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viernes, 6 de febrero de 2026

«POR QUÉ MATARON a BERNARDO BRAVO ?»: EL «LIMON en MICHOACÁN MAS que FRUTA y BILLETE es ACTA de DEFUNCIÓN con MEMBRETE OFICIAL»…un Estado que decidió ser, al mismo tiempo, doctor y virus .


El limón en Michoacán no es fruta: es billete con acta de defunción y membrete oficial. El asesinato de Bernardo Bravo, el limonero que se atrevió a patear el avispero de los coyotes, solo confirmó lo obvio: en Tierra Caliente la enfermedad y el remedio traen el mismo uniforme, la misma placa… y a veces el mismo WhatsApp.

La receta: matar al que estorba, no al que extorsiona

Bravo no cayó por ingenuo, cayó por meterse en la coreografía equivocada. En una región donde el kilo de limón verde es más estable que cualquier institución, él se atrevió a cuestionar a los intermediarios que sangran a los productores, mientras alrededor operaba la maquinaria de extorsión de César Sepúlveda, alias Bótox, señor del cobro por kilo, por cabeza y por negocio que respirara.

Según la versión oficial, los esbirros lo llevaron a una casa ligada a un jefe mafioso y ahí lo ejecutaron; otro día común en un estado que llama “investigación” a leer el hilo de Twitter y armar boletines. La misma Fiscalía que pinta a Bótox como autor intelectual ofrece el móvil como menú de antojitos: que si la retroexcavadora robada, que si las huertas familiares, que si el empresario se fue a quejar con el CJNG como si fuera Profeco criminal.

Bótox: gerente del terror con servicio a domicilio militar

No estamos ante un loco que amaneció extorsionando limoneros: es un gerente regional del terror que durante una década operó con halcones, drones, explosivos y toda una red de cobro por kilo de limón, a plena vista del Estado. 

El tipo se dio el lujo de confesar en audiencia, con toda la desfachatez del mundo, que en su teléfono están los contactos de militares que lo protegían y le pasaban información “a él y a otros grupos delictivos”, mientras las instituciones bostezan.

Si un capo dice en pleno juzgado que tiene a soldados en su lista de favoritos, eso debería detonar cateos, bajas, purgas internas; aquí apenas alcanza para nota de color y para que algún general ofendido pida “no generalizar”. Lo que queda claro es el mensaje: el criminal es desechable, la protección uniformada es patrimonio de la casa.

Valen mucho dinero juntos… y juntos andaban

Michoacán no es un “foco rojo”, es un listado de rentas criminales compartidas: metanfetaminas, fentanilo, aguacate, limón, minería, secuestro y extorsión empaquetados en franquicia. Los Viagras, Nueva Familia Michoacana, Caballeros Templarios, Blancos de Troya, Cárteles Unidos y CJNG se reciclan como autodefensas, brazo aliado o “fuerza rural” según convenga al gobierno de turno, siempre con el mismo truco: primero los legitiman, luego fingen perseguirlos administrando y dosificando el combaten todos, no siempre.

Ahí está el expediente incómodo: cuando se creó la Fuerza Rural bajo Alfredo Castillo, “Los Viagras” se incrustaron de lleno en el cuerpo de élite G‑250 con aval oficial, armas y credencial de “buenos”. El Estado no descubrió al monstruo: lo armó, lo uniformó y luego se hizo el sorprendido cuando empezó a cobrar piso a limoneros y aguacateros.

El cuento del enemigo: aliados hoy, terroristas mañana

Los mismos grupos que algún día fueron “muralla contra el CJNG” hoy figuran como organizaciones terroristas extranjeras en los comunicados del Departamento de Estado, con recompensas millonarias por sus jefes. Cárteles Unidos, por ejemplo, nació como alianza para frenar al Mencho y terminó convertido en gobierno paralelo que decide cuotas, campañas y seguridad local, mientras Washington reparte recompensas y México reparte conferencias.

El “enemigo” depende del ángulo: para el campesino, es el que le quema la huerta; para el político, es el que no quiso entrar al pacto; para el militar coludido, es el grupo rival con el que no ha cerrado trato todavía. Hoy son “aliados tácticos”, mañana “objetivos prioritarios”, pasado otra vez “interlocutores” cuando toque negociar la plaza.

Enfermedad y remedio: la misma mafia con distinto logo

La historia de Bravo es la de cualquiera que se atreva a creer que hay un “afuera” del sistema criminal en Michoacán. Él sube mensajes contra coyotes; Bótox extorsiona y produce limón amarillo; CJNG y Cárteles Unidos disputan rutas; los Viagras se pasean entre autodefensa y cártel; los militares aparecen como contactos en el teléfono del extorsionador y como escoltas en los traslados “de alta seguridad”.

Ahí está el chiste cruel: cuando el Estado dice que combate al crimen, en realidad está cambiando de proveedor. Caen los Blancos de Troya, pero siguen los Viagras, los J. Múgica, los Templarios reciclados, todos usando las mismas rutas y, si nadie revisa esos celulares, los mismos contactos en las policías o fuerzas armadas. 

El problema no es solo el narco: es un Estado que decidió ser, al mismo tiempo, doctor, virus y laboratorio clandestino. Y a quien se atreve a decirlo en voz alta, como Bravo, lo terminan “atendiendo” a balazos.

Con informacion: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/DAVID MARCIAL PEREZ/

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