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lunes, 20 de abril de 2026

«CRIMEN SI PAGA»: A «ALCALDE de MORENA PLAGIADO y RESCATADO ACUSADO en NARCOMANTAS le DIERÓN BLINDADA y MAS ESCOLTAS en VEZ de INDAGARLO junto con EDIL ESCORPION de MATAMOROS»…rescatar la imagen, ha sido el verdadero quehacer oficial.


En el México de la simulación institucionalizada, no todos los secuestros pesan igual ni todos los rescates ameritan la misma intensidad. Hay categorías. Y en la cúspide de la pirámide está, por supuesto, el funcionario del poder en turno. El alcalde morenista de Taxco acusado en narcomantas, Juan Andrés Vega Carranza, lo comprobó en carne propia: operativo masivo, despliegue de más de 500 elementos, helicópteros surcando el cielo y, como cereza del pastel, rescate exitoso junto a su padre, Juan Vega Arredondo. Todo muy eficiente… cuando se quiere.

El problema no es el rescate. El problema es el contraste obsceno.

Porque mientras al edil lo devuelven con escoltas, camioneta blindada y protección estatal —un paquete de seguridad que ya quisieran cientos o miles de ciudadanos abandonados a su suerte—, el resto de Taxco vuelve a la normalidad de la desprotección: fuerzas federales y estatales se repliegan discretamente, como si la misión hubiera sido cumplida, pero no lo fue.

Familias de desaparecidos, esos daños colaterales permanentes del narcoestado funcional, no tardaron en hacer la pregunta incómoda: ¿y nuestros desaparecidos cuándo? ¿Dónde estuvo ese despliegue quirúrgico cuando se los llevaron? ¿Dónde están los helicópteros, los 500 elementos, la urgencia institucional?

La respuesta, aunque nadie la diga en voz alta, se escribe sola: el Estado mexicano no reacciona ante el crimen, reacciona ante el costo político.

El subsecretario Francisco Rodríguez Cisneros de la entidad gobernada por Morena, confirmó lo evidente sin querer: el alcalde ya tenía medidas de seguridad desde días antes, pero ni una palabra sobre cómo ocurrió realmente el rescate. Un operativo de ese tamaño sin narrativa clara no es opacidad: es control de daños.

Y mientras Vega Carranza permanece en bajo perfil, apareciendo ocasionalmente en oficinas como si nada hubiera pasado, el mensaje es brutalmente claro: la prioridad no es desmantelar a la Familia Michoacana ni garantizar seguridad sostenida en la región. La prioridad es apagar el incendio mediático.

Taxco hoy no está más seguro. Solo está menos incómodo para el gobierno.

Porque aquí no hubo una estrategia contra el crimen organizado. Hubo, otra vez, un ejercicio de administración de crisis con enfoque electoral: rescatar al actor político, retirar la escenografía militar y dejar intacto el escenario donde la violencia sigue operando con normalidad.

En otras palabras: no fue un operativo de justicia. Fue un rescate de imagen.

Con informacion: ELNORTE/

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