No es una cifra. No fue “uno más” en la contabilidad macabra que desde 2006 se acumula sin tregua. Sergio Daniel tenía 16 años, iba a la preparatoria, entrenaba boxeo y vivía a cinco casas de donde lo mataron. Cinco casas. Esa fue la distancia exacta entre la vida cotidiana y el abismo en este país.
Su madre, Mar Galindo, no llevó estadísticas a la Presidenta Claudia Sheinbaum. Llevó el corazón abierto, desgarrado, esperando que alguien en el poder pudiera ver lo que los informes ya no alcanzan a mostrar: que cada número tiene nombre, rostro, rutina, sueños interrumpidos.
“El 5 de mayo le arrebataron la vida”, dijo. No “falleció”. No “perdió la vida”. Se la arrebataron. En seco. Sin explicación.
Porque no hubo motivo. No hubo una razón que el Ministerio Público pudiera escribir en sus formatos. No hubo mensajes ocultos en su celular, ni vínculos oscuros que justificar. Nada. El vacío absoluto. La violencia pura, sin coartada.
Y eso, en México, es todavía más aterrador.
Antes de matarlo, ya lo habían marcado. Amenazado. Golpeado. A él y a su hermano de siete años. Ni la infancia se salva cuando la impunidad se convierte en regla. Los agresores, dice la madre, eran jóvenes como él. Mismo barrio, misma edad, distinta elección: unos con cuadernos, otros con pistola.
La colonia Santa Fe, en Ciudad Obregón, no es solo un punto en el mapa. Es un territorio donde —según su propio testimonio— hay quienes se sienten dueños de la vida ajena por cargar un arma. Donde el miedo es ley y el silencio, mecanismo de supervivencia.
“Muchos saben que no pueden hablar”, dice. Porque hablar cuesta la vida.
Por eso Mar Galindo no pidió solo justicia para su hijo. Pidió justicia para todos los alumnos, para todos los que siguen caminando esas calles con el riesgo pegado al cuerpo.
Porque Sergio Daniel no es una estadística dentro de los más de 736 mil muertos acumulados en casi dos décadas de violencia. Es la prueba de que la cifra ya dejó de ser número y se convirtió en tragedia sistemática.
Y mientras el país discute promedios diarios —69 asesinatos al día— hay madres que cuentan en metros: cinco casas de distancia entre ver salir a tu hijo… y no volverlo a ver jamás.
Con informacion: ELNORTE/

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