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sábado, 5 de septiembre de 2026

“HERRAMIENTA MIGRATORIA o APARATO de VIGILANCIA ?: el ICE PUSO en MANOS de RECLUTAS un TELÉFONO que ACTÚA como NAVAJA SUIZA”… y que puede acceder a información de ciudadanos.


ICE puso en manos de reclutas recién llegados —algunos todavía sin pasar la revisión de antecedentes— una app de Palantir que funciona como libreta digital de cacería: cruza bases de datos, arma expedientes, puntúa “qué tan confiable” es un blanco y lo planta en el mapa. El detalle incómodo es que esa maquinaria parece haber entrado a operar sin la evaluación de privacidad específica que la ley exige cuando el gobierno recolecta, mantiene o difunde información personal identificable. 

Se llama ELITE —Enhanced Lead Identification and Targeting—, un nombre que suena menos a programa público que a videojuego de operaciones especiales. La creó Palantir, la empresa tecnológica ligada históricamente a la CIA y célebre por vender sistemas de minería de datos, inteligencia artificial, guerra y “policía predictiva”.

En el teléfono oficial de los agentes de deportación de ICE, ELITE viene de fábrica, según cinco funcionarios de la agencia consultados por The Intercept. La aplicación hace lo siguiente:

  • Revuelve información procedente de agencias gubernamentales y otras fuentes.
  • Construye expedientes o dossiers de posibles objetivos.
  • Agrupa personas en listas operativas.
  • Ubica direcciones y localizaciones en mapas.
  • Asigna un “confidence score”, una calificación sobre la supuesta precisión de la información con la que el sistema perfila al individuo.

En castellano de banqueta: ICE no sólo recibe un nombre y una dirección. Recibe un paquete listo para tocar una puerta, seguir un rastro o priorizar a quién buscar. Y el algoritmo, además, levanta la mano para decir: “éste parece buen candidato”.

Placa, pistola y acceso

La aplicación comenzó a circular mientras la administración de Donald Trump aceleraba su ofensiva migratoria de invierno en Minneapolis y ICE reclutaba personal a toda velocidad. La división de Operaciones de Ejecución y Expulsión de ICE incorporó más de 12,000 empleados mediante una campaña de contratación exprés, acompañada de recortes al programa de capacitación.

El problema no es menor: Reuters reportó a inicios de 2026 que miles de esas nuevas contrataciones salieron a trabajar sin que sus verificaciones de antecedentes estuvieran terminadas. Es decir, la burocracia entregó placa y arma antes de completar el filtro sobre quién estaba recibiéndolas.

Y, según fuentes internas consultadas por The Intercepttambién les entregó acceso a ELITE.

“Es una de las primeras aplicaciones que les dan a los nuevos oficiales para que puedan empezar a trabajar. Puedes acceder a ella sin tener autorización completa de antecedentes”, dijo un agente de deportación contratado durante la oleada. 

Otro funcionario de ICE lo resumió sin diplomacia: algunos de esos reclutas “nunca debieron ser contratados, mucho menos tener acceso a la información de ELITE”. Funcionarios de distintas regiones dijeron además que siguen trabajando agentes sin revisión de antecedentes concluida, incluso personas contratadas hace casi un año. 

Qué información se está jugando

La guía de uso de ELITE identifica una docena de fuentes de datos. Entre la información que puede poner en pantalla están:

  • Domicilios.
  • Antecedentes penales.
  • Registros migratorios.
  • Resoluciones judiciales.
  • Otros datos personales de inmigrantes y ciudadanos estadounidenses. 

No es información de trivia. Buena parte encaja en lo que el gobierno denomina PII: información personalmente identificable. Son los datos que, combinados, permiten saber quién eres, dónde vives, con quién has tratado, qué expediente tienes y por qué un agente podría fijarse en ti.

El sistema de IA de DHS reconoce que ELITE utiliza PII. El problema es que, bajo la Ley de Gobierno Electrónico de 2002, una agencia debe realizar y publicar una privacy impact assessment —evaluación de impacto en la privacidad— cuando estrena o modifica sustancialmente una tecnología que recolecta, conserva o difunde ese tipo de datos.

No se trata de llenar un formato por cumplir. Esa evaluación debería explicar qué datos se capturan, de dónde salen, durante cuánto tiempo se guardan, quién puede consultarlos, cómo se corrigen errores y qué controles existen si alguien abusa del sistema.

El trámite que no aparece

Mary Ellen Callahan, exjefa de gabinete del subsecretario de Seguridad Nacional y antigua responsable de privacidad del DHS, dijo que ELITE no pasó por el proceso normal diseñado para prevenir abusos y proteger derechos de privacidad. También sostuvo que el uso de bases sensibles por equipos todavía no verificados amenaza la seguridad pública: abre la puerta a que datos delicados sean mal utilizados por personas que aún no han sido plenamente investigadas. 

El DHS tiene una página donde cataloga sus usos de inteligencia artificial y allí aparece un enlace presentado como evaluación de privacidad de ELITE. Pero el enlace no lleva a un análisis de ELITE: dirige a una evaluación de 2019 de la Enforcement Integrated Database de ICE.

Ese detalle importa porque dicha base es sólo uno de los sistemas que ELITE consulta. No explica el conjunto entero de fuentes, ni la forma en que el algoritmo las mezcla, ni las inferencias que genera, ni la manera en que esas inferencias terminan orientando investigaciones migratorias y operativos de expulsión. 

Clare Garvie, abogada especializada en privacidad y subdirectora de política tecnológica del Policing Project de la Facultad de Derecho de NYU, lo planteó sin rodeos: el documento de 2019 fue publicado años antes de que DHS adquiriera ELITE y no describe las fuentes de datos de la app, su análisis de IA ni las conclusiones que produce para enfocar investigaciones y deportaciones. 

El verdadero riesgo

La discusión no es si una aplicación tiene una interfaz bonita o un nombre militarizado. El fondo es más áspero:

  • Un algoritmo puede convertir datos dispersos en una lista de personas “prioritarias”.
  • Un dato equivocado puede adquirir apariencia de certeza cuando aparece dentro de un expediente automatizado y con una puntuación de confianza.
  • Agentes recién contratados, sin revisión completa de antecedentes, pueden consultar información sensible.
  • La ciudadanía no tiene una explicación pública clara y actualizada sobre cómo funciona el sistema, qué vigila, qué conserva, quién lo usa y cómo reclama si queda atrapada en un error.

Un funcionario de ICE familiarizado con ELITE lo dijo con una frase que no requiere mucha edición: “Esto es una mierda de 1984”. Según esa fuente, hoy se usa contra inmigrantes indocumentados, pero técnicamente podría aplicarse con facilidad contra estadounidenses. 

Ahí está el hueso: cuando el Estado convierte el teléfono de cada agente en un centro portátil de perfiles, mapas, expedientes y predicciones, la línea entre “herramienta migratoria” y aparato de vigilancia se vuelve peligrosamente delgada. Y si ni siquiera hay claridad sobre quién entró a la fuerza, qué filtros pasó o qué datos puede abrir, la promesa de “seguridad” empieza a parecerse demasiado a una puerta sin cerradura.

Con información: INTERCEPT/

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