““Nunca me verán formando parte de una conjura o un complot para perseguir o amagar a servidor o exservidor público alguno”, afirmó Andrés García Repper Favila, al comparecer ante la Diputación Permanente del Congreso del Estado, como aspirante a encabezar la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción.
Desde el inicio de su exposición, dejó claro que, en caso de resultar electo para el cargo, su eventual actuación estaría regida exclusivamente por la ley, la Constitución y el respeto al debido proceso, y no por consignas políticas ni intereses coyunturales.
La realidad dice otra cosa
El eminente fiscal anticorrupción en Tamaulipas habla como si recién hubiera bajado de una nube de pureza institucional. Jura que su cruzada será contra el abuso del poder, la simulación y el tráfico de influencias. Pero basta rascarle tantito al barniz para descubrir que debajo no hay fiscal, sino operador: el viejo testaferro del gobernador Américo Villarreal que ahora pretende reencarnarse en adalid de la justicia.
Que su memoria es corta o su cinismo largo: lo que hoy García Repper vende como autonomía es el mismo expediente que lo exhibe participando en la guerra sucia auspiciada desde Palacio de Gobierno contra Carlos Peña Ortiz, “Makito”, el enemigo público número uno del americanismo.
Los registros documentan la operación quirúrgica para dinamitarle la candidatura a Makito cuando todavía incomodaba desde Reynosa, una maniobra que necesitaba un brazo jurídico dispuesto a hacerse el valiente a cambio de la venia del patrón.
Hoy, Repper aparece en El Diario MX negando persecuciones políticas y repitiendo la máxima de los conversos: “cuando declaro algo, es porque así va a ser”. Lo irónico es que ese aire mesiánico ya lo hemos escuchado antes, siempre en boca de los que confunden lealtad con impunidad. Lo de fiscal independiente suena bien en el discurso, pero en los hechos parece más un ascenso por servicios prestados: el premio al operador que supo camuflar la guerra política como acto de justicia política.
Qué explica ese: “Ni persecución politica,Ni fiscalía a modo»
Hay una explicación psicológica, aunque no es una “ley” infalible, sino varios mecanismos que se combinan: negación, autoengaño y proyección.
- En psicología clásica se habla de negación como mecanismo de defensa: la persona rechaza una realidad incómoda (“no hay persecución política”) para protegerse del costo emocional y moral de reconocer lo contrario.
- La negación suele ir acompañada de racionalización: se reescribe la historia con argumentos “legales” o “técnicos” que encubren decisiones motivadas por interés político, poder o miedo a perder privilegios.
Por qué mientras más se niega, más huele
- Diversos autores explican que la negación reiterada funciona como distorsión cognitiva: el sujeto necesita repetirse la versión “limpia” para sostener su autoimagen, pero esa insistencia genera sospecha en los demás.
- En comunicación política pasa algo parecido al “efecto de verdad”: repetir una frase busca instalarla como creíble, pero cuando choca con hechos conocidos, el público la lee como síntoma de culpa, no de inocencia.
En psicología a eso le llaman negación: el truco mental con el que alguien se convence de que no está haciendo exactamente aquello de lo que lo acusan. Mientras más jura que no hay persecución, más parece confesión disfrazada de rueda de prensa.
Así que sí, cuando este hombre “declara algo” es porque quizá “ va ser” lo contrario y porque la línea vendra escrita por el fichado por narcopolitico desde una de las esquinas del piso más alto del Palacio del 15. El resto es puro teatro, con toga y código penal como escenografía.
Con informacion: ROGELIO RODRIGUEZ/ELDIARIOMX/

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