Si alguna vez los capos mexicanos se sintieron seguros bajo su nube de drones, radios encriptados y convoyes escoltados por antenas, es porque aún no escuchan rugir al Growler. Este avión estadounidense, más que un caza, es un hacker con alas. No bombardea cuerpos: destroza señales. Apaga radios, borra radares, ciega drones y hace que las torres de comunicación de todo tipo chillen de impotencia. Es, en resumen, la pesadilla electrónica que no saben que el Pentágono tenía guardada en su hangar.
En Venezuela, mientras Nicolás Maduro aún bostezaba, el Growler ya había convertido su defensa aérea en silencio digital. Los radares S-300 —esos dinosaurios rusos que Caracas presumía— quedaron como decoración.
En cuestión de minutos, la guerra electrónica hizo su parte:cortarles los cables invisibles.Ahora Imaginen lo que eso haría en territorio mexicano, donde las redes del narco viven del espectro: radios de corto alcance en VHF o UHF,señales de radio por internet, su famoso «Sello», repetidores camuflados en hieleras en torres, lo mismo en ciudades que en cerros, drones que vigilan convoyes, antenas que interceptan… Todo eso desaparecería del mapa con un zumbido apenas audible, como el cuchillo que corta la señal en seco.
El Growler no sólo bloquea, sino que confunde. Hace creer al enemigo que hay diez aviones donde solo hay uno, repite el pulso del radar enemigo como si fuera un loro electrónico y, por si fuera poco, lanza misiles que detectan y destruyen el origen de cualquier radiación sospechosa. Sería el equivalente aéreo de meterle un virus a la infraestructura de comunicación del cártel y quedaría inutilizada totalmente.
Si en México algún día se desplegara uno de estos en algun operativo especial —pongamos que en Jalisco,alla por Autlán o el Grullo para caerle al Mencho del CJNG,en Tamaulipas en las brechas de Reynosa para caerle al «Comandante Mono», o los cerros de las inmediaciones de Pihuamo para fastidiar al «Primito», en Sonora o Sinaloa y parele de contar— el impacto no sería solo táctico, sino psicológico. Imaginen al narco topándose con un cielo que lo deja sordo, ciego y mudo. Sus rutas de comunicación, los chats de WhatsApp,los cifrados en Threema de Los Escorpiones como los balconeo el «Yahir», las llamadas por Silent, la de Signal,Telegram y hasta los drones artesanales de todas las facciones narcas quedarían fuera de combate. Sin necesidad de un solo disparo de plomo.
Eso sí: el Growler es harto caro,cuesta unos 67 millones de dólares, una cifra que en México equivaldría al presupuesto de todo un año para “combate a la delincuencia organizada” en un estado promedio. Pero sería gratis si alguna vez el país se deja de enmascarar la soberanía que no tenemos, pues el narco nos tiene colonizados y se decide en aceptar la ayuda del otro lado del Río,antes de que se Trump se decida a obsequiárnosla unilateralmente y sin pedirnos un vale,pasariamos de las camionetas militarizadas y los gatos del desierto blindados ,a la guerra electrónica, sin pisar el suelo y sin seguir siendo inutilizados por narcobloqueos o cualquier convoy del crimen.
Y lo mejor de todo: ni un solo levantón, ni una sola patrulla incendiada. Solo un silencio ensordecedor en las frecuencias del narco como preámbulo al asalto de las Fuerzas Delta,porque después de cegar,hay que pegar.
Estructura y corazón del monstruo
El Growler no es un avión: es un USB asesino de 18 metros con alas. Cada centímetro del fuselaje está pensado para humillar radares, radios y cualquier cosa que emita una señal, justo el tipo de ecosistema donde florece el narco mexicano.
- Basado en el F/A-18F Super Hornet, pero sin cañón: le quitaron la “metralla” y le metieron un cerebro electrónico en la nariz.
- Lleva dos motores General Electric F414-GE-400, capaces de empujarlo a cerca de Mach 1.6–1.8, o sea, más rápido de lo que tarda un funcionario federal,Militar,estatal o local en negar un pacto con el crimen.
- Techo operativo de unos 15,000 metros y alcance de combate de unos 700–850 millas náuticas, suficiente para cubrir medio México desde una base bien puesta.

Suite de guerra electrónica
Aquí es donde se pone sabroso: el Growler es básicamente un C4 de frecuencias.
- AN/ALQ-218: receptores de amplio espectro en las puntas de las alas. Detectan, escuchan y ubican emisiones enemigas: radares, radios, enlaces de datos, todo. Es como si tuviera “geolocalización” de cada grito o susurro electrónico que va hacer zurrarse al narco.
- ALQ-99 pods de interferencia táctica: puede cargar hasta cinco cápsulas que inundan el espectro con ruido y engaños, anulando radares y comunicaciones.
- ALQ-227 sistema de contramedidas de comunicaciones: especializado en joder radios y enlaces de voz/datos; lo que aquí sería reventar las frecuencias de halcones, convoyes y operadores de centro de mando del cártel.
- JTT-R (Joint Tactical Terminal – Receiver): receptor satelital para tragarse inteligencia en tiempo real mientras va desarmando el paisaje electromagnético del enemigo.
- INCANS (Interference Cancellation System): permite que la tripulación siga hablando por radio propio mientras está tapizando el espectro del enemigo con interferencia. Básicamente, ellos hablan claro mientras el narco escucha puro “shhhh”.
Radar, sensores y la magia de parecer muchos
- Lleva un radar APG-79 AESA: puede ver, seguir y hasta ayudar a suprimir radares enemigos, mientras coordina el caos electrónico que libera.
- Puede simular múltiples eco-blancos en el radar enemigo:haces creer que hay toda una flota cuando solo va un par de jets; un sueño húmedo para un operativo psicológico contra un grupo que presume “control del cielo” con puros drones caseros.
Armamento: cuando el silencio no basta
Porque a veces no basta con callar al enemigo: también hay que borrar de raíz la antena.
- AGM-88 HARM: misiles antirradiación. Siguen la señal del radar o transmisor y la convierten en cráter. Si el narco se pone creativo con radares, torres o repetidoras, el Growler las puede “apagar” de forma definitiva.
- AIM-120 AMRAAM: misiles aire-aire para defensa propia. Si alguien intenta tumbarlo con algun RPG-7 o cualquier artilugio que el dinero puede comprar, tiene con qué quererlos y con que responder sin dejar de hacer su concierto de interferencias.
- Puede, en configuración de ataque, cargar también armas de precisión tipo JSOW y otras municiones inteligentes, pero su gracia principal sigue siendo la destrucción del entorno electrónico, no el show de fuegos artificiales.
Capacidad táctica en clave México
- Es escolta electrónico: vuela con cazas y bombarderos, abriendo pasillo invisible al apagar radares y comunicaciones enemigas. En clave narco, sería el jet que deja ciegas y sordas las redes de halcones y centros de radio antes de que entren fuerzas especiales.
- Puede operar en modo “jammer de stand-off”: sin siquiera entrar al área más caliente, desde lejos ya puede romper comunicaciones, bloquear drones y anular radares improvisados. Ideal para no regalarle un derribo propagandístico a ningún grupo criminal.
- Su tripulación de dos: piloto y oficial de guerra electrónica. Este último es, en la práctica, el “capo” de la consola, manejando qué se bloquea, qué se engaña y qué se destruye. No es un piloto, es un administrador de espectro con licencia para humillar.
En resumen: el Growler es el tipo de aparato que exhibiría, con lujo de detalle, el atraso tecnológico del Estado mexicano frente a los cárteles… y, paradójicamente, el nivel de sofisticación que se requeriría para realmente desarmar su ecosistema de comunicaciones sin tirar una sola puerta.
Si alguna vez uno de estos vuela sobre el territorio narco, la primera baja no sería un jefe de plaza, sino la señal misma. Y sin señal, no hay “operativo”, no hay “halcón”, no hay “jefe pidiendo auxilio a su fuerza delta V.Takuache”: solo ruido, pánico y silencio.
Con informacion: ELNORTE/ THE WALL STREET JOURNAL/

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