En Sinaloa la misma guerra,la de hace 16 meses completos,510 dias, 72 semanas con 10 dias o 12,244 horas,desatada por bandos de la misma banda, pero provocada por una primera traición del Gobernador de Morena Ruben Rocha Moya a Melesio Cuen y luego los Chapitos al Mayo Zambada, siguió ayer como si no hubieran llegado 1,600 militares que se suman a los mas de 10 mil del reforzamiento histórico: la agenda de violencia la marca el Cártel de Sinaloa y el Estado sólo alcanza a ir a poner el cordón amarillo cuando ya pasó la balacera.
Ayer: otro muerto, otros heridos, mismo guion
En plena tarde, en la colonia Pemex de Culiacán, un comando entró a un expendio de cerveza, rafagueó al despachador de 55 años y dejó a otros dos hombres heridos, para luego largarse sin prisa existencial.
El Ejército y la Policía llegaron después, aseguraron la zona, levantaron casquillos y se retiraron, como si el operativo fuera nomás de limpieza de escena, no de control territorial.
Dos ejércitos, un solo territorio
Mientras la Sedena presume despliegues históricos y el gobierno federal mandaba otros mil 600 soldados “de refuerzo” a Culiacán y Mazatlán, los levantones, ejecutados y robos de vehículos siguen a ritmo de industria establecida dejando otro ejercito de victimas.
Quién pone la música y quién baila
Lo de ayer en la Pemex es la muestra de rutina: el Cártel de Sinaloa define horarios, zonas y calibres, y la famosa “estrategia de seguridad” sólo atina a llegar después a “resguardar el área”.
El gobierno presume músculo, pero baila al son que le tocan y además baila mal: se mueve cuando el narco ya cambió de pista, de colonia y de víctimas.
Empresarios afligidos con el fracaso
Pero los empresarios de Sinaloa ya no suplican, meten pliego petitorio: le exigen a los tres niveles de gobierno una respuesta inmediata, coordinada y eficaz que baje la violencia de lo abstracto a resultados visibles en la calle.
Ponen sobre la mesa que quieren acciones claras, estrategia integral y que, mínimo, se note que alguien está intentando restablecer la confianza ciudadana y el Estado de Derecho, no sólo administrando el miedo como si fuera clima.
La normalización del desastre
Un expendio, un despachador ejecutado, dos heridos y otro operativo tardío ya no se viven como noticia excepcional, sino como el parte diario de una guerra que nadie se atreve a nombrar así en los discursos oficiales.
Sinaloa siempre amanece con más soldados, pero se duerme con el mismo o peor nivel de inseguridad y llamarlo fracaso es mas que una obligación del periodismo de denuncia.
Con informacion: NOROESTE/ REVISTA ESPEJO/

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