Un muerto, una mujer herida, casquillos de “fuerte calibre”, ponchallantas regados en plena Álvaro Obregón y patrullas reventadas… otro día perfectamente normal en Culiacán, laboratorio nacional de todo lo que la “estrategia de seguridad” presume que ya controla.
El hecho: guerra a plena avenida
- La persecución comenzó la tarde del martes en la colonia Tierra Blanca, tras reportes de detonaciones de arma de fuego alrededor de las 16:40 horas.
- Un Mazda blanco terminó acribillado en el cruce con la calle Artesanos; dentro, un hombre con múltiples impactos de bala que paramédicos confirmaron sin vida.
- En medio del fuego quedó una mujer alcanzada por balas, atendida en el lugar y trasladada a un hospital, con estado de salud aún desconocido.
La escena: ciudad tomada
- La Avenida Álvaro Obregón fue cerrada en un amplio tramo, con cinta amarilla, casquillos de alto calibre sobre el pavimento y un vehículo asegurado con el cadáver adentro.
- Una patrulla terminó con las llantas destrozadas por ponchallantas tirados durante la persecución, muy al estilo de operativo militar… pero al revés.
- Cerca, por Amado Nervo, apareció otro auto blanco, un Honda sedán, con equipo táctico, armas, cargadores y un costal de ponchallantas, presuntamente ligado a los atacantes.
El guion de siempre
- Extraoficialmente se habla de un civil detenido, presunto implicado en el ataque, suficiente para que el parte oficial presuma “rápida respuesta” y “contención del riesgo”.
- Mientras tanto, la historia real es otra: una ciudad que se acostumbra a que las avenidas principales se conviertan en campo de tiro cada que algúno de los bandos de la misma banda se decide ajustar cuentas.
¿Y si mandan otros 20 mil?
- Ya se sabe cómo sigue el libreto: anuncio solemne, fotos de uniformados, discursos sobre “coordinación interinstitucional+Inteligencia” y la promesa luminosa de que “ahora sí” habrá paz.
- Entonces la pregunta es inevitable: si con los miles que ya hay las balaceras siguen en horario vespertino y en avenidas centrales, ¿qué cambia si mandan otros 20 mil?
- Más soldados, más patrullas y más retenes no impiden que un comando tire ponchallantas, acribille un carro y deje una mujer baleada en medio de la ciudad sitiada por militares, no protegida.
Normalización del infierno
- Cuando una persecución armada con un muerto, una mujer herida, casquillos de “fuerte calibre” y dos vehículos asegurados se reporta casi como parte del tráfico vespertino, no es un incidente: es un sistema funcionando tal como está diseñado.
- Ahí está Culiacán otra vez, recordándole al país que no importa cuántos soldados agreguen al mapa: mientras el poder real siga armado, motorizado y blindado por la impunidad, la Álvaro Obregón será zona de guerra intermitente… y el resto, pura narrativa de seguridad.
Con informacion: NOROESTE/

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