La historia ya estaba escrita desde 2018, pero han decidido ignorarla transexenal y sistemáticamente.
Reforma lo documentó con números oficiales: más soldados en las calles… y más homicidios. Así de simple, así de brutal. El sexenio de Peña Nieto cerró rompiendo su propio récord de despliegue militar —casi 55 mil efectivos— al mismo tiempo que rompía el récord de asesinatos. Antes, Calderón había hecho lo propio: militarizar y disparar la violencia hasta niveles inéditos.

La promesa era control. El resultado fue acumulación de muertos.
Y no fue un error de cálculo momentáneo. Fue una tendencia desde 2007. En 2011, con más de 52 mil elementos desplegados, México vivía uno de sus picos más violentos. En 2013 bajaron los efectivos… pero la violencia nunca se fue. Para 2018, ante el desborde, regresaron a la misma receta: más Ejército, más marinos, más presencia. ¿El resultado? El mes más violento registrado hasta entonces y un sexenio que superó en homicidios al anterior.

Hoy, años después, la gráfica de TResearch es todavía más clara —y más incómoda—: México pasó de decenas de miles de asesinatos anuales a más de 200 mil en un solo sexenio.

De 35 homicidios diarios en los noventa a casi 100 en los años más violentos de AMLO, los mismos que hoy se usan para presumir una diferencia con solo verse al espejo. Mientras tanto, ya acumulamos casi 43 mil, y si el ritmo de 67 diarios no cede, podrían ser entre 128 mil y 150 mil cadáveres más, atrapados entre la intermitencia de las cifras y la terca realidad que no ayuda.
Y Sinaloa lo exhibe sin maquillaje: la entidad con mayor presencia militar del país… y al mismo tiempo una de las más violentas. El “control” armado conviviendo con cifras de homicidio que lo desmienten todos los días.
Esto ya no es debate ideológico, es evidencia acumulada. La militarización en México no ha contenido la violencia: la ha acompañado. Sexenio tras sexenio, gobierno tras gobierno, con distintos eslóganes pero con el mismo resultado.
El problema es más profundo que cualquier narrativa oficial: se normalizó una estrategia que no funciona. Y peor aún, se volvió la única.
Porque en México la seguridad no se corrige, se hereda. Y así, lo que empezó como una medida extraordinaria terminó convertido en política permanente… aunque los muertos sigan marcando lo contrario.
Con informacion: NOROESTE/ REFORMA 2018/

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