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sábado, 10 de enero de 2026

«NO EXISTE PRIMERA CLASE ?»: «SENADOR de MORENA se REFUGIA en la SEMANTICA y los EUFEMISMOS para OCULTAR el PRIVILEGIO de JETEAR COMODAMENTE en AVION»…con boleto de 90 mil pesos.


Gerardo Fernández Noroña ha descubierto un nuevo género de literatura fantástica: el realismo aeronáutico mágico. Frente a la evidencia fotográfica de su mullido descanso en un asiento Premier de Aeroméxico, el senador lanza su conjuro semántico favorito: “No existe la primera clase”. No, claro. Tampoco “casta política”, ni “viaje pagado”, ni “incoherencia”. Todo depende del diccionario que uses… y del boleto que no pagas tú.

Desmenucemos su argumento con la delicadeza que merece un menú de tres tiempos servido a doce mil metros de altura.

  1. “No existe la primera clase.”
    Cierto: Aeroméxico la llama Clase Premier, porque “Premier” suena menos burgués y más institucional, como el disfraz de lujo que puede aceptar un militante de izquierda sin sentir culpa. Pero la semántica no borra el precio: 90 mil pesos el viajecito redondo. Llámalo Premier, Ejecutiva o Asiento del Pueblo, sigue siendo el sillón reclinable donde sirven vino mientras el resto soporta el sandwich envuelto en plástico.
  2. “Mienten de cabo a rabo.”
    Miente quien intenta borrar el lujo mediante una actualización de nomenclatura. Es como negar un yate porque ahora se llama “embarcación fluvial inclusiva”. El público no necesita diccionarios, sino transparencia: ¿pagó el boleto o se lo regalaron? Porque la semántica no cubre los gastos ni borra el recibo.
  3. “Lo que quieren es callarme.”
    Nadie pretende callar al senador; solo pedirle que hable mientras está sentado en modo horizontal, copa en mano. No es censura: es contexto. Si viajas como embajador del pueblo pero aterrizas como ejecutivo de Fortune 500, no puedes esperar que el pueblo no pregunte quién pagó la almohada cervical.
  4. “Lo demás me da lo mismo.”
    Claro que le da lo mismo: cuando las gradas están en turista y tú duermes en Premier, el ruido de la indignación se amortigua con antifaz y audífonos Bose.

En resumen: la “primera clase” podrá cambiar de nombre, pero el aire que respiran los privilegiados sigue siendo más oxigenado. Lo que no existe, senador, no es la primera clase: es la coherencia entre su discurso y su asiento.

Con informacion: ELNORTE/

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