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sábado, 6 de junio de 2026

«SON los MISMOS: CRITICÓ ABUSO de la POLICIA y ENSEGUIDA COMANDO la LEVANTÓ a DOMICILIO»…ya habían matado a su esposo.


En México hay una línea cada vez más delgada —tan delgada que a ratos parece invisible— entre investigar al crimen organizado y meterse con la autoridad. Y no porque sean exactamente lo mismo, sino porque en la práctica, el costo de incomodar a uno u otro empieza a parecer peligrosamente similar.

El caso de la periodista Roxana Guzmán lo vuelve a poner sobre la mesa con una crudeza incómoda. 

Su trabajo, como el nuestro, esta centrado en exhibir abusos, fallas y excesos policiales, no era precisamente un ejercicio de relaciones públicas para las corporaciones de seguridad. Era periodismo: documentar lo que el discurso oficial intenta maquillar.

Que dijo Roxana:

Durante el programa en línea «Notifierro», se mostró un video grabado en la entidad local de Ixhuatlán del Sureste el 24 de mayo, en el cual un elemento de la policía municipal golpea a una hombre.

«Qué mal está quedando la policía. ¿Esa es la seguridad que presume el gobierno de Raúl González Martínez? Aquí no estamos viendo protección ciudadana, estamos viendo abuso de autoridad. Hay ciudadanos que hoy le tienen más miedo a la policía que a los criminales», comentó.

En la emisión, el conductor Garra Jaguar y Guzmán Ramírez entrevistaron a Odel Díaz Villalobos, exjefe policíaco, de este caso. «El policía debe estar preparado, y eso te lo dicen en la academia, física, mental, moralmente para servir a la sociedad. Debe pasar el examen de control de confianza», afirmó.

Dicha periodista llamó a este presidente municipal a «poner orden» con referencia al actuar de los elementos de la policía. «No sabemos si están capacitados, cómo están trabajando, si el día de mañana van a matar a alguien», dijo.

Pero en México, cuestionar a la policía no se queda en el terreno del debate público. Se vuelve una actividad de riesgo. Como si señalar irregularidades, abusos o incompetencia equivaliera a cruzar una línea prohibida. Como si tocar a la autoridad,ese aliado indiscutible del crimen, fuera en la práctica, tan delicado como meterse con estructuras criminales.

Y ahí es donde surge la pregunta incómoda: ¿por qué investigar a quienes deberían garantizar la seguridad implica riesgos comparables a investigar a quienes la destruyen? No es una acusación ligera, es un síntoma.

Porque cuando la crítica se castiga, cuando la transparencia incomoda, y cuando el periodismo termina pagando las consecuencias, el mensaje es claro: hay poderes que no toleran ser exhibidos, sin importar si portan uniforme o no.

Lo verdaderamente grave no es solo el caso en sí, sino lo que revela: un ecosistema donde la rendición de cuentas no es la norma, sino el riesgo. Donde hacer preguntas puede ser interpretado como una amenaza.

Y en ese México, el problema no es solo la violencia. Es la confusión —cada vez más peligrosa— entre autoridad y poder sin control.

Con información: ELUNIVERSAL/

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