En Tamaulipas ya no saben ni cómo disfrazar el olor a fuga: se escapa un ex GOPE multiasesino , aparece la clásica promesa de recompensa, se activan los reflectores y, como siempre, la verdad queda enterrada debajo de una cortina de “investigación en curso” que desde el inicio oculto la identidad del fugado, un ex-miembro del Grupo de Operaciones Especiales (GOPES) ,identificado en medios como José Arturo “A” o José Arturo “N”, ligado a la masacre de Camargo ocurrida en el ejido Santa Anita el dia 22 de enero de 2021, cuando 19 personas fueron asesinadas y calcinadas bajo el gobierno panista de Francisco Javier García Cabeza de Vaca,quien primero quisó culpar al Cartel del Golfo.
El fiscal de Justicia Jesús Eduardo Govea Orozco entra aquí como personaje imposible de ignorar. No sólo encabeza la narrativa de búsqueda e investigación para dar con el paradero del prófugo, sino que carga sobre la espalda un pasado que él mismo ha intentado explicar como persecución, mientras reportes periodísticos lo conectan con el expediente de Matamoros de 2001, cuando fue detenido por su presunta participación en la fuga de “El Kelin”, un lugarteniente de pesos y de «pesos» del capos Osiel Cardenas Guillen.
Y aunque Govea niega vínculos con el crimen organizado y sostiene sin pruebas que todo fue un operativo arbitrario aunque paso 7 meses recluido en un penal de alta seguridad, que otra vez mangonea Cardenas Guillen, el antecedente criminal no desaparece: en un estado donde la desconfianza al gobernador Americo Villarreal es latente, casi deporte estatal, tener a un fiscal con ese historial y luego verlo administrar otro caso de fuga no ayuda precisamente a disipar sospechas.
Del otro lado está el general Arturo Pancardo, que salió a escena con la serenidad del funcionario que no quiere salpicarse, mientras la fuga se pudre en la cancha ajena: la Fiscalía investiga, la SSP “colabora”, los custodios ya detenidos después de decir que no , y el expediente avanza con la velocidad típica de la justicia tamaulipeca, esa que siempre corre cuando ya se escapó el culpable.
Lo que huele raro no es sólo la evasión; es la coreografía completa: un fugado de alta peligrosidad que sabe demasiado de algo nunca totalmente aclarado , una recompensa de 300 mil pesos, custodios ahora presos, autoridades repartiendo responsabilidades y una información pública tan recortada desde el inicio que parecia diseñada para proteger la fuga más que para esclarecer su paradero.
Y luego viene la joya: la prensa actuando como tonto útil. En vez de exigir el nombre completo del prófugo, la ruta de custodia, los responsables directos y el porqué de tanto enredo, muchos medios replicarón el boletín en modo servil, como si su trabajo fuera aplaudir la opacidad gubernamental en vez de romperla.
Cuando el nombre se reserva, cuando los detalles se fragmentan y cuando la versión oficial llega mascando chicle, el mensaje real es otro: aquí alguien quiere que la fuga parezca accidente y no síntoma de un mal gobierno que se parece tanto al que le antecedió.
La sospecha se vuelve más incómoda por el antecedente del propio Govea. En publicaciones periodísticas y declaraciones difundidas por el propio fiscal, él reconoce que fue detenido en 2002 en Matamoros por un caso vinculado a una supuesta red de protección al crimen organizado, aunque insiste en que fue un procedimiento ilegal y que terminó liberado sin exhibir documentales que prueben fue absuelto y no dejado en libertad por cansancio procesal.
El pasado de Govea no prueba por sí solo una maniobra presente, pero sí explica por qué cualquier fuga que pase por sus manos no se lee como un simple tropiezo administrativo, sino como una escena donde demasiados actores parecen saber exactamente qué no deben decir.
Con informacion: Noticiero de Victoria/MEDIOS/REDES

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: