La Presidenta Claudia Sheinbaum pidió ayer a la Fiscalía General de la República (FGR) explicar bajo qué condiciones entregó a Estados Unidos al piloto que trasladó a Ismael «El Mayo» Zambada, pese a que pudo ser una pieza clave para esclarecer cómo salió el capo de México.
La Mandataria dijo no tener información sobre la fecha de la entrega ni si ésta ocurrió durante la gestión de Alejandro Gertz Manero o ya con Ernestina Godoy al frente de la Fiscalía,exhibiendo una grave y dolosa ignorancia.
Claudia Sheinbaum pide explicaciones, pero todo huele a que llegó tarde a la fiesta… y además sin leer el expediente.
El absurdo del piloto “fantasma”
Según la versión oficial, el piloto que trasladó a Ismael “El Mayo” Zambada —identificado como Mauro Alberto Núñez Ojeda, “El Jando”— era oro molido para cualquier investigación seria: sabía quién subió al capo al avión, quién lo bajó, quién dio la orden, quién protegió la operación, y hasta podía iluminar el papel de funcionarios mexicanos y estadounidenses. En lugar de eso, lo trataron como si fuera sobrecargo de VivaAerobus: va, viene y nadie le pregunta nada.
La FGR cuenta que el piloto aterriza en Estados Unidos el 25 de julio de 2024, es deportado a México, sigue delinquiendo en territorio nacional, lo detienen por portación de armas… y luego, como si fuera trámite de mensajería, lo entregan de nuevo al Gobierno de Estados Unidos bajo la Ley de Seguridad Nacional. Todo esto sin que la Fiscalía aclare cuándo lo detuvo en México, bajo qué figura legal lo mandó a Estados Unidos, ni qué demonios hizo con él en medio de ese ir y venir.
La “investigación” según Adela Micha
Adela Micha lo resume con la elegancia de un mazo: esto parece una investigación hecha por la Pantera Rosa o el Súper Agente 86. Dos años diciendo que investigan la sustracción —ahora ya le dicen “extracción”— del Mayo Zambada, dos años prometiendo resultados… y lo que presentan es una mezcla rara entre comedia, tragedia y farsa institucional.
En la conferencia, la FGR se la pasa acusando a Estados Unidos de haber estado detrás de la extracción del Mayo y de mentir sistemáticamente, pero lo único que logra es exhibir su propia mediocridad investigadora.
El FBI, dice Ernestina Godoy, bloqueó el acceso al avión, no dejó ni tomar fotos, mientras un periodista como Luis Chaparro sí consiguió documentar lo que la institución no pudo ni quiso. La moraleja: al reportero, acceso; a la Fiscalía, desconfianza total.
El piloto que vio “la película completita”
Micha subraya el absurdo central: el piloto era “el hombre clave”, el que había visto “la película completita de principio a fin”. Podía decir quién se llevó al Mayo, quién mató a Héctor Melesio Cuén, si había o no agentes del FBI en territorio mexicano, qué papel jugó el Gobierno de Estados Unidos y hasta qué tan hundido está el gobernador Rubén Rocha Moya en esta historia.
Pero en vez de exprimirlo como testigo protegido, construir un caso y dejar constancia procesal, lo que hacen es un sketch: Estados Unidos deporta al piloto, México lo recibe, lo deja seguir delinquiendo, lo detiene… y luego lo manda de regreso a Estados Unidos. Y para rematar la ironía, el ex fiscal Alejandro Gertz Manero llegó a insinuar que podían acusarlo de “traición a la patria”; pero a la hora buena, prefirieron seguir mandando oficios diplomáticos y perder al testigo clave.
Sheinbaum, la FGR y el vacío
Mientras tanto, Claudia Sheinbaum aparece con una postura tan institucional como aséptica: pide a la FGR explicar bajo qué condiciones entregó al piloto a Estados Unidos, admite no saber si eso ocurrió con Gertz Manero o ya con Ernestina Godoy, y encarga al canciller Roberto Velasco que “revise el caso”. Dice que no tiene la información y que es la Fiscalía la que debe precisar fechas, mecanismos y razones para esa entrega, dentro del paquete de 92 presuntos delincuentes enviados entre 2024 y 2025.
El problema es que mientras la Presidenta exige claridad, la película que describe Adela ya está completa: lo que hay es una cadena de decisiones que favorecen el olvido, no la verdad. La FGR asegura que la investigación ha sido “exhaustiva”, pero al mismo tiempo admite que no encontró pruebas contra personajes como Rubén Rocha Moya y Enrique Inzunza, ni parece haber rascado sus cuentas bancarias o las de sus familias. Exhaustivo, pero solo hasta la puerta del poder.
Ken Salazar, la “verdad” y la vergüenza compartida
Para cerrar el circo, entra Ken Salazar desde Washington con tono de regaño diplomático: dice que él y el fiscal Merrick Garland le dijeron al Gobierno de México, desde julio de 2024, que no era su avión, ni su piloto, ni su operación. Remite a su libro “Borderlands” y prácticamente le contesta a Sheinbaum: “¿Querían la verdad? Esa es la verdad”.
Adela remata el editorial sin anestesia: en el caso del Mayo Zambada, todo está mal: Estados Unidos operando y mintiendo, México haciendo pseudo-investigaciones, la protección política a Rocha Moya y un piloto clave que fue desperdiciado como si fuera equipaje extraviado.
“Qué vergüenza”, dice Micha, y cuesta trabajo contradecirla cuando se ve cómo la pieza central de la trama fue usada no para esclarecer el crimen, sino para borrar la escena completa.

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