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viernes, 7 de noviembre de 2025

«AHÍ ESTUVO 11 MALDITOS AÑOS» «GOBIERNO CRIMINALMENTE INEPTO FINALMENTE le DIJO a la MADRE de MAGDALENA que su HIJA SI ESTABA en la MORGUE»…las de Tamaulipas por igual,estan llenas de miles de cadaveres sin identificar.


Once años. Once malditos años tuvo que esperar una madre para que el Estado de Jalisco,lider nacional en desaparecidos, le dijera lo que ya sabía desde el alma: que su hija estaba muerta. Magdalena Pérez López no resucitó del archivo, sino del polvo acumulado en una gaveta del Semefo, donde su cuerpo esperó a que alguien —por fin— hiciera su trabajo sin herramientas para hacerlo.

«Si no fallaba yo en Semefo, ¿por qué me la alargaron tanto?», pregunta M. de la Luz López Rodríguez, con una dignidad que ni once años de burocracia forense lograron desgastar. Y la respuesta la sabemos todos: porque las autoridades de Jalisco han hecho de la incompetencia una política pública, de la indolencia un oficio estable y del dolor ajeno un trámite más con sello y copia.

Mientras los funcionarios de la Fiscalía y el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses paseaban expedientes empolvados y presupuestos inflados, el cuerpo de Magdalena languidecía en una cámara fría como si no tuviera madre, como si no tuviera nombre. Y eso que la familia dejó ADN, testimonios y hasta las lágrimas que deberían bastar para que un sistema entero se moviera.

Pero no. Aquí, ni la ciencia ni la justicia se dan prisa. Porque la espera no se mide en horas de laboratorio, sino en el desprecio estructural con que este país trata a sus víctimas.

Ahora, Magdalena vuelve a Zapopan, no caminando, sino en un ataúd. Su madre la recibe entre huesos y cenizas, con el corazón agujerado pero digno: “Ya la tengo aquí”, dice. Y esa frase, tan sencilla, pesa más que todos los discursos del gobernador, los informes forenses y las conferencias de prensa juntas.

En este México que entierra mujeres por protocolo, no por justicia, lo de Magdalena no es un caso aislado: es una rutina que repite Tamaulipas y el resto del pais. Una cadena infinita de nombres, madres, búsquedas y mentiras oficiales.

Y mientras tanto, los culpables —de su desaparición y de la negligencia que la prolongó once años— siguen respirando el aire tibio de la impunidad.

Con informacion:REFORMA/

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