El Tren Interoceánico—que se descarriló el pasado 28 de diciembre, siendo su sexto accidente desde que entró en operación— contará este año con un subsidio de 24 mil 296 millones de pesos, de acuerdo con el presupuesto aprobado por el Congreso de la Unión.
El tren que no camina solo
- En 2026 el proyecto establece que necesita 24 mil 296 millones de pesos de subsidio público para operar, es decir, 97% de su gasto lo paga el erario y solo 3% viene de ingresos propios.
- Para rematar, el tren está detenido por el accidente de finales de 2025, así que ahora no genera ni ese 3%, pero sí acumula gastos de reparación y mantenimiento de chatarra sobre rieles.
Empresa militar, lógica de cuartel
- El proyecto se echó a andar por orden presidencial, sin estudios serios de factibilidad técnica, económica o legal y sin publicar un Plan Maestro mínimamente decente, pura obediencia de cuartel con uniforme de “planeación estratégica”.
- La Secretaría de Marina sigue metiendo dinero en obras, muros de contención, reforzamiento de taludes y correcciones de vía, como si tapar baches de un mal proyecto lo pudiera convertir mágicamente en inversión productiva.
Si fuera iniciativa privada
- En una empresa privada, un negocio que necesita que el socio mayoritario ponga 97 pesos por cada 3 que entran de clientes no es “proyecto estratégico”, es hoyo negro contable; ahí no solo renuevan al director, apagan la luz y cierran el changarro.
- Ningún consejo de administración serio aguanta un tren con demanda “natural” de 5 mil personas al mes y costos fijos altísimos; el dictamen sería simple: “lo que no deja, se deja”, se liquida, se venden fierros y se asume la pérdida.
Socialización de pérdidas, militarización del fracaso
- Mientras se vende el cuento de “desarrollo” y “soberanía”, lo único sólido es la factura: al Ferrocarril del Istmo ya le han inyectado más de mil millones en subsidios con niveles de apoyo de hasta 74% solo para mantenerlo respirando.
- El modelo es claro: se militariza la administración, se opaca la información y se socializan las pérdidas; el experimento no es un tren, es una lección de cómo convertir un activo potencial en un monumento público a la ineficiencia.
Cuando el “proyecto de nación” es un boquete
- Los expertos insisten en que el gobierno debería impulsar infraestructura rentable, con participación privada y criterios pragmáticos, pero el Interoceánico es exactamente lo contrario: un símbolo caro de voluntarismo político disfrazado de política pública.
- Si este fuera un corredor logístico operado por una firma global, ya estaría en proceso de venta, reestructura o liquidación; aquí, en cambio, se le rinde culto presupuestario anual, como si cada subsidio fuera una estampita que exorciza el fracaso.
Con informacion: ELUNIVERSAL/

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