En Matamoros, el problema ya no es la “cercanía” de Alberto “Beto” Granados con personajes turbios: el problema es que su círculo parece armado con el mismo molde, el mismo polvo y la misma lógica de protección política y criminalmente organizada por el Cartel del Golfo. El caso más reciente, el de Luis Miguel Garduño Castañeda, exfuncionario municipal y operador cercano al entorno de Granados, detenido en Texas con 10.92 kilos de cocaína ocultos en una GMC Acadia, justo cuando cruzaba por el punto de control de Sarita, en el condado Kenedy, y no como un ciudadano despistado, sino como alguien que ya venía con versiones inconsistentes y una historia que se desmoronó en cuanto un perro entrenado olió el negocio .
La escena es bastante ilustrativa: revisión secundaria, tornillos manipulados en la tercera fila, trampilla en el piso, diez paquetes de cocaína, custodia federal y una explicación que no convence ni a un catequista. Garduño dijo que el viaje obedecía a instrucciones ligadas a una deuda y que sospechaba que transportaba drogas, aunque no supuestamente el tipo exacto de sustancia; pero el expediente y la valoración de las autoridades apuntan a una carga destinada a distribución, no a un paseo casual ni a una travesura de barrio .
El funcionario muy funcional
Univision lo ubica como funcionario de Matamoros, con una trayectoria que no nació en la política, sino en la logística, las ventas y las operaciones: jefe de bodega aduanal entre 2004 y 2006, Advance Auto Parts de 2006 a 2009, negocio de paintball entre 2009 y 2013, director del Taller Municipal entre 2014 y 2016, ventas en Toyota y Nissan, e incluso un trabajo reciente en una agencia automotriz en Brownsville, Texas .
A eso se suma su historial político: coordinación de jóvenes en procesos electorales desde finales de los noventa, coordinación de eventos de impacto en 2016, grupos especiales en 2018, y finalmente la dirección de Servicios Públicos Complementarios del gobierno municipal de Matamoros.
El detalle no es menor: no hablamos de un detenido cualquiera, sino de alguien que se movió dentro del aparato municipal, del circuito electoral y del entorno administrativo de Matamoros. La narrativa se vuelve todavía más incómoda cuando se le suma la lectura local que lo coloca como parte del grupo de confianza de Granados, en una administración donde los apellidos, los contactos y las lealtades parecen más importantes que la línea que separa la política de la delincuencia .
La línea de montaje
Garduño no es una anomalía, sino como otro eslabón de una cadena ya conocida: un secretario particular de «Beto» Grandos,identificado como Rodrigo Iván Sánchez Cantú, detenido en 2020 con 8.8 kilos de cocaína, además de marihuana, cristal, plantas de cannabis y una pistola .45; y Edgar Alejandro Villarreal “Fresa”, detenido por la DEA en 2025 con 8.8 y 8.24 kilos de cocaína, señalado como financiero de campaña y operador político de la “Avanzada Tamaulipeca” . A esa lista se suma ahora Garduño, atrapado con 10.92 kilos, cerrando un triángulo que ya no parece casualidad sino estructura .
La columna vertebral del argumento es brutal por su simpleza: alrededor de Beto Granados siempre aparece alguien con cocaína, y no precisamente con bolsitas de consumo personal. Lo que se repite son vehículos, escondites, cargamentos medianos y grandes, vínculos de confianza, pasos por dependencias públicas y cercanía con el poder local, mientras la autoridad mexicana actúa como si estuviera viendo un partido en otra pantalla .
Texas sí, México no
El caso también exhibe la asimetría más humillante: en Estados Unidos, Garduño fue detenido, revisado, documentado y puesto bajo custodia federal; en México, la pregunta sigue siendo por qué la red política que lo rodea no provoca cateos, indagatorias serias ni una sola operación de fondo. La propia pieza de Valor Tamaulipeco insiste en que, con expedientes como el 2:26-mj-00284 y la causa por posesión con intención de distribuir bajo el marco federal estadounidense, en Matamoros lo único que sigue intacto es la impunidad local .
La nota de Univision agrega el componente formal: el caso está en manos de la DEA y permanece bajo investigación federal, mientras Garduño reconoció haber sospechado que transportaba drogas, aunque negó conocer el tipo exacto de carga . Esa admisión, sumada a la forma de ocultamiento y a la cantidad decomisada, pinta un cuadro bastante menos ingenuo que el discurso de “yo no sabía” que tantas veces termina usado como coartada barata .
El retrato de Beto
La concatenación de ambos textos construye el mismo retrato: Beto Granados no aparece como un alcalde rodeado de malas compañías, sino como el centro de gravedad de una red política donde la coca, los operadores y la protección institucional conviven sin pudor .
Tan solo basta con recordar que «Beto» es el Supervisor de la Medida Cautelar que permitió que Alfredo Cardenas,alias El Contador,obtuviera la libertad, aun y con orden de extraditarlo a EE.UU,lo que revela algo mas que atípico o sospechoso, putrefacto.
Aunque no debe de pasarse por alto, que en este mismo costal esta el gobernador Américo Villarreal que para llegar al poder tuvo que condescender con Los Escorpiones en un «con_trato» que ciudadanos pagaron con sangre en tiempos de la «Kena-19».
Alberto García Vilano ya fue extraditado a EE.UU y podra decirle a fiscales de ese pais,como fue que “El Contador” le ordenó a los “Escorpiones” volcar en su favor la maquinaria electoral que habría permitido que Matamoros quede administrado por un bloque donde el poder civil y el crimen se rozan sin fricción, con la elección de 2022 y la de 2024.
Con Garduño, la secuencia ya no se lee como accidente aislado sino como patrón: secretario particular con kilo y medio de todo, operador financiero con cocaína y proyección política, y ahora un exfuncionario municipal con más de diez kilos en el tablero fronterizo. La irreverencia de la pieza no es adorno: es una forma de denunciar que, si el círculo íntimo del alcalde sigue acumulando detenciones por narcotráfico mientras él conserva padrinazgos y blindajes, entonces la supuesta distancia entre administración pública y crimen organizado en Matamoros es una ficción útil .
La conclusión que incomoda
En limpio, el caso Luis Miguel Garduño Castañeda no solo exhibe a un funcionario de Matamoros que quieren hacer parecer ex-funcionario, detenido con cocaína en Texas; también refuerza la tesis de que el entorno político de Beto Granados opera como un ecosistema donde el tráfico, la campaña, la nómina y la cercanía personal se confunden demasiado bien . Y cuando un alcalde aparece rodeado una y otra vez por gente atrapada con kilos de cocaína, la explicación ya no cabe en el molde de la “mala suerte” ni del “yo no lo conocía tanto” .
El mensaje que dejan ambas piezas es incómodo pero claro: en Matamoros, los amigos de Beto no solo salen en fotos, en cargos y en campañas; también salen en expedientes federales, en retenes de Texas y en investigaciones que desde México nadie parece querer tocar .
Y en Reynosa es la misma historia de Americo:
Replicada en Nuevo Laredo con enlace en Tampico:
Por qué ?…es política publica
Con informacion: UNIVISION/

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