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viernes, 7 de noviembre de 2025

«AHÍ ESTUVO 11 MALDITOS AÑOS» «GOBIERNO CRIMINALMENTE INEPTO FINALMENTE le DIJO a la MADRE de MAGDALENA que su HIJA SI ESTABA en la MORGUE»…las de Tamaulipas por igual,estan llenas de miles de cadaveres sin identificar.


Once años. Once malditos años tuvo que esperar una madre para que el Estado de Jalisco,lider nacional en desaparecidos, le dijera lo que ya sabía desde el alma: que su hija estaba muerta. Magdalena Pérez López no resucitó del archivo, sino del polvo acumulado en una gaveta del Semefo, donde su cuerpo esperó a que alguien —por fin— hiciera su trabajo sin herramientas para hacerlo.

«Si no fallaba yo en Semefo, ¿por qué me la alargaron tanto?», pregunta M. de la Luz López Rodríguez, con una dignidad que ni once años de burocracia forense lograron desgastar. Y la respuesta la sabemos todos: porque las autoridades de Jalisco han hecho de la incompetencia una política pública, de la indolencia un oficio estable y del dolor ajeno un trámite más con sello y copia.

Mientras los funcionarios de la Fiscalía y el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses paseaban expedientes empolvados y presupuestos inflados, el cuerpo de Magdalena languidecía en una cámara fría como si no tuviera madre, como si no tuviera nombre. Y eso que la familia dejó ADN, testimonios y hasta las lágrimas que deberían bastar para que un sistema entero se moviera.

Pero no. Aquí, ni la ciencia ni la justicia se dan prisa. Porque la espera no se mide en horas de laboratorio, sino en el desprecio estructural con que este país trata a sus víctimas.

Ahora, Magdalena vuelve a Zapopan, no caminando, sino en un ataúd. Su madre la recibe entre huesos y cenizas, con el corazón agujerado pero digno: “Ya la tengo aquí”, dice. Y esa frase, tan sencilla, pesa más que todos los discursos del gobernador, los informes forenses y las conferencias de prensa juntas.

En este México que entierra mujeres por protocolo, no por justicia, lo de Magdalena no es un caso aislado: es una rutina que repite Tamaulipas y el resto del pais. Una cadena infinita de nombres, madres, búsquedas y mentiras oficiales.

Y mientras tanto, los culpables —de su desaparición y de la negligencia que la prolongó once años— siguen respirando el aire tibio de la impunidad.

Con informacion:REFORMA/

«TRISTE pero CIERTO»: «TERRITORIO donde CALDERON y MILITARES INAUGURARON el ENSANGRENTADERO NACIONAL sigue SIENDO TERRITORIO NARCO»…gobiernos de todos los partidos son y han sido un reverendo fracaso con MAYUSCULAS.


Hay muertes que se convierten en símbolos y, a veces, incluso en puntos de inflexión. El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ha detonado una protesta social pocas veces vista en Michoacán, tristemente acostumbrado al dolor y la impotencia. El estallido ha llevado incluso a reaccionar al Gobierno federal de Claudia Sheinbaum. Pero hace casi 20 años, apenas a unas cuadras de la plaza municipal donde acribillaron a quemarropa al alcalde, sucedió otro episodio que marcó la memoria reciente del país. 

La madrugada del 6 de septiembre de 2006, una veintena de tipos encapuchados con rifles de asalto y vestidos con uniforme de policía entraron a tiros en una discoteca. 

Antes de irse, sacaron de una bolsa cinco cabezas humanas y las dejaron sobre la pista de baile. Tres meses después de aquello, una de las primeras exhibiciones de narcoterror en México, el presidente Felipe Calderón anunciaba nada más al llegar al poder que sacaba a los militares a la calle. Daba comienzo la infausta guerra contra el narco y sus decenas de miles de muertos y desaparecidos.

Fue en Michoacán donde los cuarteles se abrieron por primera vez. Donde el presidente Calderón, vestido con una gorra verde oliva y chamarra militar con el águila y las cinco estrellas en la solapa, llegó al aeropuerto de Uruapan para decirle a la tropa del Michoacán profundo, Apatzingán, el corazón de la violencia en Tierra Caliente: “En este gran esfuerzo nacional, en el que ustedes están en la primera línea de batalla, lo que buscamos es detener el avance de la delincuencia”. La policía recogió aquel año 17 cabezas humanas de las calles y los asesinatos se duplicaron. Llegaron 6.000 soldados a Michoacán para enfrentar a los cárteles. El sexenio siguiente, Enrique Peña Nieto prolongó la estrategia. Y luego Andrés Manuel López Obrador pasó a tomar más distancia pero sin devolver a los militares a los cuarteles.

El histórico de cifras de violencia en Michoacán durante estos años es elocuente. En 2006, rozaron los 700 asesinatos. Hubo alguna reducción en el intervalo, pero el año pasado cerró en más de 1.000 muertos. Michoacán es el símbolo de la interminable crisis de seguridad de México, de las estrategias fallidas, de la corrosión de la política y la economía por el crimen organizado y de la evolución de las mafias: del negocio de la droga a la extorsión, a parasitar los jugosos negocios del Estado. Desde el aguacate de Uruapan, al limón de Tierra Caliente o las rutas comerciales con Asia desde el puerto Lázaro Cárdenas, uno de los mayores del Pacífico latinoamericano.

En Uruapan aún están velando a su alcalde, muy popular por enfrentar cara a cara al crimen. Pero también recuerdan las cabezas cortadas de 2006, las bombas en el Zócalo de la capital en 2008, los cadáveres colgando de los puentes, las desapariciones, las minas antipersona, los drones con explosivos. Hay velas, flores y carteles en el lugar exacto donde tirotearon a Manzo. La gente cruza la plaza y se detiene a leer los mensajes debajo de la sombra de árboles tropicales gigantes. Sin perder de vista a su nieto, que corretea por la plaza, un abuelo recuerda que “antes la violencia estaba más fea. Luego fue bajando algo. Pero esto es como las avispas: cuando las apedreas, pues ellas responden atacando. Así son los señores que están detrás de todo esto. Quieren sacar lana y en medio estamos el pueblo pobre que ya no sabe ni qué decir. Parece una maldición”, cuenta Benjamin García, un fontanero de 71 años que lleva tiempo sin trabajar por una lesión en la mano.

Esa maldición puede tener que ver con que Michoacán sea uno de los Estados más pobres del país -más del 40% de la población está por debajo del umbral de la pobreza- mientras que cuenta con motores económicos tan potentes como ser el primer productor mundial de aguacates, limón y frutos rojos; albergar una planta de acero de ArcelorMittal, la mayor acerera del mundo; o tener a gigantes chinos y europeos operando el puerto. El economista Carlos Heredia, asesor del gobierno estatal en 2002-2008 lo explica así: “No es que la violencia esté incrustada en el ADN de los michoacanos, es que aquí hay mucho dinero. Y eso es un imán para el crimen. Es un Estado rico con un pueblo pobre”.

La convulsa historia de Michoacán se remonta a las políticas desarrollistas herederas de la Revolución. El presidente Lázaro Cardenas, uno de los padres del México moderno, impulsó en los cincuenta una reforma agraria que potenció el desarrollo del campo. Pero ese impulso se fue ralentizando y los agricultores michoacanos pasaron a engrosar la filas de los braceros, el éxodo masivo de trabajadores del campo a Estados Unidos. “Esa decadencia propició la formación de grupos armados, delincuentes comunes dedicados al despojo de tierras y al robo. Y además, la salida de tanta gente a EE UU favoreció un cauce natural para el trasiego de droga en pequeñas cantidades. El resultado es un escenario actual donde los cárteles han diversificado sus actividades criminales y han aumentado su potencia de fuego como respuesta a la militarización”, explica la analista política especialista en Michoacán Lorena Cortés.

La evolución del crimen en Michoacán, sobre todo en el valle de Tierra Caliente, es una foto en movimiento de los diferentes cambios en el negocio y de los hitos de la crisis de seguridad. Desde los 60, el clima seco y caluroso de la zona propició los cultivos de marihuana. Durante esa primera época había incluso una cierta permisividad por parte de las autoridades. Pero la vista gorda se acabó en 1985 con el secuestro y salvaje asesinato del agente de la DEA, Kiki Camarena. Su cadáver fue encontrado en un rancho en Michoacán, cerca de la frontera con Jalisco. La presión de EE UU y los nuevos negocios cambiaron el panorama. Desde el puerto de Lázaro Cárdenas comenzaron a entrar precursores asiáticos para drogas sintéticas. Con el cambio de siglo, Michoacán se vuelve territorio Zeta, una mafia formada por desertores de un cuerpo de élite del Ejército mexicano.

Los Zetas, pioneros de la violencia extrema que llega hasta hoy, entraron de la mano de una mafia local y estrafalaria, La Familia Michoacana, con un espíritu pseudo-místico y regionalista. Fueron los responsables de las cabezas cortadas en la discoteca, junto a este mensaje: “Esto es justicia divina. La Familia no mata inocentes”. La alianza se rompió ese 2006 y la violencia se desbordó hasta límites inimaginables. Ya con los militares en las calles, los agricultores pobres se levantaron en armas formando grupos de autodefensas. El Gobierno de Peña Nieto se centró en capturar a los principales capos. Descabezadas las grandes organizaciones criminales, se produjo una nueva mutación: una galaxia de nuevos grupos atomizados y sedientos por sacar tajada de cualquier esquina. Llegó la extorsión, las minas antipersona, los drones con explosivos y hasta la aparición de mercenarios colombianos contratados por las mafias.

Así se llega al escenario actual, donde el gran protagonista del mapa criminal en Michoacán, y en gran parte del país, es el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Una mafia moderna nacida al calor de la decadencia de los carteles clásicos y que funciona más bien como una franquicia, una marca alejada de los códigos viejos del hampa, que se dedicaban a la droga y dejaban fuera la extorsión y el secuestro de la población. La pelea en Michoacán es CNJG contra todos: contra Carteles Unidos, que controla gran parte de Apatzingán y mantiene una batalla por la frontera con Jalisco que asola pueblos enteros. Contra Los Viagras, que someten la zona limonera. O contra los últimos remanentes de La Familia, situados en las zonas fronterizas con Guerrero y el Estado de México.

De hecho, en Michoacán tiene CNJG uno de sus bastiones. Se trata de Aguililla, el pueblo natal de su líder, El Mencho, uno de los criminales más buscado por la DEA. Durante meses llegó a funcionar prácticamente como una zona liberada de la autoridad del Estado, donde los criminales hacían y deshacían ante la mirada del Ejército, desplegado en los márgenes del pueblo. Un ejemplo de la política de contención implantada por el gobierno de López Obrador.

El asesor Heredia sintetiza cómo ha ido cambiando la relación entre crimen y política. “Hemos pasado de la tolerancia a la complicidad. Se volvió natural que el narco financiara campañas para influir, sobre todo, en los municipios. De ahí, se pasó a la asociación conjunta y ahora estamos en la subordinación. El crimen es el que decide qué se hace y matan al que se oponga”. Así le sucedió al alcalde Manzo, que tenía en la mira precisamente al Cartel Jalisco. O al productor de cítricos Bernardo Bravo, que alzó la voz contra las extorsiones a los agricultores en Tierra Caliente.

La penetración del crimen en la política también ha dejado casos sonados. En 2009, la Procuraduría General de la República acusó a Julio César Godoy, medio hermano del gobernador Leonel Godoy, de tener vínculos con La Familia Michoacana, poco después de que ganara las elecciones como diputado federal. En 2014, un hijo del gobernador de entonces, Fausto Vallejo, aparecía en un video charlando tranquilamente con un capo de Los Caballeros Templarios, escisión de la Familia Michoacana. Las imágenes mostraban al hijo del gobernador tomando cerveza con La Tuta mientras analizaban la situación del Estado. Cinco días después, el mandatario presentaba su renuncia.

La presidenta Sheinbaum ha reaccionado al estallido social de los últimos días en el Estado. Desde Apatzingán a la propia capital, se han sucedido las protestas clamando justicia y seguridad. La mandataria ha presentado un plan específico que implica el envío de fuerzas federales y la creación de oficinas de la presidencia en distintos municipios, comenzando con Uruapan. La iniciativa presidencial retoma algunas de las medidas aplicadas en sexenios anteriores. Como el envío en 2014 por parte de Peña Nieto de un comisionado especial para la seguridad y el desarrollo de Michoacán. 

La presidenta ha insistido en que su plan no implica militarizar al Estado o aplicar estrategias del pasado. Los analistas consultados para este reportaje piden tiempo para comprobar si esta nueva receta logra imponer algo de paz en esta tierra indomable.

Con informacion : David Marcial Perez/DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS

«CRECE y se TRIPLICA la EXTORSION en CDMX TRAS la ESTRATEGIA SESUDA de HARFUCH»…prometen mas seguridad y se dispara mas la inseguridad,quizá el problema no son las estrategias…sino los estrategas.


Cada vez que el gobierno anuncia que va a erradicar un delito, ese delito se multiplica como gremlin mojado. La extorsión, por ejemplo, luce hoy más robusta que nunca: se triplicó en un año. Sí, en esta ciudad donde los discursos de “seguridad integral” se dan con el mismo entusiasmo que los encabezados de campaña, las denuncias pasaron de 369 a 1,197 entre enero y septiembre. Un salto olímpico hacia el fracaso.

Omar García Harfuch, el hombre del “combate estratégico” y la “coordinación interinstitucional”, parece dirigir una coreografía de cifras. Cada rueda de prensa se siente como un parte de guerra triunfal… hasta que salen los números reales. Porque si en esta guerra contra la extorsión hay ganadores, no son los ciudadanos: son los extorsionadores, los policías corruptos y los funcionarios que confunden PowerPoint con política pública.

Basta revisar el panorama: 4.4 investigaciones al día, un 94 por ciento de cifra negra y empresarios pagando “derecho de piso” mientras miran al suelo con miedo. Los ciudadanos saben que denunciar es echar una moneda al aire: cruz, te ignoran; cara, te matan. En esa ruleta, la Secretaría de Seguridad presume 573 detenidos. Pero nadie explica por qué, pese al “éxito operativo”, los extorsionadores nuevos surgen más rápido que los boletos para un concierto de moda.

La historia de la madre que tuvo que entregar 50 mil pesos a policías para liberar a su hijo, o la del comerciante extorsionado por tipos con credenciales de la Cámara de Diputados, son apenas la superficie de un pantano profundo: el de la impunidad institucionalizada.

Y ahí está el discurso oficial: más carpetas, más detenciones, menos victimización. Una ecuación que solo cierra si se resuelve con fe. Porque en las calles, los números sostienen otra narrativa: la del miedo cotidiano, la del ciudadano que mejor paga antes que morir, la del país donde combatir un delito parece la mejor forma de multiplicarlo.

La CDMX bajo la estrategia nacional de Harfuch no necesita nuevos operativos, sino menos simulacros. Ya es hora de dejar los “anuncios preventivos” y enfrentar el hecho incómodo: mientras más se promete seguridad, más se dispara la inseguridad. Quizá el problema no son las estrategias… sino los estrategas.

Con informacion: REFORMA/

«SI QUIERES VIVIR en PAZ ,PREPARATE para la GUERRA ?»: «PACIFISMO BURROCRATICO del PLAN MICHOACAN de SHEINBAUM LLEGA TARDE como una MAFUFADA para LLEGAR SIN LLEGARLES»…hipocresia y calculo politico definen la agenda de seguridad.


Un artículo de Carlos Marín en Milenio,plantea una fuerte crítica al denominado “Plan Michoacán por la Paz y la Justicia”, lanzado por la presidenta Claudia Sheinbaum, destacando la falta de respuesta efectiva ante el reclamo directo de combatir la delincuencia en municipios como Uruapan.

«Si quieres vivir en paz, prepárate para la guerra»

La vieja máxima latina, «si quieres vivir en paz prepárate para la guerra», tiene su raíz en el tratado militar “Epitoma rei militaris” (De re militari) del escritor romano Publio Flavio Vegecio Renato, quien aconsejaba a Roma mantener la disciplina bélica para asegurar la paz ante amenazas externas e internas. La frase no está orientada a glorificar el conflicto, sino a advertir la necesidad de fuerza y preparación como mecanismos disuasorios: solo un Estado capaz de defenderse y responder efectivamente puede mantener la paz y proteger a sus ciudadanos.

Crítica al Plan Michoacán

Tal como expone Marín, el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia se presenta amplio pero vago, con múltiples ejes de acción educativa, cultural y de desarrollo, pero sin responder a la demanda principal: combatir de frente a la delincuencia. Las medidas anunciadas —reforzamiento de la denuncia anónima, mesas de seguridad quincenales, nuevas fiscalías— continúan el ciclo de burocracia y consultas, mientras la urgencia real de seguridad permanece postergada.

La petición de Carlos Manzo,el alcalde asesinado de Uruapan era directa y clara: apoyo concreto para enfrentar el crimen organizado. El regidor sobreviviente subraya que la respuesta llegó demasiado tarde y que, a pesar de promesas presidenciales, el Estado nunca respondió con la fuerza y prontitud necesarias para evitar la tragedia.

Argumentos en Contra del Pacifismo Burocrático

El autor sostiene que la paz no se logra sólo mediante programas sociales ni festivales culturales, sino con presencia efectiva, pero ademas menos reactiva del Estado y capacidad de despliegue policial y militar. 

Esperar que el desarrollo económico y la oferta educativa basten para desmantelar redes criminales es una postura ingenua ademas de hipocrita ante la realidad violenta de Michoacán. 

Sin la preparación y disposición para la confrontación —como advierte la frase de Vegecio— los resultados seguirán siendo insuficientes y los ciudadanos continuarán a merced del crimen, esperando por una paz que jamás llega.

La lógica ancestral del adagio latino desafía las estrategias contemporáneas que evitan enfrentarse de lleno al problema de la criminalidad. Mientras no exista una respuesta contundente y una preparación sólida para la guerra contra el crimen, la “paz” anunciada será apenas un eslogan vacío, incapaz de revertir la inseguridad en la entidad.


Asi lo escribio Marin

El Plan Michoacán por la Paz y la Justicia que anunció la presidenta Claudia Sheinbaum es tan amplio como vago.

Indeterminada, la idea rebasa la sencilla, precisa y reiterada petición de Carlos Manzo: que la mandataria —en persona o a través de los titulares de Seguridad Pública federal y la Secretaría de la Defensa— visitara Uruapan y conociera el calvario que padece el segundo o cuarto municipio más peligroso de México.

La súplica del alcalde victimado fue siempre una sola: que se le apoyara combatiendo a la delincuencia.

El ofrecimiento presidencial parece mucho más “profundo” y vasto que la urgente, sencilla y explicable petición de Manzo, pero se ignoró tanto su clamor que lo prometido parece responder a una simple mala conciencia.

Según Sheinbaum, se atenderán las causas de la criminalidad y se fortalecerá la coordinación con autoridades locales de todo Michoacán con tres ejes principales:

a) Seguridad y justicia, coordinación entre la Guardia Nacional, la Secretaría federal de Seguridad y la Fiscalía michoacana; la creación de una fiscalía especializada para delitos de alto impacto, mesas de seguridad quincenales, sistema de alerta para presidentes municipales y fortalecimiento de la denuncia anónima por extorsión.

b) Desarrollo económico con justicia, programas para garantizar seguridad social y salario digno a trabajadores agrícolas; inversión en infraestructura rural y polos de bienestar productivo.

c) Educación y cultura para la paz mediante la implementación de “escuelas de paz” y centros comunitarios de deporte y cultura, becas de transporte para estudiantes universitarios y el festival anual Voces de Michoacán.

Para llevarlo a cabo, el gabinete federal de seguridad recorrerá el estado y recogerá propuestas antes de presentar la versión definitiva.

O sea: no solo va para largo sino que nada de lo que resulte satisfaría la única demanda de El del Sombrero: respaldo para enfrentar a los delincuentes.

Sheinbaum dijo que la elaboración del proyecto “se fortalecerá con las opiniones de los pueblos originarios, de las mujeres, de los jóvenes, de las autoridades tradicionales, municipales, estatales, de trabajadores del campo, de los sectores productivos y sociales, de las víctimas y de las familias. Parte de una convicción profunda: la seguridad no se sostiene con guerras, sino con justicia, con desarrollo y con respeto a la vida. La paz no se impone con la fuerza, se construye con las personas, con las comunidades y con el trabajo cotidiano de quienes aman su tierra…”.

Entrevistado por Adela Micha, el sobreviviente regidor de Uruapan Víctor Hugo de la Cruz Saucedo, herido en el atentado contra Manzo, dijo que el plan llegará tarde.

Recordó que el alcalde asesinado vino pidiendo de manera reiterada un auxilio que jamás llegó. “No se escuchó a tiempo”, reprochó.

A Sheinbaum, ironizó, “la seguimos esperando; que venga y dé la cara al pueblo”, porque en Uruapan “solo se le vio en campaña pidiendo que votaran por ella y nunca regresó…”. 

Con informacion: Carlos Maron/Milenio/

«DEBIA ser INVERSION y HAN SIDO GASTO»: «MICHOACAN es el MONUMENTO NACIONAL de la INEPTITUD MILITAR y GUBERNAMENTAL»…miles con Calderón, Peña, AMLO o Sheinbaum—solo cambian el número de muertos, no el resultado.


La estrategia de seguridad en Michoacán es y ha sido el monumento nacional a la ineptitud militar: décadas de promesas, cuarteles y soldados para nada. Cada sexenio presume un “nuevo modelo” y lo único que se acumulan son los cadáveres, los informes de extorsión y las familias desplazadas. ¿Inversión en seguridad? La palabra correcta es gasto vulgar, despilfarro institucional, que sólo sirve para engordar estadísticas y alimentar el ego de funcionarios en turno, que parece que funcionan, pero funcionan, cuando se advierte que la violencia funciona mejor y se esparce.

El absurdo del costo-beneficio

No hay cálculo económico que maquille la realidad: en Michoacán, la seguridad no es una inversión, es una fuga sin retorno. Mandar miles de militares cada año—con Calderón, Peña, AMLO o Sheinbaum—solo cambia el número, no el resultado. Los cuarteles crecen como plaga, las bases mixtas se multiplican, pero la Tierra Caliente sigue ardiendo y los limoneros siguen pagando cuota bajo amenaza de muerte.

Ensayos y fracasos reiterados

Felipe Calderón quiso hacer historia y terminó desatando los infiernos; Peña Nieto inauguró la era de los “autodefensas” y luego les puso cabeza de director en la Comisión de Seguridad; la 4T construyó decenas de bases, pero no hubo paz, sino récords de ejecuciones. Ahora, Sheinbaum nuevos planes y caravanas burocráticas. ¿Alguien espera que la presencia de burócratas en la región detenga las balas? El cinismo es tan grande que se anuncia “operativos especiales cada mes”, mientras los criminales ajustan cuentas en público y la población sobrevive entre el miedo y el desencanto.

En cifras:

En la administración de AMLO se enviaron a Michoacán 3 mil 372 militares, en promedio al año; mientras que en lo que va de la gestión de Sheinbaum se han desplegado mil 310.

El panista michoacano y Presidente Felipe Calderón, quien en diciembre de 2006 inició en esa entidad la llamada «Guerra contra el Narco», desplegó en promedio a mil 593 militares cada año; mientras Enrique Peña rompió récord al mandar a 5 mil 29 efectivos, para afrontar el levantamiento de grupos de autodefensas que presuntamente buscaban combatir a «Los Caballeros Templarios» y su líder Servando Gómez, «La Tuta».

En 2014, Peña creó la Comisión para la Seguridad de Michoacán, y designó a Alfredo Castillo como su representante en esa entidad, con la intención de contener a dichos grupos.

Durante los gobiernos de la 4T se han construido 65 bases mixtas para la operación de fuerzas militares y estatales, 23 de las cuales se ubican en la región de Tierra Caliente, donde en menos de dos semanas fueron ejecutados el líder limonero Bernardo Bravo y el Alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, en medio de una ola incontenible de extorsiones y violencia regional.

Ahora Sheinbaum anunció el «Plan Michoacán por la paz y la justicia», para lo cual desplegará a integrantes de su gabinete en la entidad, quienes junto con autoridades locales buscarán soluciones a los problemas michoacanos.

Los resultados: muerte y extorsión

La lista de víctimas es interminable: alcaldes asesinados, regidores ejecutados, empresarios plagiados, limoneros extorsionados, aguacateros acribillados y narcominas explotando. Michoacán nunca tuvo seguridad, lo único que le han garantizado los gobiernos es la perpetuidad de la violencia y la simulación de estrategias. No hay inversión posible mientras el dinero se destina a lo militar y se olvida lo social; no hay paz si la justicia se administra como promesa electoral.

La seguridad en Michoacán es, y sigue siendo, el mejor negocio para quienes nunca han pagado el precio de la inseguridad. Los gobiernos gastan, los criminales facturan, y la sociedad, desde hace más de 20 años, continúa azotada sin beneficio alguno, al menos para los ciudadanos,por que a Generales si les va bien y la inseguridad parece ser el negocio.

Con informacion: ELNORTE/

«NO FUE por TELEFONO,FUE FRENTE a la POLICIA»:»CRIMEN ORGANIZADO le COBRA CUOTA a JORNALEROS para PERMITIRLES IR a TRABAJAR»…la extorsion fue efectiva, en efectivo y frente a efectivos.

Mientras la estrategia farsante y ramplona de Omar Garcia Harfuch presume combate a la extorsion con cifras amañadas y se felicita por “combatir la modalidad telefónica”, en la Montaña de Guerrero el crimen organizado como el de Tamaulipas o el resto del pais no se inmutan y no lo hacen por telefono,lo hacen de manera efectiva con cobros en efectivo y frente a efectivos de la policía que parecen diseñados para no ver.

Casi mil jornaleros —hombres, mujeres y niños— partieron en 13 autobuses desde Tlapa, Copanatoyac, Cualac, Metlatónoc y Atlixtac con la esperanza de ganarse la vida en Sinaloa y Guanajuato, pero antes debieron pagar su “boleto de protección” de cinco mil pesos por camión, cortesía de una dama muy eficiente que llegó a cobrar la cuota justo frente a las instalaciones de la Unidad de Servicios Integrales de Tlapa. Nada de misterio: cobró, contó billetes y se fue. Todo ante los ojos amables de los policías estatales, que respondieron con su ya legendaria frase: “No podemos hacer nada, mejor vayan a denunciar”.

Desde 2024, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan viene advirtiendo sobre estas extorsiones, pero la realidad los ha rebasado por el lado violento: ahora los criminales no solo cobran, también destruyen. Quien no paga pierde vidrios, llantas o dientes, según la intensidad del mensaje. Un grupo de jornaleros de Metlatónoc, que se resistió a pagar, fue asaltado sobre la carretera federal Tlapa-Puebla, a la altura de Jilotepec, por hombres armados que les dejaron claro cómo se tramita la “cooperación voluntaria”.

Nadie sabe si hubo heridos. En esas montañas la señal de celular desaparece igual que la presencia del Estado.

Mientras tanto, el éxodo anual continúa: hasta el 15 de noviembre seguirán saliendo más de mil quinientos jornaleros hacia los campos del norte y el bajío, firmando contratos con empresas que se benefician de su trabajo, pero poco dicen sobre las cuotas criminales que deben pagar antes de empezar la jornada.

Las autoridades, por su parte, siguen discutiendo cómo atender la extorsión… a distancia, claro, desde un cómodo escritorio y distraídos con los incendios en Sinaloa,Michoacan y los que estan por arder…mas.

Con informacion: ELNORTE/