El contralmirante Fernando Farías Laguna no sólo carga con una orden de extradición desde Argentina por presunto huachicol fiscal: ahora mas que salvarse quiere hundir el barco que comandaba su tío politico y ex-secretario de Marina,el Almirante Rafael Ojeda a quien segun su defensa, dice —“yo sí avisé”—, respaldado por conversaciones de WhatsApp.
Sí, WhatsApp. Porque en México los escándalos de contrabando de huachicol fiscal de combustible via marítima, también se documenta entre mensajitos y no solo entre navales,tambien entre militares y el Cartel del Golfo en Tamaulipas.
Farías fue detenido el jueves en Argentina. Su hermano, Manuel Roberto Farías, cayó desde septiembre del año pasado. Ambos no son cualquier pieza: son sobrinos políticos del propio Ojeda y están señalados como cabezas de una red que, según las acusaciones, movió nada menos que 31 buques cargados de combustible ilegal entre Altamira y Tampico entre 2024 y 2025. No es ordeña de ducto: es huachicol de alta mar, con logística de Estado y uniforme naval d gala.
La defensa, encabezada por el abogado Mendieta, intenta reconfigurar la narrativa: Farías no era parte de la red, sino víctima de un señalamiento que —dice— él mismo reportó a la superioridad naval. Y aquí entra el episodio clave.
El denunciante original, el también contralmirante Fernando Rubén Guerrero, habría buscado a Farías para que lo conectara directamente con Ojeda. Guerrero traía información que implicaba a los hermanos Farías en el contrabando. Se reúnen el 31 de mayo de 2024 en un restaurante de Villa Coapa —todo apunta a un Sanborns, porque en la carpeta de la FGR hay hasta foto del encuentro, como si fuera cita de espionaje con combo de enchiladas suizas.
Según la versión de la defensa, Farías escucha, se indigna y sale con una declaración digna de deslinde institucional: “yo no estoy metido en ese desmadre, mi nombre lo están utilizando y ahorita lo reporto”. Acto seguido, mensaje directo por WhatsApp al almirante Ojeda. Caso cerrado… al menos en su versión.
El problema es que ese supuesto “yo sí avisé” todavía no existe oficialmente: las conversaciones no han sido entregadas a la FGR. Mendieta dice que ya saldrán… si el caso llega a juicio en México. Es decir, la prueba clave está guardada, por ahora, en el cajón de las promesas estratégicas.
Mientras tanto, la cronología se vuelve incómoda.
- Abril de 2024: Ojeda recibe en su oficina al denunciante Guerrero.
- Mayo de 2024: Guerrero se reúne con Farías en Villa Coapa.
- Octubre de 2024: ya con Sheinbaum en la Presidencia, el nuevo titular de Semar, Raymundo Pedro Morales, también recibe a Guerrero.
- Noviembre de 2024: Guerrero es ejecutado en Manzanillo, Colima.
El denunciante habló con todos los niveles… y terminó muerto. En México, eso suele ser más que una coincidencia narrativa.
Para añadir otra capa, el 7 de septiembre de 2025, cuando estalla públicamente el caso con detenciones de marinos, el entonces fiscal Alejandro Gertz Manero soltó un dato que intenta blindar a la cúpula: aseguró que dos años antes Ojeda le había pedido investigar a todos los elementos de la Armada potencialmente vinculados al huachicol. Traducción política: “sí se sabía, sí se investigaba… pero aun así ocurrió”.
Y ahora el caso se desborda hacia lo internacional.
México quiere de vuelta a Farías por la vía rápida: deportación, bajo el argumento de que entró a Argentina con documentos falsos. La defensa responde con otro clásico: solicitud de asilo político ante el gobierno de Javier Milei.
Pero el expediente ya se contaminó de geopolítica.
Claudia Sheinbaum, desde Barcelona, pidió la liberación de Cristina Fernández de Kirchner —archienemiga de Milei y condenada por corrupción—, y casi en paralelo exige a Argentina que le entregue a un contralmirante acusado de contrabando masivo de combustible.
No es exactamente el mejor clima diplomático para pedir favores.
La propia Sheinbaum lo dejó claro: quieren deportación inmediata; si no, vendrá la extradición. Todo bajo el argumento de ingreso ilegal con pasaporte falso. Legalmente sólido, políticamente enredado.
En el fondo, el caso Farías exhibe algo más incómodo que un par de chats de WhatsApp: una cadena de advertencias, reuniones al más alto nivel, un denunciante asesinado y una red que operó —según las acusaciones— durante meses moviendo barcos enteros sin que nadie, oficialmente, “se diera cuenta”.
Y ahora la defensa apuesta a que todo se reduzca a un mensaje enviado a tiempo.
En México, a veces, eso basta para ensuciar todo el aparato ,pero no alcanza para limpiar un océano de combustible ilegal donde todos han sido parte del todo.
Tan solo basta con voltear a ver la falta de arrestos cuando el combustible se decomisa por millones: asi pasa cuando el sistema no puede disparar sin temor de plomerse las patas que chacualean en huachicol.
Con información: ELNORTE/

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