Claudia Sheinbaum fue ovacionada en Barcelona, sí… pero también salió bañada en lodo ideológico cortesía de la ultraderecha española, que decidió ascenderla de presidenta a “narcopresidenta” en un mitin de gritos y bilis política.
Mientras en el guion oficial se hablaba de diálogos progresistas y fraternidades latino-ibéricas, Ignacio Garriga, secretario general de Vox, se paró frente al micrófono para dictar sentencia: “la narcopresidenta de México, Claudia Sheinbaum”, acusándola de inundar las calles de España con droga y muerte como si ella tuviera el timón directo de cada gramo que se mueve en Europa.
La escena fue todo menos diplomática: un partido que vive de la exageración morbo-política usando a México como piñata retórica, y a Sheinbaum como símbolo perfecto del monstruo que necesitan para asustar a su electorado.
Barcelona, capital de la “izquierda criminal”
Vox no solo cargó contra Sheinbaum, decidió convertir toda la cumbre en un aquelarre de “izquierda criminal”, proclamando que Pedro Sánchez transformó España en sede de la izquierda radical y Barcelona en capital del mal rojo-globalista.
Según su narrativa, ahí no se reunieron mandatarios electos, sino una “banda de siniestros”, un catálogo apocalíptico donde todos son narcodictadores, amenaza para la democracia y responsables de cada desgracia del planeta, desde la inflación hasta el mal clima.
Petro, Lula y el festival del adjetivo
En el reparto de villanos, Gustavo Petro fue presentado como el candidato que “no dudó en financiar su campaña con dinero del narcotráfico”, y Lula como el expresidiario que mete a la cárcel a quien le lleve la contraria, todo en bloque, sin matices, sin pruebas, pero con muchos adjetivos estridentes, que es la única moneda que cotiza en ese tipo de mítines.
La cumbre, según ese discurso, no fue un evento político, sino una convención internacional de “peores criminales” y “peores narcodictadores”, convenientemente empaquetados para que el público de Vox pueda aplaudir con la conciencia tranquila de estar del lado de los “buenos”.
España como alfombra roja del narco
El discurso remató acusando al gobierno español de acoger a “los peores narcodictadores” y de ser refugio de todos los que jamás celebraron la caída de Maduro, a quienes se les etiqueta como aliados preferentes de la “narcodictadura de Venezuela”, porque si no hay narco en la frase, parece que no les sabe.
La puesta en escena fue clara: mientras Sánchez aparece recibiendo a la “calaña de la izquierda criminal”, Vox se apropia del otro cuadro, el del “pueblo español por encima de sus gobernantes”, alineado en Madrid con María Corina Machado, enarbolando la “libertad” frente a un mapa mental donde todo lo que huela a izquierda es corrupción, narco y autoritarismo.
El saldo político para Sheinbaum
Para Claudia Sheinbaum, el viaje a Barcelona vino con foto institucional y aplauso progresista, pero también con sello de narcopropaganda cortesía de la ultraderecha, que la coloca como nueva figura estelar de su bestiario latinoamericano.
No todo fue miel sobre hojuelas: mientras en la narrativa oficial se presume liderazgo internacional, del otro lado del charco ya la usan como personaje de campaña, como etiqueta de miedo y como coartada perfecta para seguir vendiendo la idea de que la izquierda, de México a Brasil, es un cartel político-criminal en versión global, algo que no suena tan descabellado ya haciendo cuentas.
Con informacion: ElNorte/

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