En Tamaulipas, gobernado por Morena y Americo Villarreal, donde el discurso oficial habla lo mismo “humanismo que transformación o austeridad» con la misma ligereza con la que se reparten cargos a la familia y que en Oaxaca ya hizo el pueblo que los corrieran a todos, la realidad suele filtrarse en forma de fotos.

Fotos que ha presumido el mismo Américo Villarreal Santiago —el “Ameriquín” para los cuates— no como delegado de Bienestar en Coahuila ,ni como heredero de una dinastía política, sino como orgulloso instructor de una tradición menos institucional: enseñar a su hijo a matar su primer venado, lo que desató la critica, como publicó REFORMA.

La escena, subida sin pudor a redes sociales por el junior, tiene todos los elementos del ritual aspiracional: padre, hijo, rifle, trofeo y una narrativa cuidadosamente barnizada de “cacería responsable”.
El menor colocaba un cintillo rojo en los cuernos del animal mientras el padre celebra el momento como si se tratara de un logro formativo, casi pedagógico. No faltó la frase con pretensión ecológica, esa de que cazar también es conservar, como si el sacrificio del venado fuera parte de un programa de bienestar… pero para la fauna.
Las reacciones en aquel entonces, no tardaron. Entre felicitaciones de círculo cercano y aplausos de quienes confunden tradición con impunidad simbólica, también brotó el otro México digital: el que no compra la narrativa.
Ahí, sin filtros, lo llamaron por lo que parecía: un funcionario presumiendo haber enseñado a su hijo a dispararle a “Bambi”, mientras ocupa un cargo público financiado por una ciudadanía a la que se le predica austeridad y sensibilidad social, mientras con actos y acciones personales abusando del poder se demuestra lo contrario.
Y es justo ahí donde la historia se pone mejor —o peor, dependiendo del ángulo— porque el mismo protagonista de esta postal cinegética aparece después en otra imagen pública en reciente evento del DIF estatal denominado DIFZANIA, donde este aparece con su «abuela y su abuelo» el gobernador.
Aqui ya no hay monte, ni rifle, ni venado. Ahora hay outfit cuidadosamente curado, pose de heredero joven y exitoso en plena adolescencia. Pero un detalle rompe cualquier intento de coherencia con el discurso de la 4T: un reloj Cartier Santos que no pasa desapercibido.

El modelo —Santos de Cartier, referencia CRW2SA0030— no es precisamente un accesorio discreto. Caja de acero con bisel de oro amarillo, brazalete intercambiable, corona con espinela sintética azul, y un diseño icónico que grita estatus sin necesidad de subtítulos.

No es solo un reloj; es una declaración. Una que cuesta 14 MIL 200 DOLARES ,casi 260 MIL PESOS y que, en la muñeca del joven nieto de gobernador rico y padre aun mas rico, ahora delegado del Bienestar en Coahuila , se siente menos como elegancia y más como ironía.

Así, entre el venado abatido y el Cartier reluciente, se dibuja un contraste incómodo: el discurso de austeridad republicana frente a la estética del privilegio; el “humanismo” que se presume en tribuna contra la ostentación que se filtra en redes.
Porque en esta historia no solo se trata de cazar animales o de portar relojes caros o que tu abuelo sea despojado del privilegio de una VISA , sino de algo más simple y más corrosivo: la distancia entre lo que se dice y lo que se exhibe.
Con informacion: @Reforma/ Redes/

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