El sesudo estratega de curricula «non sancta» ,Omar García Harfuch volvió a Sinaloa con el gabinete federal como quien regresa a la escena del crimen… pero a tomarse la foto, no a recoger los cuerpos. Otra gira de “estrategia” y “refuerzo federal” mientras el parte de guerra citado por Noroeste ,grita que la Ola Violenta sigue arrasando y el gobierno insiste en venderla como brisa ligera de estadísticas controladas.
La caravana del humo
Según el guion oficial, Harfuch aterriza en Culiacán a “evaluar avances operativos” y a “dar seguimiento” a la estrategia federal, en lo que ya es su décima vuelta al estado en menos de un año. Diez visitas, diez mesas, diez comunicados y cero paz: la guerra interna del Cártel de Sinaloa ya cruzó año y medio, con picos de 6 o 7 asesinatos diarios que el parte oficial reduce a “hechos aislados”.
Rocha Moya posa sonriente junto al gabinete de seguridad y celebra, con la solemnidad de quien inaugura una cancha de usos múltiples, que “Sinaloa continuará con el apoyo total de la Federación”. Traducción: seguirán llegando soldados, marinos y Guardia Nacional para custodiar casetas, carreteras y reuniones de élite, mientras los pueblos ponen los muertos y los desaparecidos.
El milagro del C5 y las cámaras milagrosas
El nuevo tótem de la fe oficial se llama C5, un sistema de vigilancia que el gobernador vende como si fuera un exorcismo tecnológico contra la violencia. Promete más cámaras en Culiacán y Mazatlán, “inteligencia” integrada y monitoreo permanente, como si el problema hubiera sido siempre que al Estado le faltaban pantallas, no voluntad de tocar a los patrocinadores de campaña.
Nos aseguran que con el C5 “se podrá cuidar cada lugar de Sinaloa”, frase que suena preciosa en boletín, pero grotesca frente a una narco-guerra donde comandos circulan en convoyes, someten comunidades enteras y desaparecen personas a plena luz del día mientras las cámaras —cuando existen— casualmente “no funcionan” o “no captaron nada relevante”. El C5 es la nueva estampita: caro, reluciente, lleno de promesas, inútil contra la complicidad y el miedo.
El parte de guerra que desmiente la foto
Mientras Harfuch y Rocha hablan de “reforzar la seguridad” y “mantener la tranquilidad”, el saldo de la Ola narra otra historia: 3,099 homicidios dolosos desde el 9 de septiembre de 2024 hasta el 15 de abril de 2026, un promedio de 5.3 personas asesinadas cada día. A esa cuenta se suman 3,659 personas privadas de la libertad (6.3 diarias), una estadística que en lenguaje llano se llama secuestros, levantones y desapariciones forzadas normalizadas.
La guerra también se mide en patrimonio arrancado a punta de cuerno de chivo: 10,638 vehículos robados, 18.2 diarios, muchos usados como barricada, otros rematados en paz por la economía informal que el Estado finge no ver. En el lado “exitoso” del operativo, el gobierno presume 3,450 detenidos y 183 personas abatidas, sin que nadie explique cuántos son realmente capos, cuántos halcones desechables y cuántos simples daños colaterales ocultos detrás del genérico “presuntos delincuentes”.
La coreografía de la simulación
El libreto se repite:
- Harfuch aterriza, se reúne en la base aérea, encabeza una mesa con Ejército, Marina y Guardia Nacional, revisa “indicadores delictivos” y anuncia que regresará a supervisar avances.
- Rocha Moya agradece el respaldo federal, promete coordinación permanente y se compromete a meter más cámaras, más botones de pánico, más “inteligencia”.
- Los medios alineados encuadran la foto, destacan la palabra “refuerzo” y reducen la narco-guerra a un “contexto complejo”, como si no hubiera 19 meses de balaceras, rutas disputadas y comunidades sometidas por facciones del mismo cártel que el gobierno no se atreve ni a nombrar.
El resultado: una paz de conferencia de prensa, blindada en el discurso pero agujereada en cada ranchería donde la única autoridad visible son los convoyes que no necesitan gafete ni acreditación para ejercer poder. En ese teatro, el C5 aparece como el decorado perfecto: muchas pantallas, cero justicia, toneladas de datos que jamás se usarán para romper las alianzas que realmente mandan.
HarFUCh, estratega de la eterna emergencia
Llamarle “estratega” a García Harfuch en Sinaloa es admitir que la estrategia es precisamente esta: administrar la violencia, dosificar los escándalos y llegar cada cierto tiempo a prometer que ahora sí viene el operativo bueno. La federación mantiene al estado en una especie de terapia intensiva perpetua: siempre intubado a refuerzos militares y anuncios de “coordinación”, nunca lo suficiente como para desactivar a los grupos armados que deciden quién vive, quién muere y quién desaparece.
Porque si la estrategia funcionara, hoy no tendríamos más de tres mil homicidios, miles de desaparecidos y más de diez mil vehículos robados en el periodo de la Ola, mientras el gobernador aplaude la continuidad del refuerzo y el nuevo C5 como si fueran medallas al mérito. Lo que sí funciona, y muy bien, es la narrativa oficial: cada visita del gabinete federal convierte el infierno sinaloense en un PowerPoint optimista, y cada parte de guerra se tapa con una conferencia donde la violencia es solo una gráfica “a la baja” que jamás coincide con la realidad que se escucha en los panteones.
Con informacion: NOROESTE/ DATOS GRAFICA/

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