La recien desempacada Fiscal General de la FGR, Ernestina Godoy volvió a hacer lo que mejor saben: reconocer con serenidad quirúrgica que todo está mal… pero sin mover un dedo eficaz para arreglarlo. En un país donde la extorsión ya compite con el impuesto al valor agregado por su omnipresencia, la máxima jefa del Ministerio Público anunció —con seriedad institucional y micrófono en mano— que no han podido ni bajarla, ni contenerla, ni fingir que la controlan.
El acto ocurrió en el pomposamente llamado “Parque Nacional de Justicia”, un nombre que suena más a resort que a despacho de la FGR, durante el Encuentro Nacional de Procuradurías y Fiscalías Estatales en materia de Extorsión. O, dicho sin tanto protocolo, una junta más para reconocer que las juntas anteriores no sirvieron de nada y que los pendientes son los mismos.
Entre titulares con traje y corbata, subsecretarios y mandos uniformados, desfiló el léxico clásico del fracaso: “unidad de las instituciones”, “compromiso con la ciudadanía”, “herramientas de inteligencia”. Todo, absolutamente todo, menos resultados. Y es que, según la fiscal, la extorsión “ha ido creciendo, pese a la enorme cifra negra”,(…donde Tamaulipas es tercer lugar nacional) como si la culpa fuera de las estadísticas y no de la inoperancia estructural.
Godoy repitió la receta institucional: modernizar estrategias, coordinar esfuerzos, intercambiar información, homologar criterios… palabras que en el mundo real se traducen en oficios sin firma, bases de datos obsoletos y llamadas sin retorno.
El único punto sensato de su diagnóstico fue admitir que este fenómeno “rebasa fronteras municipales, estatales y muchas veces nacionales”. Lo que omitió es quién lo permite rebasar: justamente las instituciones que hoy aplauden tímidamente su propio fracaso.
Detrás de todo, se asoma la mano visible del “estratega” Omar García Harfuch, ese prodigio de la doctrina de grafiquitas mañaneras y verbo+verbo, que cada seis meses lanza una nueva “estrategia integral” contra el crimen con la misma eficacia que un botón de pánico sin batería.
En resumen, el Gobierno volvió a descubrir el hilo negro del crimen: hace falta coordinación, inteligencia y, sobre todo, voluntad política. Es decir, justo lo que nunca hay.
Con informacion: ELNORTE/

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