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lunes, 27 de abril de 2026

«CIFRA es PORNOGRAFICA»: SE «NECESITAN 150 AÑOS y GANAS para PONER NOMBRE a 75 MIL CADAVERES ARCHIVADOS en 4 MIL FOSAS»…de este panteón clandestino llamado «Mexico».


El país ha organizado un congreso para buscar personas desaparecidas… pero lo que realmente exhibe es que el Estado no puede ni con los muertos, ni con los vivos, ni con los datos mínimos para nombrar a sus cadáveres.

El congreso de la barbarie forense

En el pomposo “Primer Congreso Nacional Multidisciplinario en Búsqueda de Personas”, celebrado en Siglo XXI, la frase que resume todo es brutal: “vivimos en una apoteosis, una barbarie forense”. No es hipérbole: para identificar unos 75 mil cuerpos sin nombre se necesitarían más de 150 años, si todo sigue igual de lento, descoordinado e indiferente. 

Es decir, el Estado mexicano ya le debe justicia a generaciones que aún no nacen, pero eso sí, organiza congresos, paneles y mesas de diálogo para aplaudirse entre sí.

Mientras tanto, las fiscalías y servicios periciales están rasurados de recursos; no alcanzan reactivos, laboratorios, personal ni voluntad política, pero sí hay presupuesto para fotos con lonas institucionales, diplomas y hashtags sobre “búsqueda” y “derechos humanos”.

150 años para ponerles nombre

La cifra es pornográfica: cerca de 75 mil cuerpos desconocidos esperando identificación en un país que presume “pasos firmes” en materia de desaparición. Expertos señalan que, con la capacidad actual, se tardarían más de siglo y medio en ponerles nombre, siempre y cuando no se acumularan más cadáveres, cosa que, a juzgar por la realidad, es una fantasía científica, no una proyección seria

Más de 4 mil fosas localizadas representan un reto técnico enorme: restos degradados, huesos imposibles para obtener ADN, perfiles “no concluyentes” que en lenguaje humano significa: “sabemos que es alguien, pero para el sistema no sirve”. Y detrás de cada hueso hay una familia que lleva años esperando una llamada que nunca llega, mientras las autoridades siguen llenando bodegas y congeladores de cuerpos sin identidad.

Forenses con ciencia, gobierno con desinterés

Los especialistas sí están haciendo su parte: hablan de bases de datos genéticos que llevan 17 años intentándose homologar sin éxito porque el desarrollo forense ha sido desigual, desarticulado y torpedeado por decisiones políticas. Explican que los dientes son clave para identificar personas, permiten reconstruir rasgos, edad, tratamientos, pero en estados como Coahuila los restos suelen aparecer sin dentadura, como si la negligencia se hubiera vuelto política pública

Mientras los genetistas proponen soluciones de emergencia —desde conservar raspados bucales en el congelador hasta guardar radiografías de dientes, tatuajes, números de serie de implantes—, el Estado reconoce que “falta mucho por hacer”, pero vende el discurso de que “se han dado pasos firmes”. Firmes, sí: firmes hacia el colapso forense, firmes hacia la impunidad, firmes hacia la burocratización del dolor.e

Centros de “identificación” que son bodegas de restos

Colectivos como Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila llevan más de década y media buscando a los suyos y lo que encuentran es un muro institucional. El Centro Regional para la Identificación Humana, en vez de dar respuestas, corre el riesgo de convertirse en lo que ellas mismas temen: un centro de almacenamiento de restos, una especie de archivo muerto de huesos anónimos.

De las 90 familias de FUUNDEC, ninguna ha obtenido resultados; ni causa de muerte, ni responsables, ni sentenciados, ni verdad. Hay policías involucrados en desapariciones y ni un solo detenido, ni una sentencia, ni un mensaje mínimo de que el Estado vaya a investigar algo más que su propia narrativa.

El Estado terapéutico: te destrato, luego te mando a psicología

Encima, cuando todo esto ya destrozó a las familias, aparece el enfoque “psicológico”. Una especialista describe lo que viven las buscadoras: ansiedad, insomnio, hipervigilancia, culpa, pensamientos intrusivos, duelo ambiguo, desesperanza dolorosa; un infierno dilatado en el tiempo. El sistema te desaparece al familiar, no te investiga el caso, te pierde los restos, te marea con perfiles genéticos que “no sirven” y, cuando ya estás rota, te ofrece contención emocional.

Las buscadoras viven un duelo que nunca cierra: cuando intentan resignarse, llega la fiscalía con un “encontramos un indicio” y las regresa al punto cero. Es un tortura procesal, un mecanismo de desgaste que les exige paciencia mientras el Estado exige comprensión por su propia incompetencia.

El optimismo oficial: “pasos firmes” hacia la nada

Un consejero del Sistema Nacional de Búsqueda admite que falta mucho por hacer, pero insiste en que se han dado “pasos firmes” y que lo importante es generar “mesas de diálogo” y una “entrega digna de restos”. Eso sí, siempre acompañando la tragedia de frases de PowerPoint: acercar la medicina forense a las familias, escuchar a las víctimas, comparar avances para “tener mejor óptica”, como si el problema fuera de perspectiva y no de cadáveres apilados.

El Comité contra la Desaparición Forzada de la ONU ya decidió escalar el caso de México a la Asamblea General, porque las medidas adoptadas no han generado avances sustanciales y la crisis no sólo persiste: se agrava. La reacción local: matizar, relativizar, hablar de esfuerzos y progresos, como si la saturación de morgues y la multiplicación de fosas fuera un pequeño detalle de implementación.

Manual para sobrevivirle al sistema (si es que te deja)

Al final, los propios expertos recomiendan a la población que se prepare para cuando el Estado falle, es decir, para siempre. Guardar radiografías de dientes, fotos de tatuajes, informes de cirugías, números de implantes, hasta muestras de ADN en el congelador durante cinco años; una especie de “kit doméstico de identificación post mortem” porque el aparato público no da abasto ni da resultados.

Suena tétrico porque lo es, pero también porque no hay una ley que regule seriamente las bases de datos genéticos y las garantías para su uso. Así se condensa la paradoja: la gente tiene que anticiparse a su posible desaparición para ayudar a un Estado que ya se declaró incapaz de encontrarla, identificarla y nombrarla en vida o después de la muerte.

Con informacion: El Universal/

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