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domingo, 26 de abril de 2026

«FUERA MASCARAS»: LA «CUATRO-TE de SHEINBAUM le ENTREGA CONTRATOS MULTIMILLONARIOS a IMPRESOR de los ACORDEONES JODECIALES»…cambiaron discurso,no las mañas y además las imprimen en alta resolución.

En el manual no escrito de la Cuarta Transformación hay una máxima que se repite con disciplina casi litúrgica: la austeridad es discurso, pero el negocio es continuidad. Y en ese catecismo de la simulación, Grupo Gama —nombre comercial de Impresores en Offset y Serigrafía— ha encontrado su lugar no como proveedor, sino como beneficiario predilecto de un régimen que presume pureza mientras engrasa con contratos a sus impresores de cabecera.

Porque no estamos hablando de una imprentita de barrio, sino de la misma empresa señalada por su presunta participación en la fabricación de los célebres “acordeones” para orientar —con pedagogía electoral bastante creativa— la elección del Poder Judicial Federal en 2025. Es decir, no sólo imprimen papel: imprimen narrativa, inducen conducta y, si se les deja, hasta conciencia cívica prefabricada.

Desde 2023, la Secretaría de Bienestar ha convertido a esta firma en su tótem contractual: al menos siete contratos abiertos que, en conjunto, alcanzan la nada despreciable cifra de 2 mil 183 millones de pesos. Todo ello, por supuesto, bajo el ropaje administrativo de licitaciones “fast track” y adjudicaciones directas, ese eufemismo burocrático que en la práctica significa: “sin estorbos, sin competencia real y con reloj convenientemente acelerado”.

Tres de los contratos más jugosos —los destinados a las pensiones de adultos mayores y personas con discapacidad— fueron licitados bajo la coartada de la urgencia. Curiosa prisa la del gobierno: programas sociales que están presupuestados con años de anticipación, pero que de pronto requieren procesos exprés, como si el calendario fiscal fuera una sugerencia y no una obligación.

Para completar el cuadro, en 2025 la dependencia optó por la vía más expedita —y menos transparente—: adjudicación directa para materiales de programas como Pensión Mujeres Bienestar y Salud Casa por Casa, además de los insumos de comunicación social. Traducido al castellano llano: contratos entregados a dedo, sin simulación siquiera de competencia.

La licitación más reciente es casi una caricatura del método. Convocada un jueves por la noche, justo antes de Semana Santa, cuando medio país está empacando maletas y la otra mitad desconectando el cerebro. El mismo truco ya se había ensayado en 2024, porque en esta administración la innovación no es necesaria cuando la opacidad funciona.

Pero el toque maestro llegó en 2026: un requisito aparentemente técnico que en realidad opera como filtro quirúrgico. Las empresas participantes debían estar registradas ante la STPS como proveedoras de servicios especializados —es decir, como outsourcing—, aunque el contrato no implicaba subcontratación de personal, sino simple impresión en instalaciones propias. Dos empresas lo señalaron: el requisito no tenía sentido. Resultado: se retiraron. Competencia eliminada sin necesidad de descalificarla.

La explicación oficial raya en lo absurdo: que los empleados del proveedor deben distribuir materiales a nivel nacional. Como si la logística convirtiera mágicamente a una imprenta en empresa de subcontratación. El resultado práctico fue claro: sólo otra empresa logró cumplir los requisitos… con una oferta 17% más cara. Gama, casualmente, volvió a ganar.

Y por si faltara opacidad, las bases de licitación incluyen más de 80 tipos de impresos, pero sin especificar volúmenes reales. Se cotiza como si se fuera a imprimir una sola unidad de cada formato, una ficción contable que convierte la comparación de ofertas en un ejercicio casi metafísico.

El caso más grotesco: el contrato de Salud Casa por Casa, donde se solicitaron más de 44 millones de copias de 30 formatos distintos. La adjudicación a Gama se justificó por su “experiencia previa” y por presentar la oferta más baja… por un margen de apenas 0.5%. Medio punto porcentual: la delgada línea entre la competencia y la coartada.

Así funciona la maquinaria: requisitos a modo, tiempos recortados, competencia disuadida y contratos que fluyen hacia los mismos nombres. Todo bajo la narrativa oficial de un gobierno honesto, austero y distinto.

Pero la realidad —esa que no cabe en los folletos que ellos mismos imprimen— revela otra cosa: una caterva de administradores del poder que han perfeccionado el arte de simular limpieza mientras operan con la eficacia de siempre. Cambiaron el discurso, no las mañas. Y ahora, además, las imprimen en alta resolución.

Con información: ELNORTE/

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