Mientras en Chihuahua y la federación se rasgan las vestiduras discutiendo si aceptar ayuda de agencias estadounidenses es traición a la patria y violacion a la Ley de Seguridad Nacional que se saco de la manga un ex-presidente que como tonto útil fue colaborador del narco que le dejo estela de 202 mil cadaveres por todo el pais, la realidad —esa que no cabe en conferencias ni discursos— volvió a disparar a quemarropa.
El pasado 22 de abril, en un negocio de granos llamado «Agro Cali», no hubo debate geopolítico ni análisis de soberanía: hubo balas, plomo vil. Un sujeto armado irrumpió y atacó directamente a un grupo de mujeres. Entre ellas estaba Lina Alejandra Rodríguez Castillo, secretaria nacional de la Asociación de Mujeres Ganaderas de México (MUGAM), quien murió en el lugar.
Así, sin protocolo, sin comunicado previo, sin narrativa oficial que maquille el hecho: ejecutada.
Rodríguez Castillo no era una figura decorativa. Era, según la propia Unión Ganadera Regional de Chihuahua, una “mujer decidida”, impulsora del capítulo estatal de MUGAM y promotora de capacitación para mujeres en el sector agropecuario.

Es decir, exactamente el tipo de perfil que los discursos institucionales presumen… hasta que aparece en la estadística de homicidios,la peor de la historia,de acuerdo con el ángulo y haciendo a un lado las reducciónes amañadas.
El organismo ganadero reaccionó como dicta el manual: condena categórica, llamado al Estado de Derecho y exigencia de condiciones de seguridad. El problema es que ese mismo guion lleva años repitiéndose mientras la violencia avanza con mucha más eficiencia que cualquier estrategia oficial.
Porque mientras arriba se discute si la CIA o la DEA si, o la DEA y la CIA no, si cooperación o soberanía, abajo la ecuación es mucho más simple: quien tiene el arma, manda.
En redes sociales, sus compañeras la despidieron como “fuerte, soñadora y apasionada”. En el terreno, esas cualidades no alcanzaron para blindarla de un contexto donde ser visible, liderar o simplemente estar en el lugar equivocado puede costar la vida.
Y como ya es costumbre en estos casos: no hay detenidos, no hay móvil claro y no hay respuestas. Solo otro expediente que se suma al archivo interminable de violencia en zonas productivas, donde trabajar, organizarse o crecer económicamente parece cada vez más una actividad de alto riesgo.
Así que mientras el debate público se entretiene midiendo niveles de patriotismo que rayan en lo patriotero, en Chihuahua la pregunta sigue siendo mucho más incómoda y mucho menos ideológica: ¿quién controla realmente el territorio?
Porque, al final, los discursos no matan… pero tampoco protegen.
Con informacion: ELNORTE/

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