El senador chiapaneco Luis Armando Melgar amaneció con las plumas alborotadas y el pecho inflado: el tucán ya no quiere compartir rama con Morena. “Somos aliados, pero no sus criados”, vino a decir desde el Senado, ondeando las alas verdes como si en ellas cargara la autonomía que el guinda insiste en domesticar.
Melgar, que hasta hace poco cacareaba en el mismo gallinero que Palacio, decidió marcar territorio político con el pico bien afilado. “La confianza de la gente se gana trabajando, no se regala”. Y con esa línea se inventó su propio eslogan de independencia, mientras disimulaba el historial de vuelos coordinados con la misma mano que hoy pretende desafiar.
La dirigencia del PVEM, con Karen Castrejón al frente, ya se subió al mismo árbol. Dicen que el Verde irá solo en algunos estados, porque los votantes así se lo piden… o porque los verdes ya huelen que el guinda empieza a desteñirse. En términos selváticos, el tucán ha decidido probar qué tan alto puede volar sin padrino presidencial que lo empuje.
“Donde tengamos músculo, vamos solos”, advirtió Melgar. El problema es que ese músculo electoral suele inflarse a base de alianzas oportunistas y ejercicios de yoga presupuestal. Pero el senador insiste: que nadie se confunda, el Verde tiene “liderazgos propios”. Claro, propios de cada coyuntura.
Así que el tucán engallado se perfila para el próximo encontronazo electoral —ese en que muchos aliados del régimen descubrirán que el matrimonio guinda-verde siempre fue más de conveniencia que de convicción. Los plumajes han cambiado, pero las especies se reconocen por el vuelo: oportunista, ruidoso y siempre cerca del árbol del presupuesto.
Con informacion: ELNORTE/

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