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jueves, 30 de abril de 2026

«QUE VA HACER SHEINBAUM ?»: «ENTREGA NARCOGOBERNADOR y RESTO de MORENOS o deja TRUMP MADURE MANDAR por ELLOS como MADURO»…es la oportunidad de CSP de hacerlo bien,en vez de verse bien.


Del otro lado del Río Bravo no solo están pidiendo cooperación, la estan pidiendo por los canales formales, esos en los que Mexico ahora se niega ,cuando habia estado colaborando al extraditar sin demoras,ni prejuzgar las pruebas que ahora cuestiona,pues esta vez el nombre en la portada no es un capo de apodo folclórico, sino un gobernador de Morena en funciones: Rubén Rocha Moya. 

La acusación, según la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, no es menor ni decorativa: encabezar —dicen— un “narcogobierno” que habría operado como socio político del Cártel de Sinaloa.

El expediente que presenta Washington es el manual clásico de crimen politicamente organizado: pactos con “Los Chapitos”, intimidación de adversarios, robo de boletas y una red institucional aceitándose con sobornos mensuales. 

Todo esto, aderezado con un ingrediente particularmente tóxico en términos jurídicos: la presunta participación en el asesinato de un colaborador de la DEA. Ahí ya no estamos hablando de política doméstica; estamos en terreno donde Estados Unidos históricamente deja de pedir permiso.

En México, la reacción es la de siempre: calma institucional, cejas levantadas y la FGR diciendo que “no hay pruebas suficientes”. Traducción política: aquí no hay prisa. Del lado estadounidense, el mensaje es otro: si hay jurisdicción, hay caso. Y si hay caso, hay persecución.

Ahora, la pregunta clave —y donde se pone interesante el asunto—: ¿puede Donald Trump (o cualquier administración estadounidense) realmente “venir por ellos” si México no entrega?

La respuesta corta: no tan fácil. La larga: depende de cómo escalen.

Aunque la vía formal es el tratado de extradición México–Estados Unidos (1978), que exige doble incriminación, evidencia suficiente y el visto bueno de autoridades mexicanas, si México no coopera y la extradición no camina, del otro lado del Río y la valla,Estados Unidos con un Presidente como Donald Trump,podria repetir la hazaña de Venezuela y simplemente cruzar la frontera para detener con fuerzas de elite de EE.UU a un gobernador mexicano, que se puede interpretar como dinamitar el derecho internacional y provocar un conflicto diplomático mayor.

Pero aquí entra el “plan B” estadounidense, que no es nuevo ni hipotético:

  • Jurisdicción extraterritorial: Si los delitos afectan a EE.UU. (narcotráfico, lavado, asesinato de agentes o colaboradores), las cortes federales pueden reclamar competencia aunque los hechos hayan ocurrido en México. Ya lo han hecho múltiples veces.
  • Acusaciones selladas y órdenes de arresto: Si los señalados pisan territorio estadounidense (o países aliados), pueden ser detenidos. Sin espectáculo previo.
  • Designaciones y sanciones financieras: Congelamiento de activos, bloqueo de operaciones y muerte financiera internacional. Aquí no necesitas extradición; necesitas sistema bancario.
  • Operaciones indirectas: Históricamente, EE.UU. ha usado capturas “creativas” (léase: borderline legales) cuando considera que hay interés nacional superior. No es la regla, pero tampoco es ciencia ficción.

Ejemplo claro: varios capos mexicanos fueron procesados en Nueva York por conspiración para introducir drogas, aunque jamás tocaron físicamente suelo estadounidense durante los hechos. La clave jurídica es simple: si la droga iba para EE.UU., el delito “ocurre” también ahí.

Ahora bien, el caso Rocha tiene un ingrediente más delicado: es un funcionario en funciones. Eso mete variables políticas que el derecho no puede ignorar. México podría negar la extradición argumentando soberanía, falta de pruebas o incluso inmunidad de facto mientras ejerza el cargo. Pero eso no limpia el expediente en EE.UU.; solo lo congela en territorio mexicano , una pésima decisión del oficialismo Moreno.

Y aquí viene el punto incómodo: cuando Washington acusa públicamente a ese nivel, rara vez es para “ver qué pasa”. Es porque ya decidió que el costo diplomático vale la pena o que el expediente es lo suficientemente sólido para presionar.

Mientras tanto, en Sinaloa, el gobernador que llegó al cargo con ayuda del narco y Américo Villarreal como delegado de Morena, dice que “no va a pasar nada”. Puede que tenga razón…en el muy corto plazo. Pero en términos legales internacionales, “no pasa nada” suele significar “todavía no”.

Porque si algo ha demostrado la justicia estadounidense es paciencia quirúrgica: los casos no se caen, se estacionan. Y cuando se mueven, no preguntan dos veces.

La verdadera incógnita no es si Estados Unidos puede venir por ellos. Es cuándo, cómo… y con qué nivel de tolerancia política de este lado del río.

Con informacion: ELNORTE/

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