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sábado, 25 de julio de 2026

ES «PROBLEMA de GEOGRAFIA ?: GOTA de SANGRE BASTÓ para RESOLVER CRIMEN en TEXAS y en MEXICO HAY BORBOTONES de MAS de 740 MIL MUERTOS»…aquí ni un océano alcanza.


En Estados Unidos, una sola gota de sangre, un tenedor desechable y una investigación de laboratorio bastaron para desenterrar un asesinato que llevaba 14 años archivado en el limbo. 

En México, en cambio, ni los borbotones de sangre, ni las fosas, ni los expedientes apilados han alcanzado para esclarecer la inmensa mayoría de los más de 740 mil asesinatos acumulados por gobiernos de distintos colores, que además tienen el cinismo de reiniciar la cuenta desde cero cada sexenio como si la sangre también caducara en el calendario político. 

El contraste es brutal y obsceno. Allá, el caso de Irasema Chávez, asesinada en 2012 en Arlington, Texas, fue reactivado gracias a técnicas de genealogía genética y a una gota de sangre que permaneció resguardada durante años; aquí, la violencia homicida se convirtió en estadística administrada, en rutina burocrática y en un monumento a la impunidad que no puede resolver la identidad de mas de 75 mil cadaveres embodegados.

Irasema Chávez fue hallada sin vida con múltiples heridas de arma blanca en su departamento. La investigación dio un giro cuando el FBI y la policía local usaron ADN, genealogía genética y una comparación de muestras que terminó vinculando a Mayra Velásquez, su amiga, como presunta responsable; la captura se concretó 14 años después del crimen. 

Lo más escandaloso no es solo que el caso haya tardado 14 años en resolverse, sino que haya sido necesario un arsenal de ciencia forense para hacer lo que en México ni la magnitud de la tragedia ni la repetición infinita de homicidios ha logrado: esclarecer con eficacia, castigar con certeza y romper la cadena de impunidad.

Porque mientras en Arlington una gota de sangre fue suficiente para reconstruir una verdad enterrada, en México el Estado sigue funcionando como una máquina de borrado: contabiliza, promete, cambia de discurso, hereda montañas de cadáveres y vuelve a empezar, como si el horror fuera un trámite administrativo y no una deuda moral. 

Los datos son tan obscenos como el contraste. Diversas mediciones y análisis han documentado que en México la impunidad en homicidios ronda niveles altísimos, con casos en los que apenas una pequeña fracción termina esclarecida o sentenciada; por eso no resulta exagerado decir que aquí el crimen no solo mata una vez, sino que además queda libre para matar de nuevo en forma de silencio oficial. 

En homicidios dolosos, la referencia más citada es que alrededor de 94.8% de los casos quedan impunes en México, es decir, apenas una fracción mínima termina con sentencia contra un responsable y tomaría 124 años resolverlos, dijo insightcrime con los acumulados hasta 2019.

“En México, la impunidad en homicidios ronda el 95%.”,cita impunidad cero

También hay otra cifra más general sobre delitos: Impunidad Cero señala que menos del 1% de los delitos se resuelven y que una gran mayoría ni siquiera se denunciaba llamada cifra negra que exhibe Tamaulipas en calidad de tercer lugar nacional.

La historia de Irasema Chávez exhibe el poder de la ciencia forense cuando existe voluntad institucional. La de México exhibe lo contrario: una maquinaria pública que, entre negligencia, incapacidad y encubrimiento político, convierte cada asesinato en una estadística y cada estadística en una forma elegante de seguir sin responder. 

Una gota de sangre bastó para que en Estados Unidos la verdad saliera del cajón; en México, en cambio, ni 740 mil asesinatos han logrado sacar al Estado de su costumbre favorita: archivar la tragedia, reciclar discursos y llamarle “avance” al fracaso.

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ANDRES RODRIGUEZ/

«POR QUÉ los MATAN?…PORQUE PUEDEN»: 7 PERIODISTAS EJECUTADOS en 7 MESES de 2026 en el PAÍS donde CRITICAR al NARCO y MORENA se PAGA con la VIDA»…el más peligroso del planeta.


Al periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar lo mataron mientras comía, como si en México hasta el acto más básico —sentarse a desayunar— ya viniera con sentencia de muerte. Le dispararon a la cabeza cuando estaba de espaldas a la calle; no vio a sus agresores, y quizá ni alcanzó a oírlos llegar. Era un periodista de 60 años con una trayectoria larga en Oaxaca y con una costumbre que en este país resulta peligrosísima: criticar con nombre y apellido a los gobiernos de Morena. 

Su asesinato no es un hecho aislado, sino el séptimo periodista asesinado en México en lo que va del año, y el libreto oficial volvió a ser el de siempre: “se investigará”, “se atenderá”, “se coordinarán”. 

El problema es que, mientras el arguende de las mañaneras de Palacio Nacional repite fórmulas gastadas, la realidad responde con una palabra mucho más honesta: impunidad. Mariana Suárez, de Artículo 19, lo dijo sin maquillaje: en México se mata a periodistas porque se puede, y se puede porque las agresiones rara vez terminan en consecuencias reales. 

Leyva Aguilar escribía la columna El zumbido del Moscardón y también la movía en TikTok, donde dejó testimonio de que, si algo le pasaba a él o a su familia, responsabilizaba al gobernador de Oaxaca, Salomón Jara, a su secretario de Gobierno, Jesús Romero, y al consejero jurídico Geovany Vásquez Sagrero. 

En su último video anticipó una columna sobre “la permisibilidad del gobernador Salomón Jara para institucionalizar el crimen” mediante su hermano Noé Jara y la ASAEO, además de haber acusado antes al mandatario de tener “al narco metido hasta las narices” en su administración. También había denunciado amenazas previas ante la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca y después ante la FGR.

El patrón de sangre

El caso de Leyva no llega solo: forma parte de una cadena de asesinatos de reporteros que cubrían corrupción, seguridad, crimen e irregularidades locales. Entre ellos están Josué Martínez Contreras, asesinado frente a su madre y su hijo en Puebla; Alex Serna, hallado muerto tras denunciar amenazas y presuntas corruptelas ambientales; y varios comunicadores más en Veracruz, el estado que volvió a colocarse como uno de los lugares más peligrosos para la prensa. 

En todos los casos se repite el mismo guion burocrático, esa versión institucional del “ya veremos”, que suele traducirse en nada. 

Veracruz, por ejemplo, tuvo una secuencia brutal: Carlos Leonardo Ramírez Castro fue asesinado a tiros en Poza Rica; después desaparecieron dos jóvenes vinculadas con su funeral; y meses más tarde mataron a Luis Ángel López Valdez, reportero protegido que había denunciado hostigamiento de autoridades.

Luego vino el caso de Roxana Berenice Guzmán, secuestrada en su casa y hallada muerta, con policías y un alcalde bajo investigación. O sea: no es “violencia difusa”, es una maquinaria que castiga a quien incomoda. 

La postal oficial

Salomón Jara dijo estar dispuesto a declarar si la fiscalía lo cita y negó que existan elementos para sostener las acusaciones que Leyva había hecho en su contra. Muy institucional todo, muy correcto, muy “vamos a colaborar”, mientras el país sigue acumulando nombres de periodistas asesinados y familias buscando respuestas que casi nunca llegan. Las autoridades locales incluso difundieron videos con al menos tres hombres y una motocicleta involucrados en el ataque, uno de ellos haciendo una llamada antes de disparar. 

La frase que deja todo claro la dio Artículo 19: la impunidad no solo significa ausencia de justicia, también funciona como incentivo para que la violencia se repita. Y esa es la gran tragedia mexicana: que matar periodistas no solo sale barato, sino que encima el Estado suele responder con el clásico teatro de la investigación eterna. 

Con información: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/ERIKA ROSETE/

«BENDITA IMPUNIDAD: CAPTAN a ROCHA en MODO ROMANTICO en BADIRAGUATO, BIEN PREOCUPADO en CARNITA ASADA»…y lo presumen resguardado por soldados.


Rubén Rocha Moya volvió a escena, porque aparentemente ya era hora de que el hombre misterioso de Sinaloa recordara que existe. Esta vez reapareció en Badiraguato, en una reunión con habitantes y, claro, con el discreto “detallito” de ir bajo resguardo militar, como quien no quiere la cosa pero tampoco se arriesga a caminar solo por donde antes le aplaudían y ahora le preguntan demasiado. 

La puesta en escena no deja de tener su encanto involuntario:Rocha asegura que está tranquilamente en su casa de Culiacán, mientras el Gobierno federal se apresuró a negar que esté escondido en instalaciones militares. 

Traducido al lenguaje político mexicano: oficialmente no pasa nada, extraoficialmente todo huele a operativo, y en medio queda un gobernador con licencia que reaparece cuando conviene, protegido por soldados y con la serenidad de quien sabe que la versión más creíble siempre depende de quién la cuente. 

Pero no nos confundamos: no lo resguardan, lo vigilan, pues en algún momento de esta historia, su narco camada lo tendrá que traicionar y entregar, una vez que se acabe la protección presidencial.

Con información: SOCIEDAD NOTICIAS/

viernes, 24 de julio de 2026

«USTEDES PAGARON su ENTRENAMIENTO: VERDUGOS de ALTO RANGO se EDUCARON en la POLICIA o el EJERCITO pero en el CRIMEN se GRADUARON»…hay hasta gobernadores.

“Proteger y servir” es el lema correcto, pero más de una vez lo han confundido con “servil”… porque en México, las fuerzas de seguridad y los propios gobiernos parecen haberse convertido en una especie de escuelita del crimen: se capacitan con dinero público, aprenden el oficio con cargo a los impuestos, pero se gradúan en el crimen organizado.

La ironía es de manual: el Estado invierte en formar guardianes y luego termina financiando a sus propios verdugos.

Muchos de los encargados de “proteger y servir con honor, valor,lealtad y sacrificio” y no solo en Tamaulipas ,se han torcido con una frecuencia ya difícil de llamar accidente. En las fuerzas de seguridad se preparan con cargo a los impuestos; en el crimen organizado, en cambio, se gradúan con honores, porque allá sí saben aprovechar el talento que aquí se desperdicia entre sobornos, colusiones y lealtades de plastilina.

Si la realidad no fuera tan grave, daría risa: el país entrena a policías y militares para combatir al narco, pero al servicio de gobernadores o presidentes narcos, mientras una parte de ese personal acaba alimentándolo. Un negocio redondo, solo que pagado por los contribuyentes y cobrado en sangre.

Que dice NOROESTE:

El jueves 25 de junio el Ejército arrestó a Misael Guerrero Pérez, “El Güero Pin”, jefe regional de Los Chapitos en el sur de Sinaloa, pero lo relevante es que con él se encontraba Hilario Martínez, ex director de Seguridad de Escuinapa. Podría parecer un caso aislado de ex policías que cambian de bando, pero lamentablemente es bastante recurrente.

El Ejército y las policías se han convertido en semillero de operadores para el crimen organizado. Ya que estas instituciones tienen personal formado en el uso de las armas y con conocimiento del terreno, que puede ser valioso para las organizaciones, los reclutan ofreciéndoles salarios más altos que los oficiales.

Lo peor es que la relación entre narcos y agentes del orden no comienza cuando estos son reclutados, sino desde que son parte del Ejército o las corporaciones de seguridad, ya que muchos reciben sobornos a cambio de información o de favores, como es armar operativos en contra de los cárteles rivales.

Se trata de una tendencia preocupante porque significa que el Estado mexicano entrena a quienes más adelante se van a convertir en capos, operadores o sicarios del crimen organizado, lo que nos obliga a desentrañar las razones que hay detrás del fenómeno para buscar disminuirlo en el futuro.

Ejemplos de policías y militares que fueron reclutados por el narco

Miguel Ángel Félix Gallardo fue el capo más poderoso en los años 80 y el único que logró cohesionar a todas las bandas regionales en un megacártel de alcance casi nacional: el Cártel de Guadalajara. Pero lo que pocos saben es que comenzó su carrera como oficial de la Policía Judicial y como escolta del Gobernador de Sinaloa.

Desde esas posiciones, Félix Gallardo tejió la red de alianzas criminales que le permitió construir el Cártel de Guadalajara y también reclutó a otras figuras clave de dicho cártel, como es el caso de Juan José Esparragoza, “El Azul”, y Rafael Aguilar Guajardo, quienes trabajaban en la Dirección Federal de Seguridad.

Aguilar Guajardo fue enviado por Félix Gallardo a Ciudad Juárez para hacerse cargo de la plaza y más tarde fundó el Cártel de Juárez, además de ser mentor de Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”.

Por su parte, Esparragoza fue jefe de seguridad de Félix Gallardo por varios años y, después, una figura clave en la formación del Cártel de Sinaloa, en donde compartió el liderazgo con “El Chapo” Guzmán, “El Mayo” Zambada y Nacho Coronel.

También Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, líder y fundador del Cártel Jalisco Nueva Generación, formó parte en los años 90 de la Policía de dos municipios en Jalisco, Tomatlán y Cabo Corrientes; lo grave es que lo hizo después de haber sido arrestado en California por tráfico de drogas y ser deportado a México, lo que demuestra los nulos controles en el reclutamiento de los policías.

Pero quizá el caso más paradigmático es el de Los Zetas, que surgió de una unidad de élite de las Fuerzas Armadas, el Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), que desertó completa para incorporarse al Cártel del Golfo y convertirse en guardaespaldas de Osiel Cárdenas Guillén.

Para ello, Osiel se acercó primero a Arturo Guzmán Decena para que convenciera a sus compañeros de unirse al Cártel del Golfo. Por eso, 31 militares fueron reclutados, los cuales conformaron el núcleo inicial de Los Zetas, que incluyó a Heriberto Lazcano Lazcano, “El Lazca”, quien fue por años el líder de la organización a la muerte de Arturo Guzmán.

Las policías comunitarias tampoco se salvan, en especial las de Guerrero y Michoacán; por ejemplo, de sus filas surgieron los fundadores de Los Ardillos, Celso Ortega Rosas, “El Ardillo”, y el de Los Tlacos, Onésimo Marquina Chapa, “El Nencho”.

Mientras que, en el caso de Michoacán, en 2013, cuando Alfredo Castillo, enviado por Peña Nieto, uniformó a las autodefensas como policías comunitarios, incluyó en este cuerpo a Juan José Farías, “El Abuelo”, fundador de Cárteles Unidos; a Nicolás Sierra Santana, “El Gordo”, líder de Los Viagras, y a Miguel Ángel Gallegos, “El Migueladas”, que fundó el Cártel de Zicuirán.

Y uno de los ejemplos más recientes es el de Hernán Bermúdez Requena, que además de ser el Secretario de Seguridad de Tabasco, por designación de Adán Augusto López, también creó La Barredora, organización dedicada al robo de combustible y narcomenudeo, de la que fungió como líder hasta su arresto.

Con información: NOROESTE/ VICTOR MANUEL SANCHEZ VALDES/

«CLARO que TENGO MIEDO: INSEGURIDAD sigue CRECIENDO en REYNOSA RUMBO al 90% de CIUDADANOS INSEGUROS; lo dice el INEGI»… como si el crimen tuviera turno matutino, vespertino y nocturno.


La Encuesta Nacional de Seguridad Publica Urbana, ((ENSU) del segundo trimestre de 2026 , pinta al Tamaulipas administrado por Americo Villarreal,pero gobernado por el crimen organizado y en particular a Reynosa, como un territorio donde la inseguridad dejó de ser percepción y ya parece rutina institucionalizada: 86.6% de la gente (86.1% anterior) dice que vivir ahí se siente inseguro, casi nueve de cada diez personas caminando con el miedo a flor de piel.

Reynosa: la ciudad del “claro que tengo miedo”

En junio de 2026, Reynosa aparece entre las ciudades con mayor percepción de inseguridad del país, con 86.6%, por encima incluso del promedio nacional de 59.8%.

Eso quiere decir que mientras en buena parte de México el miedo “baja un poquito”, en Reynosa la sensación es que la cosa no mejora, sólo se reacomoda: menos discurso triunfalista, más gente que siente que salir a la calle es lanzar una moneda al aire.

Tamaulipas y sus islas de miedo

En el mapa urbano, Tamaulipas es un mosaico raro: Reynosa sobre 86%, Ciudad Victoria cerca de la mitad de su población sintiéndose insegura, mientras Nuevo Laredo logra bajar su propio indicador a 26.5%.

La lectura irreverente es simple: en un mismo estado tienes ciudades donde la autoridad presume control pero gobierna el crimen, y en otras donde el crimen gobierna a los mismos criminales,en el resto la gente sigue viviendo como si el crimen tuviera turno matutino, vespertino y nocturno

INEGI serio, realidad brutal

INEGI lo dice con su tono pulcro: “percepción de inseguridad por temor al delito”, “cambio estadísticamente significativo”, “áreas urbanas de interés”.

Traducido al lenguaje de la calle en Reynosa: la banda no se siente segura ni en la casa, ni en la calle, ni en el transporte, y el dato del 86.6% lo único que hace es ponerle traje de gala al miedo diario.

Con información: ENCUESTA NACIONAL DE SEGURIDAD PUBLICA URBANA 2026/ ENSU 2026 2.T