En Escuinapa, una mujer fue asesinada a unas cuadras de Seguridad Pública. Después llegaron los militares con equipo antidron y pidieron a los vecinos encerrarse porque habían detectado drones en la zona. La escena resume una tragedia que ningún parte operativo debería maquillar: cuando apareció el despliegue, la víctima ya estaba muerta. La capacidad de reaccionar no alcanzó para protegerla.
Según la información siempre oportuna de Noroeste, que ademas combate el maquillaje del gobierno, el asesinato ocurrió la noche de ayer sábado 17 de octubre, en la colonia Centro. La víctima, identificada extraoficialmente como Reina, de poco más de 30 años, habría sido atacada desde una motocicleta.

Los testimonios recogidos por el diario hablan de al menos diez detonaciones y de un agresor que descendió para seguir disparándole. No fue una muerte abstracta en una gráfica: fue una mujer asesinada en plena calle, cerca de las instalaciones de quienes debían garantizar seguridad.

El periódico la contabiliza como la mujer número 20 asesinada en Escuinapa desde junio y la tercera durante octubre. Entre las víctimas de estos meses menciona a estilistas, docentes y comerciantes. El recuento no demuestra que todas murieran por una misma causa ni identifica a los responsables de cada ataque; sí exhibe una sucesión de asesinatos que vuelve insostenible confundir presencia armada con protección efectiva.
El gráfico que le arruina el maquillaje al discurso
La gráfica original sin edicion,publicada por Noroeste sobre feminicidios y homicidios dolosos de mujeres en Sinaloa, elaborada con datos de la Fiscalía estatal y trabajo periodístico, abarca de enero de 2024 al 15 de octubre de 2026. Y su lectura exige una precisión: la cifra superior corresponde a la suma de ambas categorías; no debe sumarse otra vez a las dos series interiores, porque eso duplicaría los casos.

Desmenuzado, el registro deja este balance:
| Periodo | Mujeres víctimas de feminicidio u homicidio doloso |
|---|---|
| Enero-diciembre de 2024 | 54 |
| Enero-diciembre de 2025 | 102 |
| Enero-15 de octubre de 2026 | 125 |
| Total del periodo mostrado | 281 |
Los totales resultan de sumar los valores mensuales de la gráfica, no de un recuento independiente de expedientes. El dato central es suficientemente demoledor: con octubre todavía a la mitad, 2026 ya había superado las 102 víctimas registradas durante todo 2025.
Para comparar periodos equivalentes, sin hacer trampa con el calendario, de enero a septiembre se pasó de 62 víctimas en 2025 a 113 en 2026: un incremento de aproximadamente 82.3%. No es una fluctuación que pueda despacharse con una frase de optimismo institucional. Es un deterioro medible en los mismos nueve meses de cada año.
La escalada reciente también tiene nombres de mes:
- Julio de 2026: 15 víctimas.
- Agosto: 23.
- Septiembre: 26, el máximo mensual de toda la gráfica.
- Del 1 al 15 de octubre: 12.
Agosto y septiembre acumularon 49 mujeres asesinadas: casi tantas como las 54 registradas en todo 2024. Y las 12 de octubre no representan un mes completo. Compararlas sin advertir el corte con las 26 de septiembre sería vender como mejoría lo que, por ahora, es una diferencia de calendario.
El rosa no suaviza los asesinatos
La composición del gráfico también importa. En agosto de 2026 aparecen 20 feminicidios y tres homicidios dolosos de mujeres; en septiembre, 23 y tres, respectivamente. Para el corte de octubre, muestra 12 feminicidios y cero homicidios dolosos. Ese cero no significa que no hayan matado mujeres: significa que los 12 casos están contabilizados en la otra categoría. Cambiar de casilla no devuelve una sola vida.
El dato evita otra coartada: diluir a las mujeres dentro de una cifra general de violencia y luego tratarlas como un daño lateral sin rostro. La gráfica las cuenta por separado y muestra que su victimización crece. No permite establecer el móvil de cada crimen ni atribuirlos en bloque a una organización, pero tampoco permite borrarlas del balance de seguridad.
Mucho operativo; la protección sigue a deber
El análisis plantea una pregunta que atraviesa esta discusión: si los golpes contra los grupos criminales reducen sus capacidades, ¿por qué esa reducción no se traduce en una disminución sostenida de las muertes violentas ?
Precisamente por eso, la crítica más sólida no necesita inventar omnipotencias criminales ni atribuciones sin expediente. Basta confrontar el discurso de seguridad con su resultado indispensable: preservar vidas. En el registro de mujeres de Noroeste, ese resultado empeora, no mejora. Los operativos pueden existir; la protección no se acredita por el simple hecho de desplegarlos.
Escuinapa ofrece una imagen particularmente amarga: una mujer asesinada, policías acordonando y militares llegando con equipo antidron mientras los vecinos reciben la instrucción de meterse a sus casas. El Estado interviene, sí; pero en ese episodio interviene después del ataque. La población se resguarda y la víctima ya no tiene posibilidad de hacerlo.
La impunidad no se combate con escenografía
Estos materiales no incluyen cifras de esclarecimiento, vinculaciones a proceso o sentencias; por tanto, no permiten calcular una tasa de impunidad que otra información presume deprimente.
Y ahí está la exigencia que ningún uniforme debería cancelar: informar quién mató, quién ordenó, qué se investigó, a quién se procesó y qué se hizo para impedir el siguiente ataque.
Porque la seguridad no consiste en que los vecinos sepan encerrarse cuando llegan los militares. Consiste en que puedan estar en la calle sin terminar convertidos en la siguiente cifra.









