La “Guardia Nacional” terminó siendo más Guardia que Nacional: mucho camuflaje, mucha foto oficial, y del lado ciudadano puro tiro, encubrimiento y silencio institucional traducido a impunidad, escandalosa impunidad con uniforme militar.
Un cuerpo “civil” con fuero verde olivo
La GN nació en 2019 vendida como cuerpo civil, pero armada con personal de Sedena, Marina y los restos de la Policía Federal; en 2024, lo que era sospecha se oficializó: quedó plenamente bajo mando militar. En lugar de policías formados para proteger, México heredó un «Frankenstein castrense» que patrulla calles como si todo fuera teatro de operaciones con moditos de guerra formal.
El Sistema Nacional de Alerta de Violación de Derechos Humanos registra 2,716 quejas contra la GN ante la CNDH desde 2019, pero solo 21 recomendaciones, 16 por violaciones graves: autos civiles rafagueados, personas desarmadas heridas o asesinadas, tortura, desaparición forzada y uso excesivo de la fuerza.
Es decir: una maquinaria que acumula expedientes por todo tipo de delitos mientras las sanciones se administran con gotero,aunque roban, secuestran,violan,matan y hasta se asesinan entre ellos.
Nuevo Laredo: así se ve el “nerviosismo” armado
El 6 de diciembre de 2022, en Nuevo Laredo, María Isamar Pérez Caballero manejaba un Chevy rojo, sin armas o escoltas y terminó con el hígado perforado, una costilla rota y esquirlas de bala dentro del cuerpo, incapacitada de por vida. Todo porque una persecución de la GN derivó en que la camioneta oficial la chocara y luego varios elementos decidieran disparar al vehículo civil hasta dejarlo inmóvil.
Las cámaras de una taquería captaron la escena: el Chevy entra a escena destartalado y se observan los impactos previos; detrás llega la unidad GN339327, se coloca a un lado y se aprecian nuevos disparos hacia el auto; después arriban más elementos, rompen vidrios, miran dentro, se dan cuenta de que hay una sola persona herida… y se van, sin auxiliarla. Minutos más tarde, María Isamar apenas logra salir por el lado contrario del conductor y pide ayuda a gritos, mientras los “guardianes” ya están lejos, huyeron como los criminales.
Del crimen al “descubrimiento” administrativo
Horas después, uno de los agentes de GN reportó a la FGR que solamente había “encontrado” un coche abandonado con balazos, llaves pegadas y algo de sangre, como si fuera hallazgo casual de rutina. En los informes internos el mando repitió la misma ficción: verificación de un vehículo, nada más, pero omitió choques, disparos y la existencia de una mujer hospitalizada.
El problema para la narrativa oficial es que las cámaras privadas y las redes sociales no obedecen órdenes militares: el video exhibió que no hubo enfrentamiento ni delincuentes, sino un ataque unilateral contra una civil desarmada. La propia investigación interna de la GN terminó admitiendo que al menos dos elementos dispararon sin justificación y que mintieron “por temor a ser acusados de algún delito”, mientras mágicamente las cámaras de las patrullas no grabaron por “fallas” o falta de carga.
Peritajes que no cuadran y justicia que no llega
La GN reportó a la Fiscalía que solo faltaron dos municiones en las armas revisadas, pero el peritaje al coche de María Isamar encontró 20 daños por proyectil de arma de fuego. Las declaraciones se contradicen: unos dicen que el auto rojo les aventaba ponchallantas, otros que solo se chocó solo, otros que la camioneta oficial lo impactó; la realidad material, en cambio, quedó plasmada en metal, vidrio y hueso.
El dictamen de mecánica de lesiones confirmó que las heridas de María Isamar corresponden a la agresión denunciada y a su relato ministerial, y que no hubo balacera cruzada ni “riesgo” para los guardias que justificara abrir fuego. A pesar del video, los peritajes y la carpeta FED/TAMP/NVO.LAR/0002618/2022, no existe ni una sola orden de aprehensión contra los elementos involucrados.
Impunidad blindada y derechos humanos de utilería
La CNDH supo del caso desde el 8 de diciembre de 2022 y, aun con las secuelas permanentes de la víctima, no ha emitido recomendación alguna. Mientras tanto, las 2,716 quejas acumuladas contra la GN conviven con una institución que se vende como garante de paz, pero que dispara contra estudiantes, madres, padres, hijas e hijos en estados como Chihuahua, Jalisco, Guanajuato, Durango o Tabasco, dejando muertos, heridos y desaparecidos.
La definición técnica es “cuerpo de seguridad pública bajo mando militar”; la definición práctica es otra: un aparato armado que dispara por “nerviosismo”, miente por oficio y se refugia en la burocracia para que nada pase. En el papel es Guardia Nacional; en la vida real, para casos como el de María Isamar, es una guardia sin ley custodiada por la impunidad.
Con información: ELUNIVERSAL/















