En Michoacán, igual que en Tamaulipas, donde la línea entre funcionario, operador político y ficha del crimen organizado suele trazarse con plumón borrado, ahora desapareció Rogelio Portillo Jaramillo, jefe de la oficina de Bienestar en Huetamo, y todo apunta a que no se fue por gusto,pues segun se ha revelado ,esta semana había sido encontrada su camioneta calcinada, y funcionarios del gobierno afirman públicamente que se trata de una persona desaparecida.
La noticia pasó casi de puntitas durante varios días: su desaparición ocurrió el 28 de marzo, después apareció su camioneta calcinada y, mientras las autoridades se limitan a clasificarlo como “persona desaparecida”, gente cercana al personaje sostiene que fue levantado por hombres armados.
El antecedente que incomoda
Lo que hace más incómodo el caso es que Portillo no es precisamente un desconocido de bajo perfil. En 2021 intentó ser alcalde de Huetamo por Morena, pero la campaña ya venía torcida desde antes: apenas dos meses antes de la elección, la DEA lo había incluido como fugitivo buscado en Houston, Texas, por presuntos cargos federales de conspiración para traficar drogas. Perdió esa elección, sí, pero no se quedó fuera del presupuesto público: terminó acomodado como titular de la oficina local de Bienestar.
La sombra del CJNG
Según fuentes de seguridad citadas por el medio, Portillo sería un enlace entre el gobierno de Michoacán y el Cártel Jalisco Nueva Generación, organización que el gobierno de Estados Unidos ya clasifica como terrorista. Las mismas fuentes lo ubican además como primo de Francisco Jaramillo, también conocido como “El Serio” o “El Chico”, señalado como jefe regional del CJNG.
El contexto violento
El caso no ocurre en el vacío: el CJNG mantiene una guerra territorial con células de la Familia Michoacana, una pelea que ha dejado una estela de violencia en Michoacán, Guerrero y otros estados del occidente del país. En ese tablero, la desaparición de Portillo no parece un episodio aislado, sino otro capítulo de la mezcla venenosa entre poder local, crimen organizado y omisiones oficiales.
La historia de Portillo Jaramillo ,como la del alcalde de Morena en Matamoros, Alberto «Beto» Granados Favila ,resume una de las costumbres más obscenas del sistema político mexicano: un personaje con señalamientos graves, presunto vínculo criminal y antecedentes en la mira de la DEA puede terminar administrando programas sociales.
Y cuando desaparece, el Estado no aclara, no anticipa y no protege; apenas pone la etiqueta cómoda de “desaparecido”, como si el resto del expediente no existiera.
Con informacion: BREITBART/

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