La misma taquería Remigio’s de Reynosa, donde el Cartel del Golfo no sólo vende tacos de pastor, sino también de poder político y criminal, ya terminó convertida en mostrador de desapariciones y cuotas: negocio, persona y comunidad, todo en la misma parrilla.
En Reynosa, “Los tacos de Remigios” no son sólo garnacha: son la franquicia sentimental de Remigio Morfin Morfin, mando del Cartel del Golfo que sigue engordando la billetera,sacandole jugo a la condición de “carnal de Cesar Morfin Morfin,alias Primito”, lider de la facción de los Metros del CDG.
La lógica es simple y brutal: se quedan con todo —taquería, proveedores, central de abastos— y los ciudadanos pagan la cuenta con miedo, sobreprecio y silencio, el que chivatea se muere.
Esa fachada de “economía local” con aval estatal es el modelo de administración del jefe de plaza: se comen la ciudad a mordidas chiquitas, a través de negocios que parecen familiares pero responden a la cadena mando–cartel–político.
Y mientras el gobernador Américo Villarreal presume fotos con Mario Guitian Rosas,alias La Chispa,un ex-militar ahora lugarteniente del «Comandante Mono», otro ex-militar que controla al CDG como si fuera networking empresarial, no evidencia de captura criminal del Estado.
El empleado que desaparece
En ese ecosistema aparece la ficha de búsqueda de Ricardo Jael San Juan Cruz, joven empleado de la taquería Remigio’s desaparecido el 30 de junio de 2026 en Reynosa, Estado de Tamaulipas, con alerta nacional emitida por la Comisión Nacional de Búsqueda.

La nota oficial es limpia y técnica: edad, señas particulares, carpeta de investigación FGJT/FEIDDFP/REYUE1/00225/2026; lo que no dice es lo que la ciudad ya sabe, que trabajar en un negocio tocado por el CDG es firmar contrato con el riesgo de ser vulgarmente levantado a la primer diferencia y ya son casi 14 mil desaparecidos,con Tamaulipas de Subcampeon nacional.
En el relato de comerciantes, la desaparición no es un caso aislado, sino la consecuencia lógica de un sistema donde “no pagas y te matan, pagas y también” y donde la extorsión acaba en homicidio, secuestro o desaparición para que nadie se atreva a romper las reglas del cartel que tienen a la policía y el estado a su servicio,por eso NO SIRVEN.

La extorsion disfrazada
En la central de abastos de Reynosa no hace falta leer el menú para saber quién manda: todos conocen al “comandante” Reynaldo Villarreal Noria, operador del CDG y cerebro de la extorsión en las carnicerías y pasillos donde debería reinar el olor a carne y no a miedo.

Cada martes se presenta el enviado: un tipo tatuado que se presenta como “el Cholo”, sin credencial pero con la misma autoridad que una pistola cargada, y repite el mismo libreto: viene “de parte de la maña” a recordar que aquí sólo se compra “a la fuerza” todo en el negocio “La PRINCIPAL”, la casa comercial de la jefa Lupita Luna dentro de la central de abastos.

La jugada es clara: o compras con ellos o te conviertes en problema, y en Reynosa cualquier problema se resuelve a balazos, levantones o quiebre del negocio. Los locatarios ya no pueden elegir proveedor; sólo pueden elegir si se doblan o se arriesgan a convertirse en otra estadística sin nombre.
Por eso este mensaje va directo: ciudadanos subyugados piden apoyo urgente a la Fiscalía General de Justicia del Estado de Tamaulipas (…tambien son socios) que dirige a nivel estatal, Jesus Eduardo Govea, un fiscal que estuvo en el tambo por sirvir al Cartel del Golfo que comandaba Osiel Cardenas en 2001 (…aun lo comanda desde prisiones responsabilidad de Harfuch).
Los comerciantes piden que la autoridad deje de mirar hacia otro lado y atienda las denuncias de extorsión sistemática en la central de abastos. Porque mientras los jefes de plaza administran la economía con amenazas y emisarios tatuados, la ciudad entera se hunde entre la carne, el miedo y el silencio obligado.
Bajo este entendido: Reynosa funciona como laboratorio de terror económico: el crimen decide quién vende carne, quién vende pollo, quién puede surtir tacos y quién puede llegar vivo al cierre del turno.
El crimen que impone precios
La mecánica criminal no es nueva, solo mas atrevida, ya sin maquillaje: en Tamaulipas hay control de precios de carne, huevo, cerveza y productos básicos, impuesto por células del crimen con complicidad de autoridades que prefieren las fotos con lugartenientes a las órdenes de aprehensión. Es la “extorsión disfrazada”: sólo puedes comprar a proveedores autorizados por el cartel, y si intentas comprar con tu proveedor de toda la vida, te multan o te matan.[
Ese mismo patrón lo reportan comerciantes y campesinos en otros estados: los cárteles acaparan mercancías, fijan precios y obligan a comprar mercancía robada, usando el miedo como herramienta de política económica. La extorsión se vuelve política pública paralela: el gobierno cobra impuestos; el cartel cobra vida, cuotas y disciplina, y entre ambos exprimen al mismo negocio pequeño.
La central de abastos tomada
Los testimonios que se recogen van directo al corazón del modelo: “No nos dejan comprar nuestro producto en Guajardo, dicen nos van a multar si seguimos comprando ahí… debemos comprar solo con la central de preferencia La principal y la Chona”.
Proveedores que fiaron pollo por más de veinte años quedan fuera del juego, sustituidos por la red que opera “a nombre del nuevo jefe de la central de abastos, Reynaldo Villarreal Noria, pariente de un militante de Morena Alexander Bolaños”, mientras hombres armados llegan al negocio a revisar notas como si fueran auditores del miedo.

La cuota tiene reglas de importación criminal: “Si traes productos de Monterrey se tienen que dejar en las farmacias López, propiedad de Jorge López de Meat Co, que está obligando a comprar la pechuga con él; su primo Carlos López lo ayuda con toda la fachada de lavado de dinero, ya las empresas de Monterrey no pueden venir a surtir”. No es mercado libre, es mercado tomado: cada pollo, cada pechuga, cada camión viene con su propio derecho de piso encriptado en la cadena de suministro.
Empresarios de fachada, políticos de utilería MORENA y el Cartel
Los “disque empresarios y políticos” que se retratan ayudando al pueblo operan como el brazo legal del negocio ilegal: firman permisos, posan en inauguraciones, patrocinan eventos y al mismo tiempo sostienen la estructura de extorsión y lavado que tiene hundida a la comunidad.
En Tamaulipas, el gobernador de Morena se toma fotos con criminales sin distingo de facciones o carteles ,lo mismo con un lugarteniente del CDG,que Zetas,mientras los rastros, las carnicerías y las centrales de abasto se vuelven centros de recaudación del cartel. Los dejan ser, hacer y deshacer a su antojo.
La narrativa oficial habla de desarrollo, inversión y cadenas de valor; en el piso, los comerciantes te dicen otra cosa: “Ya estamos hartos de que no nos dejen trabajar y nos digan que tenemos que seguir haciendo ricos a esos delincuentes que usan su fachada para el crimen organizado”. Esa frase es la síntesis de la política económica del narco–Estado local: tu negocio funciona, pero sólo si se vuelve engrane de la maquinaria del CDG y sus socios de corbata.
Las tres piezas del mismo rompecabezas
Cuando juntamos las tres piezas —taquería de Remigios, desaparición del empleado, control de proveedores y cuotas— lo que aparece no es una historia aislada, sino el manual de administración territorial del Cartel del Golfo bajo protección política de Americo Villarreal.
La taquería es la vitrina, la desaparición es el recordatorio, la central de abastos y las farmacias López son la caja registradora del modelo, todo envuelto en un discurso de “apoyo al pueblo” que se cae en cuanto se revisa quién marca los precios y quién manda a los hombres armados.
Reynosa se convierte en el mapa perfecto de cómo se gobierna con miedo: el gobernador se fotografía con la “Chispa”, el mando del CDG monta taquerías y cadenas de distribución, los empresarios de fachada lavan dinero, y en medio de ese teatro, un joven empleado desaparecido se convierte en una línea más en una alerta nacional que nunca menciona la palabra cartel.
Con información: RNPDNLO/MEDIOS/REDES/

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