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lunes, 9 de febrero de 2026

«ESA NOCHE el TURISMO se TOPÓ con la PLAZA y FUERON PLAGIADOS por GATILLEROS en MEDIO de la ESTRATEGIA de SINALOA»…el plan estrella contra el narco no puede garantizar ni una vuelta en cuatrimoto.


Una familia en cuatrimoto, un Mazatlán de postal turística y, detrás del malecón y los neones, el mismo país de siempre: el que desaparece gente como si fueran vasos desechables de carnaval, tan asi,que ya son 132 mil 046 victimas de la fabrica nacional de «NO LOCALIZADOS’,según el RNPDNLO.

La noche en que el turismo se topó con la plaza

El 3 de febrero, Óscar García —profe de Educación Física, querido por sus alumnos, cero perfil criminal— se subió a unas cuatrimotos con su esposa Montserrat, su hija de nueve años y sus cuñados Omar, Javier y Gregorio, a disfrutar la ruta nocturna que se vende como “aventura” para turistas en Mazatlán. En el folleto prometen adrenalina y arena; en la vida real llegaron motos y carros llenos de hombres armados que los rodearon y se los llevaron con los ojos vendados, como si estuvieran recogiendo mercancía, no personas.

Al día siguiente, la Secretaría de Seguridad Pública presumió que halló los RZR gracias al GPS, bien estacionados cerca de la playa de Cerritos, como si recuperar fierros vacíos fuera un logro y no la evidencia de que a los ocupantes se los tragó el monstruo de siempre. Montserrat y la niña reaparecieron caminando desde El Habal, en shock, después de que las dejaron tiradas en otro punto, lo que la autoridad vendios como rescate, pero Óscar y sus cuñados siguen en ese limbo tan mexicano entre la estadística y la fosa, pues en esta entidad, como ocurre en Tamaulipas,desapercer casi equivale a morir.

Seguridad de escaparate y criminales de planta

La escena es casi una caricatura de la “estrategia” federal: más de 10,000 militares desplegados en Sinaloa, operativos reforzados porque días antes ya se habían llevado a 10 mineros en Concordia, el gobernador anunciando mano dura, y, aun así, un comando puede levantar a seis personas en una ruta turística sin que nadie lo estorbe. 

La autoproclamada nueva era de seguridad, a cargo de la presidencia y su zar Omar García Harfuch, presume más detenciones, más decomisos, más grupos “desarticulados”, pero en la práctica los desaparecidos siguen demostrando quién manda en la calle y que tanto vale la estrategia para efectos de impactar la seguridad.

Mazatlán se vende como perla del Pacífico, pero la joya real es la plaza criminal, disputada por facciones del Cártel de Sinaloa que llevan años rompiéndose la cara mientras el Estado hace como que “contiene la violencia” contando aseguramientos, no vidas. La familia venía del Estado de México a aprovechar el puente, no a estrenar la estadística de la nueva administración, y ahora su tragedia sirve para desnudar que el plan estrella contra el narco no puede garantizar ni una vuelta en cuatrimoto sin que aparezca un convoy armado a dictar su propia ley.

El país donde devolver a dos ya parece un gesto

La lógica está tan torcida que el hecho de que Montserrat y su hija hayan sido devueltas se interpreta como “buena señal”, como si estuviéramos hablando de un favor del cártel y no de un crimen en curso. La propia Adriana, hermana de Óscar, se aferra a eso mientras recibe videos de los alumnos del profe rogando por su regreso, porque en México la esperanza tiene que negociar todos los días con la impunidad.

Óscar “le sirve al Estado de México”, dice ella, casi suplicando que alguien allá arriba se acuerde de que no se puede permitir que un trabajador del sistema termine desaparecido en un paseo familiar como si fuera daño colateral aceptable de una guerra que el Gobierno jura estar ganando. Mientras tanto, el mensaje real es otro: los grupos criminales pueden desaparecer a quien quieran, cuando quieran y donde quieran, incluso en plena vitrina turística y bajo el supuesto paraguas de un gran operativo federal.

La estrategia que desaparece personas, no cárteles

Si la vara para medir éxito es el número de desaparecidos que deja cada “plan de seguridad”, el experimento en Sinaloa ya está reprobado: mineros en Concordia, turistas en Mazatlán, familias partidas a la mitad, y un gobierno que sigue hablando de decomisos como si fueran trofeos en una guerra que, en el territorio, ya perdió. 

La narrativa oficial presume que se “eleva el tono” contra los cárteles, pero en los hechos quien eleva el tono es la gente que busca a sus desaparecidos mientras las instituciones repiten boletines y posan para la foto entre militares y patrullas nuevas.

Al final, esta desaparición no es un accidente aislado en la “perla del Pacífico”, sino un manual en tiempo real de cómo funciona el país: turismo arriba, levantones abajo, desplegados militares a un lado, familias quebradas al otro, y una estrategia que se especializa en producir conferencias de prensa, no justicia.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/EL PAIS/BEATRIZ GUILLEN/

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