que cambió la pala por los Barrett. Lo mandan llamar; Herminio cree que no regresa vivo, pero el mensaje es sencillo: aquí todos trabajan para el señor, o no trabajan. Empieza de mandadero del CJNG y en menos de un año lo acomodan como jefe de la policía municipal sin experiencia, con uniforme oficial, sueldo de 8 mil pesos, 45 policías a cargo y cinco “protectores civiles” (sicarios) en nómina a 4 mil la quincena.

El ahijado que movía al patrón en patrulla

En 2012, la Marina casi detiene a El Mencho cerca de Villa Purificación, pero la policía de Herminio convierte el pueblo en Uber VIP: suben al capo a patrullas con torretas prendidas y lo sacan como autoridad legítima. El Indio lo esconde en la sierra que conoce de memoria, en parajes a los que solo se llega a caballo, y termina viviendo temporadas enteras con el patrón, cuidándole la respiración y el paisaje. Ahí se pone cursi el narco: Nemesio le pide que le diga padrino, lo adopta simbólicamente y lo vuelve su hombre de confianza en el monte.

Con el tiempo, ese ahijado será el que se siente frente a la DEA a recitar de memoria rutinas, escondites, berrinches y crueldades del hombre más buscado del mundo, pero todavía falta sangre para llegar ahí.

Menchito, TikTok coach del fentanilo

En 2015 Herminio conoce al heredero: Rubén Oseguera González, El Menchito, junior de Guadalajara, más “influencer” que capo discreto. El hijo coordina el traslado de droga de la sierra a antros fifís de México y a los junkies güeros de Estados Unidos, a los que el ahijado llama “los blondies”. A Menchito se le ocurre meterle fentanilo al menú: cuando Herminio ve las pastillitas azules las confunde con “pastillas de caballero”; el morro le suelta que en esa bolsa hay cien mil dólares y se ríe de su atraso.

El chamaco carga pistola de oro con grabado “El número dos”, juega a los campos de tiro y a volar coches con un lanzagranadas al que le dice “lanzapapas”. Se mueve con convoy de veinte camionetas y cien vatos armados con Barrett, AK-47, granadas y lanzacohetes; los morros del cártel se cuelgan granadas al cuello y fingen activarlas, como si la vida fuera videojuego sin botón de “reaparecer”. Una vez Herminio encuentra coca en la camioneta de Menchito y el niño de papi le ruega casi llorando: “No le digas a mi padre”, porque al don no le gusta que nadie del cártel consuma sus productos.

En abril de 2015, arriba a la sierra para quedarse más tiempo y le suelta a Herminio su TED Talk criminal: quiere convertir al cártel en un imperio y presume que el branding “Nueva Generación” se le ocurrió a él, más New Age que los viejos nombres de plaza.

Boda, balazo y helicóptero derribado

El 24 de abril Herminio se casa: fiesta narca, todos sus “compas” del cártel bailando, Mencho brindando por los novios y Menchito acaramelado con una chava del pueblo en la pista. La noche cierra como manual de CJNG: cuando el chofer se tarda porque el carro está atorado entre invitados, Menchito camina hasta él y en lugar de subirse le mete un tiro en la cabeza, así nomás, para que quede claro quién manda.

El epitafio de Herminio empieza el 27 de abril: se enferma de neumonía, se pone verde, casi no respira, pero no quiere dejar solo al padrino. Mencho se asusta de perder a su guía de la sierra y manda hombres para llevarlo a un hospital de Guadalajara, convencido de que se le muere esa noche. Cuatro días después, en la madrugada, le llaman histéricos: Menchito, el propio Mencho, un sicario apodado El Pelón y el hermano Abraham Oseguera están casi cercados por el Ejército en Villa Purificación.

La orden que le dan es simple y apocalíptica: activar la red de radios repartidos a ganaderos, tirar puentes, levantar retenes, bloquear carreteras, quemar bancos; “querían quemar Jalisco”, resume El Indio. Menchito remata la genialidad: anuncia que van a derribar el helicóptero de la Fuerza Aérea que los trae encima, que se joda todo; todos tienen que obedecer porque, si no, matan familias y hasta los perros.

Con media neumonía encima, Herminio regresa y ve los restos: el helicóptero fue derribado de verdad, se cruzó la línea que separa al narco del terrorismo. Recoge fierros destrozados, carga heridos y ve cómo Mencho logra escapar un día más gracias al caos que él mismo ayudó a coordinar.

PGR, Ray-Bans y ejecución fallida

Del lado del Estado, a la abogada y criminalista María Hernández, de la unidad antidrogas de la PGR, le cae en la mañana del 1 de mayo la misión que nadie quiere: dirigir la investigación del helicóptero militar derribado. Llega con un equipo forense y en el punto de impacto no hay helicóptero, solo aspas; el resto son chatarra en fuego, mientras desde el monte les tiran para espantarlos y los obligan a pasar la noche bajo árboles, metidos en bolsas para cadáveres para protegerse del frío y de las balas.

Al día siguiente se topan con algo nunca visto en escena narca:cohetes y lanzacohetes como guerra de Medio Oriente, nueve cuerpos de sicarios, uno con cinturón con las siglas CJNG, otro abrazado a un rifle con el logo en la culata, y a un kilómetro los cuerpos irreconocibles de militares. El helicóptero volaba demasiado bajo y el rotor de cola recibió impacto de un lanzacohetes; murieron siete elementos de las fuerzas armadas.

Mientras tanto, a Herminio se lo levanta la Fuerza Única de Jalisco: más de 40 policías estatales reventando la fachada de “jefe municipal” que fingía. Él dice que el gobernador Aristóteles Sandoval tenía miedo de que contara que Mencho le había mandado tres millones de dólares para la campaña y por eso lo torturaron una semana, incluso frente a su esposa embarazada. Lo golpean, lo encueran de dignidad y huesos, y luego lo regresan advertido: si habla, se muere.

Esa misma noche llega el turno de la casa: un comando al mando de Heleno Madrigal Birrueta, El Veinte, jefe de plaza del CJNG en Jalisco, se lo lleva con otros policías. A Herminio lo someten a tortura de catálogo: perforación de pene, descargas eléctricas en genitales, vendas tipo “Ray-Bans” para inmovilizarlo y patearlo, fracturas por todo el cuerpo; después ejecutan de un tiro en la cabeza a seis policías que estuvieron bajo su mando. A él lo hincan y también le disparan en la cabeza, pero solo le rozan el cráneo; lo dan por muerto con prisa, prometen que la gente de otro municipio irá a enterrarlos y se van.

El Indio se arrastra hasta un cañaveral, descubre que todavía trae el teléfono, llama a un amigo y éste lo saca a Autlán de Navarro para frenar las hemorragias. Lo alcanzan su hermana y su esposa y huyen al norte, mientras él orina sangre durante meses en Sonora, tragando pulpa de aloe vera como remedio ancestral para no morirse de adentro.

De testigo “loco” a pieza clave contra el padrino

En agosto de 2015 vuelve a cruzar a Estados Unidos; en julio de 2016, en Toledo, Ohio, lo revienta un ataque de pánico en plena carretera y él solito detiene a un policía de tránsito: no le corre, le pide que lo lleve a la DEA porque quiere hablar del Cártel Jalisco Nueva Generación, pero “especialmente” de su padrino. Lo entrevistan dos agentes que primero lo ven como loco: entre otras cosas les cuenta que la granja de su familia la usó el CJNG para entrenar a dos integrantes de ISIS, uno israelí y otro paquistaní; los gringos le contestan: “No me interesa”.

Llaman a migración y lo deportan otra vez, pero antes él les deja la dirección del lugar en Sonora donde se va a esconder. En 2018 un agente de la DEA finalmente lo visita, le dice que arman el caso contra El Mencho y su hijo y ahora sí quieren escuchar todo; la oferta: papeles migratorios y 85 mil dólares a cambio de su cooperación contra el capo del cártel que ya catalogan como terrorista. El Indio firma con gusto: ya lo torturó el Estado, lo traicionó el cártel y lo dejó tirado la muerte, solo le faltaba vender la memoria.

En 2019 se entera de que El Veinte, el carnicero que casi lo mata, fue detenido en Tequesquitlán, Jalisco, y siente algo parecido a tranquilidad. Años después vivirá en una ciudad perdida de Estados Unidos, trabajando en ranchos que no tienen idea de que el jornalero que les acomoda las vacas fue parte de una organización que Washington mete en la misma carpeta mental que los terroristas.

En 2020 obtiene residencia; en 2024 su esposa pide divorcio y la custodia total del hijo que cargaba embarazada cuando casi lo ejecutan en Jalisco. Mientras tanto, su testimonio ayuda a encarcelar a varios del CJNG, incluido Menchito, al que describen como precursor del tráfico de fentanilo a Estados Unidos y uno de los terroristas más buscados.

El final del padrino y la venganza a distancia

Los testimonios de Herminio y otros sirven para armar la investigación que culmina con la captura y abatimiento de El Mencho el 22 de febrero de 2026 en Tapalpa, Jalisco, su propio bastión. El capo más buscado del planeta muere en enfrentamiento con fuerzas armadas mexicanas; esta vez no hubo patrulla municipal ni guía de sierra que lo sacara de cuadro.

Y, sin embargo, el ahijado asegura que algo de cariño le tenía: en algún momento le hace llegar una carta en la que le jura que cualquier cosa que haya oído de él es mentira, que quien quiso matarlo fue El Veinte. No recibe respuesta, pero el 20 de agosto de 2019, en el penal de Puente Grande, matan a El Veinte; Herminio decide creer que fue un ajuste de cuentas ordenado por el padrino al que después va a delatar ante una corte de Estados Unidos.

Para cerrar el círculo, la historia que él cuenta está reconstruida en más de dos mil archivos y testimonios judiciales: papeles que certifican que en el narco mexicano hay ahijados que te salvan la vida, te organizan el escape, te aguantan la sierra, les quemas el cuerpo, casi los ejecutas… y años después te firman la sentencia en otro idioma.

Con información: MILENIO/

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