“Cada hora 28 personas piden ayuda por extorsión.” Pero tranquilos, el gobierno dice que vamos ganando la guerra al crimen. Es el discurso más optimista de los últimos tiempos: mientras miles marcan al 089 suplicando orientación para no ser despojados o asesinados, en Palacio Nacional celebran una disminución en los homicidios y se reparten medallas por la “coordinación institucional”.
El Secretario García Harfuch presume casi 120 mil llamadas por extorsión en apenas cinco meses. De esas, tres de cada cuatro ni siquiera se consumaron —según él— porque los operadores lograron “orientar a las víctimas”. O sea, el milagro burocrático: detener al criminal con información telefónica. Qué fácil sería acabar con el crimen si la esperanza fuera atención en línea.
Pero el dato incómodo está ahí: 28 personas por hora piden auxilio. Eso son más de 670 cada día, miles cada semana. ¿De verdad alguien con esos números en la mesa puede hablar de victoria? En un país donde el miedo tiene número 089 y suena más que las sirenas de la patrulla, hablar de “reducción del delito” suena a burla.
Claro, los homicidios bajaron —dice el gobierno— 40% en un año. Y qué bueno. Pero México sigue contando cadáveres con calculadora: 52 asesinatos diarios siguen siendo un infierno. Mientras tanto, la extorsión, el delito más cotidiano y menos perseguido, crece 2.3%. Es la inflación del terror, el impuesto invisible que ya nadie se atreve a declarar.
“Vamos ganando al crimen”, dicen. No: el crimen se diversificó, se modernizó, y ahora manda mensajes por WhatsApp. Lo que el poder político llama avance es apenas un ajuste de estilo. Y si cada hora hay 28 alarmas de auxilio, lo mínimo sería bajar el tono del triunfo. Porque, aunque los números luzcan en los informes, en la calle todavía se responde con miedo al sonido del teléfono.
Con informacion: ELECONOMISTA/

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