México no solo se volvió la gasolinera oficial de La Habana: se acaba de inscribir como socio estratégico de una dictadura en el momento exacto en que Washington está decapitando a otra. El problema no es Sheinbaum; es el país entero amarrado a una apuesta geopolítica que puede salir carísima cuando Trump empiece a cobrar facturas
La nueva manguera de la isla
En 2025 México rebasó a Venezuela y se convirtió en el principal proveedor de crudo de Cuba, aportando cerca del 44 por ciento de las importaciones de la isla, mientras Caracas cayó al 34 por ciento tras el desplome de PDVSA y las sanciones.

Ese salto no fue marginal: los envíos mexicanos crecieron alrededor de 56 por ciento en un año, justo cuando el petróleo venezolano se hundía por bloqueos de tanqueros y la captura de Maduro abría la puerta a que Trump “controle” el sector energético de Venezuela.
Humanitarismo de alto octanaje
El relato oficial vende los cargamentos como “ayuda” para que Cuba no colapse en apagones, pero en la práctica México está sustituyendo la vena yugular que antes conectaba a La Habana con Caracas y ahora pasa por Coatzacoalcos.
No es cooperación cualquiera: Pemex, la petrolera estatal más endeudada del planeta, desvía producción a un cliente insolvente y sancionado, mientras en casa se recorta inversión y se desploman los envíos a Estados Unidos casi a la mitad entre 2023 y 2025.
En ese tablero, que México mantenga viva a la dictadura cubana con crudo barato luce como afrenta directa: congresistas ya hablan de usar la revisión del T-MEC en 2026 para castigar a México por financiar a un régimen que Washington quiere estrangular
De socio comercial a sospechoso habitual
México es hoy el principal socio comercial de Estados Unidos, pero también el país al que Trump amenaza con intervenir por el tema de los cárteles; añadir “patrocinador del castrismo” al expediente es darle munición legal y política para presiones más agresivas.
Cuando la Casa Blanca ve tanqueros mexicanos alimentando a Cuba al mismo tiempo que exige mano dura contra el narco, la conclusión es simple: si no hay alineamiento geopolítico, habrá aranceles, sanciones sectoriales o castigo en la mesa del T-MEC.
El riesgo es para México, no para la silla presidencial
Claudia Sheinbaum puede salir a decir que “todo es legal” y que México actúa como nación soberana, pero quien pagará el costo no será su fuero, sino la economía mexicana entera si Estados Unidos decide que el “nuevo Soviet” del Caribe se llama México.
Convertirse en el salvavidas energético de Cuba mientras Trump convierte a Venezuela en protectorado petrolero de facto coloca al país en el peor lugar posible: atrapado entre la retórica tercermundista de solidaridad revolucionaria y la realidad fría de un vecino que domina tu comercio, tu frontera y ahora, también, el tablero del crudo.
Con informacion: ELNORTE/ FINANCIAL TIMES/

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Tu Comentario es VALIOSO: