Otra vez la sierra de ese municipio de Badiraguato ,el mismo que en Sinaloa el ex-presidente Andres Manuel Lopez Obrador visitó 5 veces, amanecio sitiada como si fuera episodio repetido de una serie que ya todos conocemos: helicópteros sobrevolando, convoyes subiendo brechas imposibles y un objetivo que, como es costumbre, no aparece cuando lo buscan
El Gobierno federal lanzó un operativo con unos 340 elementos por aire y tierra en pleno corazón del Triángulo Dorado, esa zona donde el Estado entra con uniforme… pero no necesariamente con control.
El blanco: Aureliano Guzmán Loera, alias “El Guano”, hermano del Chapo y figura persistente en el mapa criminal que, pese a los años, sigue resistiendo detenciones como si tuviera GPS anticipado.
Omar García Harfuch salió a confirmar lo inevitable: sí hay operativo, sí hay detenidos, pero no, el objetivo principal todavía no cae. Traducción libre: mucho movimiento, resultados parciales y el pez grande —otra vez— nadando.
El despliegue incluye Ejército, Guardia Nacional y demás piezas del Gabinete de Seguridad, operando en una geografía que históricamente habia sido leal al gobierno, tan leal como a los grupos criminales. Ahí donde los mapas oficiales terminan, empieza el verdadero territorio de poder.
No es la primera vez que entran a la zona con fuerza o con falta de ella. Tampoco es la primera vez que salen con decomisos, algunas detenciones y la narrativa de “seguimos trabajando”. En operativos previos han asegurado armas, laboratorios y droga, pero la estructura territorial —la que realmente importa— sigue operando con notable resiliencia.
“El Guano” no es un personaje menor: se le ubica como operador clave en la sierra, con control de rutas y producción, especialmente de drogas sintéticas. Encabeza una facción conocida como “Los Guanos”, que no solo sobrevive, sino que se adapta en medio de las fracturas internas del Cártel de Sinaloa.
Por si hiciera falta presión externa, Estados Unidos mantiene una recompensa de cinco millones de dólares por su captura. Pero en la práctica, esa cifra lleva años sin traducirse en resultados concretos.
Badiraguato, cuna del Chapo, sigue siendo lo que siempre ha sido: un bastión simbólico y operativo del narco, donde las disputas internas del cártel se mezclan con la incapacidad estructural del Estado para imponer control duradero. Cada operativo ahí es más un gesto político que una solución estratégica.
Y así, entre comunicados oficiales y despliegues espectaculares, la historia se repite: entran, detienen a algunos, aseguran lo que encuentran… y el objetivo central sigue siendo, literalmente, inalcanzable.
Porque en la sierra, el Estado llega… pero no se queda.
Con informacion: ELNORTE/

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