Durante el mes de diciembre de 2025, la Secretaría de Seguridad Pública de Sinaloa (SSPS), a través del Grupo de Operaciones Especiales Sinaloa (GOES) de la Policía Estatal Preventiva, realizó más de 29 revisiones sorpresa en el Centro Penitenciario de Aguaruto, en Culiacán. Como resultado de estos operativos, se aseguraron 1,077 artefactos, de acuerdo con información recopilada a partir de comunicados oficiales de la propia SSPS.
Ninguna victoria
El gobierno celebra decomisos como si fueran medallas quirúrgicas, esos 1,077 objetos asegurados en el penal de Aguaruto parecen —según el parte médico oficial— signo de mejoría. Pero no: eso no es la cura, es apenas la fiebre que delata que la infección sigue viva, que el cuerpo del sistema penitenciario sigue supurando corrupción y negligencia.
El facultativo —léase, las autoridades— presume haber extraído unas cuantas astillas de un cuerpo gangrenado y se autoelogia por la pulcritud del procedimiento.
Festejan el pus en el bisturí, no el tejido sano. La estrategia de seguridad se comporta como ese doctor que confunde los analgésicos con terapia: atenúa el síntoma, pero nunca trata la causa. En cada conferencia de prensa, la burocracia aplaude sus recetas ineficaces, encantada con la ilusión de estar salvando al paciente, cuando en realidad lo está dejando morir a plazos.
El fracaso, entonces, se ha convertido en suero. Lo administran con solemnidad, lo dosifican con cinismo. Mientras tanto, la enfermedad —ese sistema penitenciario donde entran teléfonos, drogas y armas como si fueran vitaminas— sigue extendiéndose por el cuerpo de una justicia que hace mucho perdió el pulso.
Con informacion: REVISTA ESPEJO/

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