En 38 días, 12 mujeres asesinadas en Sinaloa y el gobierno todavía presume porcentajes como si fueran trofeos de feria; esa es y ha sido la estrategia cuentamuertos: administrar el cementerio y venderlo como éxito de gestión. Hablan de “disminución” porque en enero no fueron 123 homicidios dolosos sino 106, como si el detalle relevante fuera la aritmética y no que la gente se sigue desangrando en las calles, con ocho feminicidios y nueve mujeres asesinadas solo en ese mes.
La narrativa oficial es simple y obscena: si hoy matan a diez en vez de quince, felicidades, “vamos mejorando”. Mientras en los primeros 38 días del año ya hay una docena de mujeres ejecutadas, baleadas, golpeadas, enterradas en fosas, el discurso se concentra en curvas descendentes, gráficas bonitas y comparativos con el mes pasado, como si la vida de cada víctima fuera una celdita más en Excel. A las familias les entregan cuerpos, pero en la conferencia de prensa lo que se exhibe son porcentajes, tasas, tendencias, todo menos la desnudez brutal de la impunidad.
La “estrategia cuentamuertos” es perfecta para quien gobierna: no exige prevenir, sólo registrar. No pide que desarmen a nadie, sólo que anoten en qué municipio cayó el cadáver. No incomoda a los grupos criminales, porque se limita a constatar su trabajo y luego justificarlo con tecnicismos de “conflictos entre grupos” y “ajustes de cuentas”. La prioridad no es proteger a las mujeres, sino proteger la narrativa: si el número baja un poquito, se celebra; si sube, se relativiza y se diluye entre estadísticas nacionales.
Sinaloa arrancó 2026 con decenas de asesinatos en los primeros días, mientras el aparato institucional se aferra a repetir que “no es tan grave”, que “vamos mejor que antes”, que “ya no hay masacres como antes”, como si la vara de medición fuera el infierno de hace unos años y no el derecho elemental a llegar viva a casa. La violencia contra las mujeres no cede, pero el discurso oficial sí: cede ante la tentación de maquillar, de normalizar, de trivializar, de esconder detrás de un número la historia concreta de cada mujer que ya no está.
Y ahí está el núcleo del engaño: convertir la política de seguridad en contabilidad moralmente quebrada. Les preocupa más cómo se ve la cifra en el boletín que cómo se ve la escena del crimen a las cuatro de la mañana, con una mujer tirada en la calle y una familia reventada para siempre. Mientras sigan gobernando con hojas de cálculo y no con un mínimo de vergüenza, la “estrategia cuentamuertos” sólo servirá para eso: para seguir contando cadáveres y llamarle, sin pudor, “avance”
Con informacion: NOROESTE/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: