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viernes, 22 de enero de 2021

LOS "TACHONES NEGROS del CASO CIENFUEGOS": CUANDO el PODER del GOBIERNO y su JUSTICIA FARSANTE DECIDEN lo que "PUEDES VER y LEER"...porque estamos "muy chiquitos" para enterarnos.



El pasado sábado por la noche la Fiscalía General de la República hizo público el expediente que elaboró —con información del Departamento de Justicia de Estados Unidos— en contra del general Salvador Cienfuegos por supuestas relaciones con el narcotráfico, sin embargo, la mayor parte del expediente, dividido en dos tomos con más de mil páginas, está tachado con bloques negros. 

Son apenas legibles las declaraciones más personales en el extenso documento, las respuestas clave, por supuesto, aparecen tachadas como lo están cientos de páginas en negro. Sin embargo, la conclusión del expediente es que las pruebas acumuladas por el Departamento de Justicia son insuficientes para procesar a Cienfuegos. 

A nuestros ojos se trata de un documento tachado en grandes bloques negros que a veces ocultan por completo el cuerpo del texto en un enorme rectángulo negro, a veces en bloques negros angostos que detrás esconden párrafos, en otras páginas se alcanzan a ver los espacios entre los bloques que son frases, a veces se alcanzan a distinguir palabras sueltas, todas ellas fantasmales como cuando entre pixeles alcanzamos a distinguir una silueta apenas. 

En todo caso, el expediente es ilegible. Para muchos fue una mala broma, un meme, un mal poema, uno poco interesante, pero pareciera ser cualquier otra cosa antes que expediente clave en el caso Cienfuegos en una Administración que se jacta de su transparencia. Tenemos un veredicto y un largo documento tachado en bloques negros chicos, medianos y grandes: los espectros de una información crucial.

Hoy en día tenemos sobreinformación en las redes sociales, una sobreexposición de textos, y las palabras como nunca son funcionales, están al servicio de la verdad, y, sobre todas las cosas, deben ser portadoras de mensajes, especialmente cuando se trata de la política que nos atañe a todas y todos. Los mensajes claros son lo deseable en una democracia, este es el problema con el este documento opaco

Cosas muy interesantes se han escrito al respecto de las implicaciones políticas de las tachaduras del expediente, de todo lo que oculta el expediente y habla de la actual administración. Sin embargo, hay, me parece, un aspecto interesante cuando se presenta a la mirada pública un documento de suma importancia también en la relación entre México y Estados Unidos. Un compendio de hojas tachadas y lo que esto nos puede llevar a pensar sobre otros textos tachados, borrados, censurados y quemados.

Los expedientes oficiales son en sí un despliegue de poder: jerarquizan, ordenan, controlan. Las tachaduras son la reiteración de ese poder: alguien controla qué se dice, qué no se dice. Como lo ha sido históricamente la censura de los textos, de los libros y la quema. 

El destruir deliberadamente para ocultar, el ocultar para dejar claro dónde está el poder. Fernando R. de la Flor en su libro Biblioclasmo habla de la que quizás sea la primera vez que se destruyó voluntariamente un libro, una historia tan antigua como los mismos libros. En el año 213 a.C. el emperador T’sin Shihuangti mandó quemar escritos en madera que eran una crítica a su Gobierno. Mucho más adelante en el siglo XVI, Juan de Zumárraga, el primer arzobispo de México, mandó quemar todos las pinturas y libros que aludían a la idolatría azteca. 

En el Segundo Imperio francés, había censores que decidían qué versos o qué escenas en las novelas podían o no imprimirse y circular, de ahí los famosos casos legales en contra de Las flores del mal de Baudelaire y la novela Madame Bovary de Gustav Flaubert, quienes se enfrentaron en la corte contra el mismo joven abogado que analizó y criticó sus libros en la corte argumentando todo lo nocivos que eran los libros, el mal que hacían en contra la realidad y la sociedad de su época. El acabar con la crítica, callarla, no quedó enterrado los políticos de siglos anteriores; buscar quemar la diferencia, oprimir desde el racismo, tampoco. Como hoy podemos verlo con el expediente, se busca dejar claro quién tiene el poder y qué se decide ocultar desde allí.

También está la otra cara de la moneda, la intervención desde el arte, no desde el poder. Uno de los documentos más emblemáticos de las relaciones entre Estados Unidos y México es el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. En este sentido 1994 fue un año muy importante en las relaciones comerciales entre los dos lados de la frontera porque se hizo explícita, entre otras cosas, la política neoliberal que trajo como consecuencia las terribles políticas migratorias, los abusos atroces en la frontera en contra de los migrantes, entre tantas otras cosas. Veinte años después del TLCAN, el poeta y traductor Hugo García Manríquez intervino este documento oficial desvaneciendo la gran mayoría del documento en una tinta gris claro, casi espectral, dejando en negro las palabras que quería resaltar. En sentido contrario a las tachaduras del expediente Cienfuegos, pues aclarar la tipografía está en contrasentido de la bandera del neoliberalismo, pues hace complicada la lectura, es ilegible no porque la oculta, sino porque la dificulta. Que es lo contrario que busca un consumidor: lo difícil, lo lento y lo inútil del lenguaje. Desde el arte en el Anti-Humboldt, García Manríquez deja el fantasma del TLCAN y resalta en negro tensando así todo lo que el documento propone: “Maquiladora existente, y en la cual ninguna empresa (…) tiene un accionista mayoritario común con cualquier otra empresa (…) en la capacidad de producción de una empresa de la industria terminal que resulte de un desastre natural, incendio, explosión, u otros eventos imprevistos fuera del control de dicha empresa”. El poema mismo es la frontera entre la funcionalidad del lenguaje desde el poder y la crítica a ese poder, y cruza, desde el arte, a la crítica. Hacia un nuevo significado desde ese nuevo espacio en el que se convierte.

Cómo me gustaría seguir hablando de otros textos ilegibles, de otros textos tachados, de otros documentos quemados y de otros espectros de textos. Del gran artista del lenguaje Ulises Carrión en El nuevo arte de hacer libros, en donde escribe al respecto de ese momento en el que el lenguaje siendo lenguaje también puede convertirse en su propio fantasma, donde cuestiona el reverso del lenguaje desde el lenguaje mismo: “Desatiende las intenciones, la utilidad, y se vuelve sobre sí mismo, se investiga a sí mismo, en busca de formas, de series de formas, que den nacimiento a, se acoplen con, se desplieguen en, secuencias espacio-temporales”. Todos los otros lugares desde los cuales se puede hacer ilegible un texto sin tachaduras, borraduras, fuego o despliegues de poder. Pero, regresando al expediente Cienfuegos, tenemos un montón de tachaduras que se hicieron públicas a las que tal vez Carrión pudiera leer, no sabemos qué dicen, pero: “Eso ya las nombró Hamlet, gran lector de libros: palabras, palabras, palabras”. Eso es lo que parece estar en las más de mil páginas detrás del negro, de las tachaduras que nos hace también pensar en otras censuras, borraduras y llamas altas del fuego, pues si algo dicen las tachaduras, tal vez el resumen más corto sea esta pieza de Ulises Carrión: “Querido lector. No lea”.


Fuente.-Brenda Lozano/Diario Español/

LA "DEA lo SUPO ANTES": INTERCEPTO MENSAJES con IMAGENES del DIA que COMANDO ARMADO del CJNG "SECUESTRO a los CHAPITOS" en PUERTO VALLARTA...y luego los liberaron, como el Ejercito.


Horas después que el gobierno mexicano tuviera conocimiento del secuestro de los hijos de Joaquín Guzmán Loera"El Chapo", en Puerto Vallarta, Jalisco, la Administración para el Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) interceptó mensajes de BlackBerry a través de los cuales fueron enviados archivos con imágenes de los tres hijos de "El Chapo". Dos de ellos, muestran el rostro cabizbajo de Iván Archivaldo y de Jesús Alfredo.

Durante la madrugada del 15 de agosto de 2016, Iván Archivaldo, Cesar y Jesús Alfredo Guzmán, hijos del narcotraficante Guzmán Loera fueron secuestrados cuando se encontraban en el restaurante "La Leche" por un comando armado del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

De acuerdo con las investigaciones que realizó el gobierno de México sobre el plagio de los hijos de quien era el líder delCártel de Sinaloa, el operativo para privarlos de la libertad inició cerca de las 21:00 del 14 de agosto.

Según el expediente que integró la DEA contra Salvador Cienfuegos Zepeda, documento que hizo público la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), durante la madrugada del 15 y la mañana del 16 agosto de 2016, la DEA interceptó comunicaciones que efectuaron Daniel Isaac Silva Gárate, "El H9" y cuatro personas más, tres de ellas identificadas como "LRN", "Crixus" y "José".

Los dos primeros mensajes fueron enviados por el usuario "LRN" a las 04:16 del 15 de agosto. Ambos archivos son de un vehículo negro con rines deportivos. El tercer mensaje fue mandado la noche del 15 de agosto a las 20:48 por una persona de nombre "José" a un usuario, del cual no se incluye nombre. La comunicación incluye el archivo archivo "...PIN-2c2b3cc9_im201608160001444290/puerto%2520vayarta-1jpg", el cual muestra distintos vehículos en un estacionamiento.

Una tercera imagen fue enviada a las 21:25 del 15 de agosto. La comunicación es entre dos personas no identificadas. La foto que fue enviada a través del archivo "Pin-2c2b3cc9_im_201660815214000066/IMG_00000002-2.jpg" muestra el rostro sometido de Iván Archivaldo Guzmán Salazar.

A las 01:50:05 del 16 de agosto, una persona de la cual no se incluye nombre, sólo el PIN (2c2b3cc9) del celular, manda otra foto al usuario "Crixus". El archivo muestra el rostro de una persona. La mala calidad de la imagen no permite distinguir el rostro en su totalidad, sin embargo, incluye un pie de foto: "posiblemente Alfredo o Kevin".

Veintitrés segundos después (01:50:28) "Crixus" recibe otro archivo, en el cual se distingue el rostro Alfredo Guzmán Loera, uno de los tres hermanos secuestrados la noche del 15 de agosto de 2016. La imagen exhibe el rostro completo de Alfredo y también lo muestra sometido.

Una cuarta imagen (armas de fuego) fue enviada por "El H-9" a un usuario no identificado. La quinta también fue enviada por "El H-9". En ella se muestra a una persona con sombrero. Esa foto incluye la leyenda: "cuando sientes que el cártel de Sinaloa está a punto de acabarte".

La última imagen fue enviada por un usuario desconocido al "H-9", a las 06:26 del 16 de agosto de 2016. De acuerdo con fuentes Ministeriales, esa imagen corresponde a Cesar Guzmán, el tercer hijo de "El Chapo", quien también fue secuestrado la madrugada del 15 de agosto.

De acuerdo con las investigaciones que realizó la extinta Procuraduría General de la República (PGR), hoy, FGR, el 14 de agosto de 2016, cerca de las 21:00 horas, un grupo de cerca de 20 personas armadas ingresó al restaurante bar "La Leche", en Puerto Vallarta, Jalisco; donde Iván Archivaldo celebraba su cumpleaños acompañado de su hermano, Jesús Alfredo Guzmán Salazar y César.

Horas después, durante la madrugada del 15 de agosto, siete sicarios entraron al establecimiento y separaron a las mujeres del grupo y sometieron a los hombres, entre estos se encontraban los hijos de "El Chapo".

Los hijos del narcotraficante Guzmán Loera y otras personas fueron secuestradas y llevadas a un lugar desconocido, sin embargo, cinco días después, fueron liberados luego de que se llevó a cabo una negociación entre líderes de los cárteles de Sinaloa y Jalisco.

fuente.-


"TAMAULIPAS NO AMANECE,ZETAS se AMANECEN": DECENA de SICARIOS "BIEN ARTILLADOS" PASEAN IMPUNIDAD por CALLES de NUEVO LAREDO...algun topon los merma de vez en cuando,pero no se acaban.


Narcotraficantes que forman de la Tropa del Infierno del Cártel del Noreste (CDN), fueron captados vestidos de manera similar a elementos de la Marina de Armada de México por calles del municipio de Nuevo Laredo, en el estado de Tamaulipas, en la frontera norte .

"CHONCHO" DE DOLARES:


Al menos 10 sicarios viajaban a bordo de una Ford F150 blanca con blindaje artesanal y además llevaban una banca tipo comando con 2 torretas calibre .50, una de ellas arriba a la altura del techo del vehículo y la otra en la tapa de la batea ambas con un escudo también artesanal.


En las escenas se les ve circulando con total impunidad, sin miedo a ser detenidos y a plena luz del día en medio de las transitadas avenidas de Nuevo Laredo.

A los sicarios del Cártel del Noreste les gusta exhibirse en las calles, pues como te hemos informado en ocasiones anteriores, en videos que circulan en redes sociales se han mostrado a bordo de camionetas y vestidos con uniformes falsos de personal de la Marina mexicana.

Como principal modus operandi tienen vestirse de militares y hacer retenes en carreteras así como vialidades sumamente concurridas.

Liderado por Juan Gerardo Treviño Chávez, alias el Huevo Treviño, el Cártel del Noreste es una de las organizaciones delictivas más violentas del Norte de México.

fuente.-


"OPERACION PALOS de CIEGO y ATOLE con el DEDO": FISCALIA JALISCO "ENGAÑABOBOS" INFORMA DETENCION de 14 EMPLEADOS del RESTAURANTE donde EJECUTARON a EX-GOBERNADOR....ningun autor material o intelectual.



A catorce personas detenidas ascendió el número de presuntos involucrados en el crimen del ex gobernador jalisciense Aristóteles Sandoval, el pasado 18 de diciembre en Puerto Vallarta, luego que la Fiscalía informó que logró el auto de vinculación a proceso de nueve hombres que trabajaban en el bar Distrito 5 donde ocurrieron los hechos.

Los vinculados son señalados por el delito de encubrimiento y fueron identificados como Loot “N”, Christian Jovanny “N”, Abner Abraham “N”, Alonso “N”, Oscar “N”, José Everardo “N” y Alexis Omar “N”, contra quienes la Fiscalía cumplimentó órdenes de aprehensión.

Un octavo vinculado, Edgar “N”, se presentó por voluntad propia al órgano jurisdiccional, en tanto que Juan Orlando “N”, detenido el 15 de enero, permanecerá cinco meses en prisión preventiva justificada al ser vinculado a proceso por el delito de encubrimiento.

En todos los casos todos permanecerán en prisión preventiva justificada por cinco meses, incluyendo un hombre detenido por cohecho y quien es el único que no ha sido acusado de alterar la escena del crimen.

De las 14 personas detenidas, la Fiscalía dijo que una decidió someterse a un procedimiento abreviado en el cual recibió sentencia condenatoria por el delito de encubrimiento.

“Es importante señalar que como resultado de las indagatorias que la Fiscalía del Estado ha realizado hasta el momento, se han logrado recuperar indicios valiosos como la alfombra del lugar así como la camioneta donde fue transportada, además de material video gráfico que ha dejado en clara la probable participación de una mujer y un hombre que continúan siendo buscados por esta autoridad”, detalló la dependencia estatal.

En el caso del hombre y mujer videograbados, cuyas imágenes fueron hechas públicas la semana pasada junto al ofrecimiento de una recompensa por un millón de pesos a quien otorgue información que permita detenerlos, aunque la Fiscalía ha evitado hacerlo oficial existe la certeza -por las mismas imágenes- que ambos son los autores materiales y que fue la mujer quien disparó a Sandoval.

La Fiscalía dijo que las acciones se han realizado bajo los protocolos policiales establecidos y en estricto apego a derecho, aunque a más de un mes de los hechos aún no han sido detenidos ni los autores materiales ni intelectuales del crimen del priista.

Fuente.-

PIDEN INDAGAR al EJERCITO OTRO "CARTEL de IMPUNES" por DESAPARICIONES y EJECUCIONES en CASO IGUALA...sin "generalizar",aun quedan pocos que podrian cerrar la reja por fuera.



Diputados federales demandaron que desde el Gobierno haya investigaciones profesionales y serias sobre la participación de militares y mandos policiacos en el crimen organizado, a fin de evitar impunidad y aclarar casos como la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

Grupo REFORMA publicó este jueves que un testigo protegido en la investigación sobre los hechos de Iguala de 2014 relató que militares y mandos policiacos participaron en la desaparición, y que la organización criminal Guerreros Unidos les entregaba sobornos por permitir el trasiego de droga.

Entre los servidores públicos se mencionó al hoy Secretario de Seguridad en la Ciudad de México, Omar García Harfuch.

LA PUDRICION PROTEGIDA POR GOBIERNO DE MORENA:


El coordinador de Movimiento Ciudadano (MC), Tonatiuh Bravo, el diputado perredista Antonio Ortega y la diputada sin partido Lucía Riojas demandaron que se investigue a los militares y policías que han sido señalados y no haya protección para nadie.

Se debe esclarecer el caso y llegar hasta sus últimas consecuencias, demandó Bravo.


"Las Fuerzas Armadas deben abrir el correspondiente proceso de investigación interna, ya que tienen los instrumentos para hacerlo, con la finalidad de que ellos mismos contribuyan a deslindar responsabilidades internas", manifestó el legislador de Jalisco.

CON CIENFUEGOS AL FRENTE:


"No hay nada que haga más daño que las mismas Fuerzas Armadas no tuvieran la capacidad de actuar sobre eventuales yerros, o eventuales delitos cometidos al amparo de su función. Debe haber la vitalidad y fortaleza suficiente en las Fuerzas Armadas para investigar y sancionar eventuales actos ilegales o delictivos de sus miembros".

Bravo expuso que los señalamientos sobre militares involucrados demuestran la necesidad de establecer pesos y contrapesos, que permitan que toda institución en el País pueda ser sometida a una investigación si ocurren hechos que lo ameriten.

GOBIERNOS SUMISOS LOS HAN TOLERADO:


"Esto es necesario que también ocurra en el ámbito de las Fuerzas Armadas, en virtud de que los naturales controles y equilibrios dentro de ella no son tan sencillos de poderse generar", opinó.

El diputado agregó que las Fuerzas Armadas deben ser transparentes a toda investigación sobre posibles excesos, lo que sería más una fortaleza que una debilidad.

EL MAL EJEMPLO:


Por su parte, el perredista Antonio Ortega demandó que desde el Gobierno federal haya investigaciones serias y profundas sobre la participación de militares o policías en actividades del crimen organizado, para que no haya duda sobre su eventual inocencia y evitar impunidad si resultan culpables.

Sobre la complicidad de militares en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el perredista llamó a que la Fiscalía General de la República realice una investigación seria, no basada solo en la declaración de un testigo protegido, sino que haya pruebas y verificación de circunstancias para verificar la versión emitida.

"No hay que extrañarse ni dar por exagerada o por falsa la acusación de una supuesta complicidad entre bandos de policías y militares con elementos de la delincuencia organizada, sino que hay que realizar una investigación profunda, verificar evidencias sobre si es verdad que hay infiltrados, si hay sobornos, si hay complicidades, y no descartar nada para poder llegar a una verdad que sea creíble", manifestó.

Para el legislador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) consideró que se debe evitar que inocentes queden "manchados" por la sospecha y que culpables sean exonerados, debido posiciones políticas del Ejecutivo federal.

La alianza que tiene el Presidente Andrés Manuel López Obrador con el Ejército y la Marina, dijo, no debe impedir que se sometan a la justicia los militares que hayan violado la ley.

Ejemplo de ello, agregó, es lo que recientemente sucedió con el General Salvador Cienfuegos, que fue detenido en Estados Unidos acusado de narcotráfico y lavado de dinero, y que al ser devuelto a México, se desecharon tales acusaciones.

"Puede que sí sea inocente, pero ya quedó manchado por la forma en que se hizo la investigación de la Fiscalía, por los exabruptos del Fiscal Alejandro Gertz contra la DEA", expresó.

La diputada Riojas manifestó que no sorprende la participación de militares en hechos delictivos y violatorios de derechos humanos, porque ya lo han hecho antes.

"Parece que se confirma la hipótesis de que el Ejército tuvo parte importante que ver en lo ocurrido el 26 de septiembre de 2014 en Iguala. Familiares y el GIEI habían apuntado hacia allá", sostuvo.

"Lo mínimo que podemos esperar es que éste sea el punto de inflexión para tomar en serio la investigación al Ejército y asumir, desde un gobierno que dijo buscar la paz, la memoria y la justicia, los costos de los resultados".

Sin embargo, dijo, lo que sucede es lo contrario, pues el Gobierno se ve sometido a las fuerzas castrenses.

"No alcanzamos a ver voluntad política genuina para encontrar justicia".

Sobre la declaración del Secretario de la Defensa, Luis Sandoval, de que deberán responder quienes cometieron "errores", la legisladora corrigió al funcionario.

No se llaman "errores", aclaró, sino ejecuciones extrajudiciales y junto con otros crímenes deben de ser investigados a fondo para que rindan cuentas.

La difusión de las investigaciones, opinó Riojas, no son un sustituto de justicia ni de la verdad.

"Por el contrario, vulneran los derechos de las víctimas y el debido proceso. Debemos apelar a que el proceso de investigación sea serio, certero y no revictimizante", aseveró.

Fuente.-

jueves, 21 de enero de 2021

EL NUEVO PRESIDENTE de EE.UU JOE BIDEN y el PROBLEMA de CIBERSEGURIDAD de su "BICICLETA PELOTON"...pero,unos cuantos ajustes y ya quedo.



El presidente Joe Biden se mudará a la Casa Blanca y enfrentará muchos problemas de peso: una pandemia mundial. Una recesión aplastante. Injusticia racial. Extremismo de derecha.

Pero el control de peso personal del mandatario, y su rutina de ejercicios, se enfrentará a otro tipo de pregunta candente: ¿puede llevar su bicicleta Peloton a la residencia presidencial?

La respuesta, según los expertos en ciberseguridad, es sí. Más o menos. Pero nos referiremos a eso después.

Una Peloton, para quienes no lo saben, es tanto una bicicleta estacionaria de interior como un dispositivo de redes sociales. Son unas bicicletas caras —más de 2500 dólares cada una— y tienen tabletas que permiten a los ciclistas emitir en directo o tomar clases y comunicarse entre ellos. Cada ciclista tiene un “nombre en la tabla de clasificación”, un identificador único colocado en la pantalla junto a “output” (potencia), una medida para determinar cuán exigente es la rutina del ciclista.

Cuando Biden se enclaustró durante la oleada de coronavirus esta primavera, The New York Times informó que comenzó cada día “con un entrenamiento en un gimnasio en la parte de arriba de su residencia que contiene una bicicleta Peloton, pesas y una cinta de correr”. El equipo de Biden no respondió a las peticiones de comentarios, pero una persona cercana al mandatario dijo que Biden y su esposa, Jill Biden, participan regularmente durante las mañanas en negociaciones sobre quién va a montar primero.

Pero las tabletas Peloton tienen cámaras y micrófonos incorporados que permiten a los usuarios verse y escucharse mutuamente si así lo desean, y para Biden, ahí está el problema. Lo último que quiere la CIA es que los rusos y los chinos miren o escuchen lo que sucede en el gimnasio de la Casa Blanca. La semana pasada, Popular Mechanics advirtió sobre el riesgo de seguridad que conlleva la bicicleta con una nota titulada “Por qué Joe Biden no puede llevar su Peloton a la Casa Blanca”.

El artículo provocó una explosión de comentarios entre los usuarios de Peloton pero, en realidad, los expertos en seguridad cibernética dicen que si Biden quiere su bicicleta, seguramente puede tenerla, aunque se parecerá muy poco a la versión salida de la fábrica después de que el Servicio Secreto y la Agencia de Seguridad Nacional hayan terminado con ella. (Hay reportes de que Michelle Obama tiene una Peloton modificada, pero su portavoz no las confirmó).

Biden no sería el primer ocupante de la Casa Blanca cuyo deseo por la electrónica choque con las necesidades de ciberseguridad de ser presidente. El presidente Donald Trump burló los protocolos de seguridad de la Casa Blanca al llamar a sus viejos amigos desde su iPhone. El presidente Barack Obama insistió en llevar su BlackBerry (¿los recuerdan?) a la Casa Blanca, y más tarde quiso usar un iPad, lo que causó un escándalo en ese momento. Los expertos en seguridad encontraron una manera de que pudiera usarlo.

“La seguridad presidencial siempre se trata de equilibrar las necesidades y deseos presidenciales y el riesgo relativo de seguridad de cualquier cosa”, dijo Garrett Graff, el director de la iniciativa de seguridad cibernética en el Instituto Aspen, una organización de investigación. “La amenaza es real, pero es presumiblemente un riesgo manejable si se piensa y se prepara lo suficiente”.

Cuando Obama insistió en su iPad, marcó una tendencia.

“De repente entraba en las reuniones de la Sala Roosevelt y la gente tomaba notas en sus iPad”, dijo Jamie Smith, que fue la secretaria de prensa adjunto de Obama desde 2011 a 2014 y anteriormente dirigía las comunicaciones de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional. “Lentamente, pero con seguridad, lograron la autorización”.

Antes de la pandemia, Peloton ya era popular entre algunas personas ricas que hacían ejercicio en casa, pero con la cuarentena se ha convertido en una especie de fenómeno entre la gente de cierto nivel socioeconómico. Hay tableros de mensajes de Pelotón (“Joe Biden tiene una Peloton”, informó Peloton Forum esta semana), y los instructores famosos de la compañía tienen muchos seguidores en Facebook e Instagram.

Pero Peloton no coincide exactamente con el personaje del “tipo normal de Scranton” que proyecta Biden. Se burlaron ampliamente de la compañía antes de la pandemia por un anuncio en el que una joven mujer ya en forma entraba en pánico por no cumplir con las expectativas corporales de su marido después de que le regaló una Peloton para Navidad. Sus anuncios con bicicletas estacionarias en escenarios lujosos son el blanco de bromas con conciencia de clase en las redes sociales.

La empresa, que no respondió a una solicitud de comentarios, también ha sido acusada de centrarse demasiado en las personas blancas. En un artículo de opinión para NBC News en mayo, el escritor David Kaufman, que es negro, dijo que Peloton necesita “un replanteamiento racial”, y añadió: “mis horas más segregadas se sienten como las horas que paso cada semana en mi Peloton”.

Los amantes de la Peloton no se han dejado intimidar y están convencidos de que Biden no se separará de la bicicleta.

“Nadie que esté comprometido con Peloton se mudaría y no se llevaría su Peloton”, dijo Larry Appel, un ejecutivo jubilado de Greensboro, Carolina del Norte.

Para que la bicicleta sea amigable con la Casa Blanca, habría que quitar la cámara y el micrófono de la tableta, dijo Richard H. Ledgett Jr., exsubdirector de la Agencia de Seguridad Nacional. Además, le aconsejaría a Biden que eligiera un nombre de usuario anónimo y lo cambiara cada mes, y que mantuviera la bicicleta lejos de cualquier lugar donde pudiera haber conversaciones sensibles.

“Si es el tipo de persona que pedalea y habla con la gente, eso podría ser problemático”, dijo Ledgett, que confiesa ser “usuario de Peloton”.

Ser presidente es estresante, y la mayoría en los últimos años han tenido rutinas de ejercicio. Bill Clinton salía a trotar. George W. Bush corrió hasta que sus rodillas comenzaron a molestarle, y luego se dedicó a otras formas de ejercicio, incluyendo el ciclismo de montaña en su rancho en Crawford, Texas. Obama jugaba al baloncesto. Trump practica golf.

Para Biden, quien a los 78 años es la persona de mayor edad en ser juramentado como presidente, montar una Peloton tiene sentido político, incluso si choca con la clase trabajadora. Trump pasó gran parte de la campaña del año pasado tratando de persuadir a los estadounidenses de que Biden es débil, un argumento con el que Biden acabó cuando un video de Fox News en el que aparecía montando su bicicleta por las calles de Delaware se volvió viral.

“No pensaba realmente en él como un joven enérgico, pero el hecho de que monte su Peloton para hacer ejercicio significa que tiene más energía de la que creía”, dijo Jennifer Loukissas, una empleada federal que usa una Peloton en su casa en Kensington, Maryland.

Loukissas dijo que había pasado algún tiempo tratando de discernir el nombre en la tabla de clasificación en la Peloton de Biden. “Busqué todos los Joe Scranton que se me ocurrieron”, dijo, en referencia al lugar de nacimiento de Biden. “Ninguno de ellos parecía coincidir”.

Otros, como Steven Braverman, que dirige el sistema de atención médica del Departamento de Asuntos de los Veteranos en el área metropolitana de Los Ángeles, albergan lo que saben que serán fantasías no cumplidas sobre subir a la bicicleta un día y tropezar con el líder del mundo libre.

“Sería genial”, dijo, “chocar los cinco con el presidente en la tabla de clasificación”.

Fuente.-Sheryl Gay Stolberg es corresponsal en Washington y cubre política de salud.

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LOS "MILITARES que NUNCA se FUERON y el RETROCESO que TRAERA GRAVES CONSECUENCIAS"...sobre aviso "no hay engaño, pero si quienes engañan".



Hace veintidós años, a propósito del surgimiento de un estrambótico Comando Patriótico de Concientización del Pueblo, encabezado por el teniente coronel médico militar Hildegardo Bacilio, delirante personaje de efímera notoriedad, escribí para nexos un artículo que titulé “El Ejército desconocido”.1 

En 1999 hacía muchos años que no se divulgaba una proclama política de un alto oficial del Ejército, de ahí que, en pleno proceso de transición democrática, resultara ominosa la aparición de un movimiento con pretensiones salvadoras desde dentro de las Fuerzas Armadas. Por fortuna, aquello no fue más que una llamarada de petate, pero ya entonces mi preocupación recurrente era lo poco que sabíamos sobre el Ejército y las concreciones de su institucionalización, que simplemente se daba por hecha.

Me preocupaba entonces que el manto de misterio que acabó por cubrir al estamento militar impedía conocer el estado interior de las Fuerzas Armadas y su grado de compromiso con el orden democrático. Más allá del mito de su subordinación plena al poder civil durante la época clásica del régimen del PRI, era necesario revisar el papel que deberían jugar en un nuevo orden democrático.

Más de dos décadas después, el tema del papel de las Fuerzas Armadas en la construcción de la institucionalidad democrática sigue siendo objeto de polémica, sobre todo cuando durante buena parte del accidentado proceso de instauración de una poliarquía funcional en México, el Ejército y la Marina han recuperado protagonismo, en la medida en la que han recobrado el papel de policía encargada del control estatal del territorio, función que nunca perdieron del todo durante las décadas en las que supuestamente habían dejado paso al control civil y que fue uno de los pilares del arbitrarismo del régimen supuestamente periclitado, pero que pervive en buena parte del mal funcionamiento de la maquinaria estatal actual.

La narrativa más difundida sobre el papel que jugó el Ejército a partir de la consolidación del poder civil, con el pacto de 1946 del que surgió el PRI, es que los militares quedaron al margen de la política y que el Ejército adoptó el papel de un cuerpo del Estado. Con aquel pacto, el último de los sucesivos que comenzaron con el de 1929, habría concluido un largo proceso de cesión del poder, al grado que en las discusiones sobre las reformas necesarias para el tránsito a la democracia se daba por hecho que se había completado ese requisito previo para dar paso a un orden social de acceso abierto.

Dados los acontecimientos posteriores, y a la luz de nueva evidencia histórica, es necesario recapitular sobre el papel que han jugado las Fuerzas Armadas en el proceso de construcción estatal en México y el lugar que hoy ocupan. ¿En verdad los militares se alejaron completamente del poder político? ¿Cuáles fueron las condiciones que garantizaron su alejamiento de la disputa por la Presidencia de la República? ¿En qué medida el proceso de militarización que se ha desplegado a partir del gobierno de Calderón no es otra cosa que la recuperación del papel tradicional que jugó la milicia durante los años del régimen del PRI y que no fue reformado en el proceso de construcción de un orden democrático?

Un libro que ya tiene unos años —fue publicado en 2013 pero no ha tenido suficiente difusión en México y, por supuesto, no ha sido traducido— Myths of Demilitarization in Postrevolutionary Mexico, 1920–1960, de Thomas Rath, aporta evidencia sustancial para matizar la idea de que las Fuerzas Armadas se convirtieron desde la llegada a la presidencia de Miguel Alemán en un actor secundario y claramente subordinado al poder civil.2 En la mitología oficial, la fuerza del régimen se basaba en la hegemonía construida en torno al proyecto modernizador del nacionalismo revolucionario, por lo que el dominio del PRI fue esencialmente consensual y se basó en el fuerte control corporativo y clientelista, sin recurrir constantemente a la violencia. El trabajo de Rath cuestiona esa versión y muestra evidencias de la importancia de la actuación militar para el mantenimiento del orden autoritario, sobre todo en el ámbito rural, pero también como policía política e instrumento represor de los movimientos sociales urbanos aun antes de la represión al movimiento ferrocarrilero y a las movilizaciones estudiantiles de los años sesenta.

Desde luego, buena parte de la historia que cuenta Rath es bien conocida: durante el siglo XIX, el país estuvo a merced de todo tipo de caudillos armados. Por un lado, estaba el Ejército construido a partir de las reformas borbónicas y que había crecido al calor de la lucha contra la insurgencia a partir de 1810, pero que en 1821 había decidido la independencia, a la cabeza de una coalición opuesta a la Constitución liberal de Cádiz; se trataba de un cuerpo sin disciplinas férreas y sin una organización jerárquica sólida, pero unida en la defensa de sus fueros y privilegios. Por el otro lado, la Guardia Nacional, de raigambre popular y en buena medida desarrollada como mecanismo de resistencia local frente al Ejército formal.

Los alineamientos ideológicos de los señores de la guerra fueron variantes, aunque en términos generales era más frecuente encontrar a los oficiales del Ejército regular del lado del centralismo y del conservadurismo, mientras que los destacamentos de la Guardia Nacional solían defender el orden local y el federalismo.

El monopolio de la violencia tardó medio siglo en construirse y el poder del Estado no se consolidó hasta que un hombre fuerte, Porfirio Díaz, con lealtades sólidas entre los señores de la guerra que controlaban territorios después de la lucha contra la intervención francesa y el imperio de Maximiliano de Habsburgo, construyó una coalición nacional lo suficientemente sólida para reducir la violencia a niveles razonables. No fue hasta entonces en que el control territorial alcanzó un grado importante de centralización y modernización, gracias al trabajo de mapeo del territorio, de construcción de infraestructura y de censos poblacionales y económicos, junto con un intento por centralizar y profesionalizar a las Fuerzas Armadas, lo que implicó la eliminación de la Guardia Nacional, en la que el propio Díaz había hecho su carrera y de la que provenía el núcleo principal de oficiales del Ejército republicano.

Díaz también intentó reducir el papel del Ejército en el control territorial con el impulso a un cuerpo de policía para el cual se reclutó incluso a jefes de gavillas y bandoleros, el temible Cuerpo de Rurales, establecido por Benito Juárez en 1861 y que operó como fuerza contra el bandolerismo que pululaba por el país. La mala fama de los rurales, por su arbitrariedad y crueldad y el papel que jugó uno de sus jefes en el asesinato de Francisco I. Madero, llevó a su disolución en 1914, junto con el Ejército federal derrotado, aunque a partir de la década de 1920, como ha recordado Mariano Sánchez Talanquer en un artículo publicado hace poco en nexos, en diversos estados del país surgieron de nuevo defensas rurales usadas tanto para combatir al bandidaje como para defender la reforma agraria cardenista o, contradictoriamente, para reprimir las protestas campesinas.

A partir del estallido de la rebelión de Madero en 1910 y al menos hasta el triunfo del Ejército Constitucionalista, en 1916, de nuevo la vida del país estuvo marcada por el conflicto armado generalizado. Fue de la facción triunfadora, el Constitucionalismo, que desde sus orígenes se había propuesto organizar sus fuerzas con jerarquías y estructuras militares formales, de donde nacería la parte fundamental del actual Ejército mexicano. A pesar de que los caudillos constitucionalistas gustaban identificarse como ciudadanos armados, y no como militares, y de que una y otra vez clamaban contra el militarismo, los años del siglo pasado previos al gran pacto de 1929 también estuvieron marcados por el protagonismo de los señores de la guerra surgidos de manera improvisada de la Revolución y que se distinguían por su carácter levantisco y por su mal conformar.

Entre 1920, con la rebelión de Agua Prieta contra Venustiano Carranza, a la que Luis Cabrera llamó “huelga general de generales”, y 1929, cuando en el mismo momento en el que nacía el Partido Nacional Revolucionario se rebelaron varios generales encabezados por José Gonzalo Escobar, lo crucial de la política se resolvió a balazos entre los caudillos militares. Además, el Ejército siguió siendo usado, durante esa década y las dos siguientes, para controlar las sublevaciones locales, sobre todo la cristera. El Ejército de la época formativa del régimen fue un instrumento de represión de la disidencia, lo mismo que el escenario fundamental de la competencia política, resuelta siempre con los contrincantes muertos. Hasta ahí la historia es muy conocida.

El pacto de 1929, propiciado por el asesinato del general Álvaro Obregón, recién reelecto casi por unanimidad una vez asesinados sus posibles competidores por la presidencia, tuvo como principal objetivo reducir la violencia en la lucha por el poder entre la coalición que controlaba al país. En la construcción del acuerdo, del que surgió el Partido Nacional Revolucionario, jugaron un papel central los políticos civiles empeñados en la desmilitarización del país, pero participaron también muchos de los generales que habían estado del lado ganador en las sucesivas confrontaciones armadas. El pacto político se dio de manera paralela al proceso de reforma del Ejército impulsado por Plutarco Elías Calles y operado por el general Joaquín Amaro.

La reforma de Amaro significó un gran avance en la profesionalización del Ejército, pero no acabó con el protagonismo político de los generales ni estableció definitivamente una concepción de las Fuerzas Armadas como un órgano neutral del Estado. La ruptura entre Calles y Cárdenas, en junio de 1935, que implicó una purga de callistas entre la oficialidad, fue seguida por el intento cardenista por cambiar la concepción del Ejército como cuerpo políticamente neutro por una centrada en la idea de que los soldados formaban parte del proletariado y el Ejército surgido de la Revolución debía forjar una conciencia de clase que lo alineara con los obreros y los campesinos en la lucha de clases contra la explotación capitalista.

Sin embargo, la mayoría de los oficiales del Ejército, incluso los que habían ascendido a partir de la ruptura con el callismo, no compartían esta visión clasista del papel de las Fuerzas Armadas ni estaban dispuestos a renunciar a sus negocios. Rath documenta bien el espíritu empresarial de la mayoría de los jefes militares surgidos de la Revolución, propensos a usar a los soldados a su servicio para sus proyectos de construcción, a acaparar tierras compradas a precio de saldo a los antiguos terratenientes porfirianos arruinados y a usar su poder para extorsionar y negociar con la desobediencia de las leyes.

Aquellos militares con habilidades para hacer negocios no vieron con buenos ojos la idea del Ejército garante de la democracia de trabajadores a la que aspiraba el nuevo partido del régimen, surgido del nuevo pacto impulsado por Cárdenas entre una parte de la coalición original —la que quedó de su lado después de la ruptura con Calles— y las organizaciones obreras y campesinas. El diseño original del Partido de la Revolución Mexicana, con sus cuatro sectores: el obrero, el campesino, el popular y el militar, reflejaba la idea cardenista, influida por el marxismo de Vicente Lombardo Toledano, de un Ejército no neutro, sino comprometido con el proyecto político según el cual el Estado debería jugar del lado de los trabajadores para equilibrar la balanza en la lucha de clases.

Rath narra con detalle el cambio en la formación ideológica de la educación militar durante el gobierno de Cárdenas y cómo se les pretendió inculcar conciencia de clase a los soldados y a los cadetes del Colegio Militar, pero documenta también el descontento de buena parte de los generales con el papel que se les pretendía endosar. El relato de Rath deja claro que fue la construcción de una fuerte coalición de generales a su alrededor lo que inclinó la sucesión en favor de Manuel Ávila Camacho, aunque apenas si considera a Francisco J. Múgica contendiente, tal vez porque su estudio refleja sobre todo lo que ocurría en el Ejército, donde el general valido de Cárdenas —apoyado por el ala radical del cardenismo, sobre todo por el ámbito del Partido Comunista, pero que no contaba con el apoyo de la poderosa CTM de Lombardo— gozaba de animadversión generalizada.

En la sucesión de Cárdenas fue evidente el peso que todavía tenía el Ejército, tanto en el lado oficialista como en el opositor, encabezado por uno de los generales más poderosos, prototipo del general–empresario, Juan Andreu Almazán, quien logró un tirón electoral tan importante que puso en jaque al candidato oficial, aunque finalmente se impuso la maquinaria fabricante de votos y la movilización del voto campesino de los beneficiarios del reparto agrario o de los aspirantes a llegar a serlo. Almazán logró construir una coalición amplia en torno a su candidatura, en la que se sumaron generales, el Grupo Monterrey y los círculos políticos de la Iglesia católica.

La parte más interesante de la narración de Rath es la del gobierno de Ávila Camacho. Es ahí donde se van delineando los rasgos del pacto al que finalmente se llegó con los generales para que se alejaran de la competencia por la Presidencia de la República. Desde el principio de su gobierno, Ávila Camacho se inclinó por los partidarios de desideologizar el papel político del Ejército. Cambió la retórica oficial y el llamado a la unidad nacional sirvió para construir una nueva imagen del Ejército como garante de ese propósito, una fuerza patriótica al servicio de toda la sociedad.

La Segunda Guerra Mundial fue el momento de construcción de nuevos equilibrios de poder entre el Ejército y en su relación con el gobierno. Ávila Camacho usó la amenaza de guerra para unificar facciones y para reincorporar a generales díscolos o marginados por su antigua cercanía con Calles, como el influyente Joaquín Amaro, que había sido el impulsor de la profesionalización basada en la neutralidad y también próspero en los negocios, y Abelardo Rodríguez, el expresidente del grupo sonorense, una de las estrellas de los negocios legales e ilegales hechos al amparo de las armas. Aunque Cárdenas atemperó el reparto territorial de Ávila Camacho durante su estancia en la Secretaría de la Defensa Nacional —que duró lo que duró el estado de guerra con las potencias del Eje, ni un día más—, fue tolerante con el uso del poder militar para enriquecerse.

En el nuevo reparto del poder que se gestó durante el gobierno de Ávila Camacho se respetó el papel de los altos mandos militares como reguladores arbitrarios de los mercados clandestinos. El caso del asesinato del gobernador de Sinaloa Rodolfo T. Loaiza durante el Carnaval de Mazatlán de 1944, casi siempre atribuido al general Pablo Macías, antecesor de Cárdenas como secretario de la Defensa Nacional, fue la expresión del proceso de control sobre el mercado de la amapola del Triángulo Dorado, que comenzaba a producir entonces grandes dividendos debido al aumento de la demanda en Estados Unidos entre los veteranos de guerra que volvían con dependencia a la morfina y se quedaban sin acceso a la sustancia legal. Durante décadas, la producción clandestina de amapola en el noroeste del país abasteció buena parte de la demanda ilegal de morfina y heroína de Estados Unidos sin grandes brotes de violencia. Los productores y traficantes negociaban directamente su desobediencia de la ley con los jefes de las zonas militares y las autoridades locales, quienes les vendían protección de la misma manera que prácticamente la totalidad de los servicios del Estado eran mercadeados por los agentes encargados de proveerlos. La negociación directa de la desobediencia de la ley fue el mecanismo por medio del cual el régimen del PRI redujo la violencia en todo el país y el narcotráfico no era una excepción.

El de Ávila Camacho fue todavía un gobierno de generales. En cambio, sólo los secretarios de la Defensa Nacional y de la Marina ostentaron grados militares durante el gobierno de Miguel Alemán. El cambio es el reflejo de un nuevo pacto, en el que se establecieron reglas tácitas para el encaje de la oficialidad de las Fuerzas Armadas en la nueva coalición de poder. Del nuevo pacto surgió el PRI y se basó, sobre todo, en una nueva relación de la clase política con los empresarios. De acuerdo con Rath, no se trató ni de la desmilitarización total de la política ni de la despolitización completa del Ejército. Sólo se acotó el campo de su actuación, pero durante las dos décadas siguientes siguieron siendo cruciales en el juego político local y, por supuesto, se pudieron dedicar libremente a vender protecciones particulares y a seguir haciendo negocios en el mercado formal y, sobre todo, en el informal.

Durante el gobierno de Alemán no concluyó el proceso de aceptación del pacto, que implicó lealtad al pragmatismo del régimen del PRI y respeto de su monopolio de la representación. En 1948 hubo amagos de rebelión y todavía en 1952 una importante facción de generales retó al régimen en torno a la candidatura de Miguel Henríquez Guzmán, antiguo leal de Cárdenas que, sin embargo, no tuvo empacho en enriquecerse desde el generalato. Sin embargo, la mayoría de los generales se sintió cómoda en su nuevo papel y aceptó las nuevas reglas de reparto del botín estatal entre las distintas partes de la coalición de poder. Fue entonces donde acabaron de definirse las tareas de las que se haría cargo el Ejército.

Después de la Segunda Guerra Mundial había quedado establecido el lugar de México en el orden internacional, bajo la égida del poder de Estados Unidos. Como fuerza de defensa frente a alguna amenaza exterior el Ejército era inútil, a menos que fuera contra Guatemala. Su papel establecido formalmente, de garantía de defensa de la patria carecía por completo de sentido. Así, el papel que se le endilgó fue el de policía política y cuerpo represor del bandidaje y la insurrección política. También comenzó a ser la fuerza de control de la protesta social, aun cuando ésta fuera pacífica.

Durante la época clásica del PRI el Ejército fue usado permanentemente, de manera inconstitucional, para expresar la fuerza de la coalición de poder. Los militares fueron el armazón del autoritarismo y aunque se mantuvieron ya al margen de la disputa por el control del gobierno nacional, siguieron jugando un papel político crucial, sobre todo en el ámbito regional. Rath documenta la persistencia de generales con fuerza política propia, que definían la política en sus regiones incluso bien entrada la década de 1960, a pesar de las reglas de rotación en las jefaturas de zona militar. Los militares mantuvieron una cuota sustancial de representación legislativa y siguieron obteniendo gobiernos estatales.

El pacto del PRI con los militares implicó que no se construyera una policía civil nacional y que las policías locales fueran una fuente más de empleo para la oficialidad, incluso con la posibilidad de obtener tanto su estipendio militar como el sueldo del cargo policiaco. Las formas de operación de las policías locales, formadas por los militares, reproducían sus formas de actuación arbitrarias y sus estrategias de limpieza social.

Siempre que los soldados hacían el trabajo de policías actuaban con el estilo militar de contener violentamente las amenazas, en lugar de acumular pruebas para un juicio legal. Los oficiales del Ejército organizaban o llevaban a cabo torturas o ejecuciones extrajudiciales con impunidad. No fueron infrecuentes las matanzas de campesinos disidentes o de bandidos producidas por el Ejército, como cuando en 1943 el Ejército respondió a intentos de rebelión en Morelos y el Estado de México ejecutando sumariamente a todos los “bandidos” que encontraban; lo mismo ocurrió por esos años en Nayarit.

En cualquier caso, a lo largo de las décadas de 1940 y 1950, lo que se esperaba de la mayor parte del Ejército era que actuara como policía en las zonas rurales, reprimiera disidentes y proveyera su propia inteligencia sobre disturbios políticos y sociales a la SDN.3

Son conocidos los episodios de utilización de la represión militar de la disidencia y los movimientos sociales. En 1948 el Ejército actuó contra la dirección legítima del sindicato ferrocarrilero y sirvió para imponer a un dirigente oficialista, el Charro Díaz de León, cuyo apodo se extendió a todos los líderes sindicales oficialistas; en 1956 los soldados tomaron el Instituto Politécnico Nacional para sofocar un movimiento estudiantil, en 1960 se les usó para romper la huelga de los ferrocarrileros, rodearon a miles de trabajadores y los trasladaron a campos militares en diferentes puntos del país antes de enviarlos a prisiones civiles.

Incluso otras agencias encargadas de la violencia estatal fueron nutridas por las Fuerzas Armadas. Ya he mencionado a las policías locales. Hay que sumar a la nefanda Dirección Federal de Seguridad, creada por Miguel Alemán en 1947, en parte con oficiales del Ejército, aunque también se nutrió de civiles a los que se les otorgaba grados militares para aumentar sus ingresos. También los oficiales del Ejército y la Marina tuvieron influencia en la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales, antecedente del Cisen.

Durante las siguientes décadas del régimen del PRI, las Fuerzas Armadas fueron intocables en los medios de comunicación, como parte del pacto que garantizó su alejamiento relativo de la lucha por el poder político. A cambio de su complicidad con el poder civil, los altos mandos del Ejército consiguieron mantener importantes parcelas de control territorial de rentas, una representación corporativa en el Congreso, gobiernos estatales y la cerrazón frente a cualquier escrutinio social, no se diga ya judicial, de sus actividades. También ejercieron la censura contra películas que les incomodaban, como hicieron en 1960 con La sombra del caudillo, de Julio Bracho, basada en la novela de Martín Luis Guzmán, una ficción inspirada por el asesinato en 1927 del general Francisco Serrano, llevado a cabo por militares.

En el discurso oficial, las Fuerzas Armadas eran objeto de reconocimiento y pleitesía en cada informe presidencial, donde era alabada su patriótica entrega; en el momento de la mención del presidente, los jefes militares eran ovacionados con entusiasmo por los presentes en el recinto legislativo y éstos se ponían de pie, con gesto marcial, para agradecer los aplausos. Más que una obligación, su aceptación de la subordinación al orden civil del régimen era vista como una concesión que cada año debía ser agradecida desde la tribuna en la que el Ejecutivo simulaba rendir cuentas a la nación.

Durante la década de 1960 en diversos estados del país se usó al Ejército para reprimir los movimientos estudiantiles, aunque la tragedia del 68 marcó el límite de la utilización del Ejército contra la protesta civil en las zonas urbanas, mientras, durante la década de 1970, se le continuó usando para perseguir a la insurrección rural, como la de Lucio Cabañas en Guerrero y, a partir de la Operación Cóndor, para el exterminio de los plantíos de amapola y mariguana, como parte de la guerra contra las drogas impuesta por el gobierno de Estados Unidos. Desde entonces, el Ejército ha estado implicado en la lucha contra el narcotráfico, aunque sin dejar de administrar las redes de protección particular en diversas regiones.

Así, el protagonismo que ha adquirido el Ejército en tareas de seguridad pública desde 2007 no es sino la exacerbación de un papel que nunca dejó de cumplir. Los intentos fallidos de construir un cuerpo de policía federal civil, que comenzaron durante el gobierno de Ernesto Zedillo, siempre con la participación de las Fuerzas Armadas en su construcción, han mostrado de manera descarnada el hecho de que la desmilitarización en México nunca concluyó, sólo fue enmascarada. El régimen del PRI se sustentó no sólo en su estructura corporativa y su maquinaria de control electoral, sino en las Fuerzas Armadas, que siempre fueron parte de la coalición de poder.

En el antiguo régimen, el control militar del territorio era coherente con el que de manera cotidiana ejercían las autoridades locales, casi todas provenientes del PRI y que se entendían bien con los mandos del Ejército. A partir de la lectura de otro libro reciente, Votes, Drugs, and Violence. The Political Logic of Criminal Wars in Mexico, de Guillermo Trejo y Sandra Ley,4 se puede tejer la conjetura de que con la irrupción de la pluralidad electoral se rompieron las redes de comunicación entre las autoridades locales y las Fuerzas Armadas y eso condujo al proceso de desmantelamiento de las fuerzas policiacas locales llevado a cabo por las Fuerzas Armadas a partir del gobierno de Felipe Calderón, pues los diversos pactos políticos de las autoridades locales crearon conflictos en el proceso de venta de protecciones particulares a las organizaciones que controlan los mercados clandestinos.

Los gobiernos producto de la alternancia democrática, en lugar de emprender una reforma del Estado que sustituyera la antigua maquinaria de venta de protecciones particulares —ineficiente y corrupta, con enormes problemas de agencia que implicaban el abuso privado de las parcelas de poder estatal, pero que garantizaba la reciprocidad clientelista— por cuerpos civiles, relativamente despolitizados, transparentes y obligados a rendir cuentas de todos sus actos, han devuelto a las Fuerzas Armadas el control casi monopólico de la violencia estatal.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador, bajo el supuesto de que su carácter disciplinado resolverá los problemas de agencia y de corrupción, les ha devuelto a las Fuerzas Armadas una serie de tareas que habían perdido al menos parcialmente, como el control de los puertos y de la marina mercante o las aduanas. También ha reestablecido su papel como constructoras de obras de infraestructura, fuente de gran corrupción en los años formativos del régimen del PRI y, desde luego, ha dejado bajo su control a su nuevo cuerpo policiaco, la Guardia Nacional, que se mantiene militarizado a pesar de contravenir la propia reforma constitucional que lo creó. La presencia militar en la vida del país ha vuelto a ser tan conspicua como en los años del gobierno de Ávila Camacho, antes de que con Alemán perdiera notoriedad, aunque conservara gran poder.

En 1999 concluía mi ensayo sobre el Ejército desconocido con este párrafo:


El conjunto más delicado de reglas del juego para una democracia es aquél que garantiza, precisamente, el sometimiento de los cuerpos armados al poder instituido. El Estado es una organización cuya ventaja comparativa radica en la posibilidad del uso de la violencia en última instancia. De ahí que aquéllos que tienen las armas materialmente pueden convertirse en un grupo de interés en sí mismo y lograr su autonomía. Para que el acatamiento de las reglas del juego se vuelva autónomo en las fuerzas armadas, el consenso en torno a tales reglas debe ser sólido entre las fuerzas políticas, de manera que no surjan litigios severos que polaricen a los actores. 

Veintidós años después, los gobiernos democráticamente electos no sólo no han hecho la tarea, sino que nos han conducido a un retroceso que puede tener graves consecuencias.

fuente.-Jorge Javier Romero Vadillo
Profesor-investigador titular C del Departamento de Política y Cultura de la UAM-Xochimilco.