El peso de las cifras de feminicidios en medio de la trilogía de violencia normalizada en la guerra de Sinaloa,cuyos números son saldo de la barbarie de levantón, muerte y despojo ,equivalen a una inatajable crisis humanitaria, si atendemos con seriedad el mas reciente balance publicado por Noroeste.
Desde el 9 de septiembre de 2024 hasta el 13 de abril de 2026 es de:
◉ 3,089 homicidios dolosos (5.3 diarios)
◉ 3,650 personas privadas de la libertad (6.3 diarios)
◉ 10,627 vehículos robados (18.3 diarios)
◉ 3,438 personas detenidas (5.9 diarios)
◉ 183 personas abatidas
Como se advierte, Sinaloa ya no está viviendo una guerra: la está administrando a diario, como si el horror fuera trámite, como si la cuenta de mujeres asesinadas pudiera leerse en una libreta de oficina y no en una tragedia de Estado.
Mientras las autoridades siguen vendiendo discursos de contención, la realidad les revienta en la cara: en 2025 el estado acumuló decenas de feminicidios y homicidios de mujeres, un año que lo colocó en la cima nacional del espanto.
En 2025 mataron a 104 mujeres en Sinaloa, más que en cualquier año desde 2011, cuando el conteo cerró en 110 casos. No fue una racha, fue una forma de gobierno: asesinatos en todos los municipios, a cualquier hora, contra mujeres de cualquier edad y condición.
Y no es un episodio aislado ni una mala semana: es la continuidad de una rutina de muerte que ya lleva casi dos años desangrando al estado entre balaceras, desapariciones, “levantones” y despojos, como si el crimen hubiera asumido la administración territorial y la autoridad sólo hiciera el inventario del desastre.
La cifra que más debería avergonzar a cualquier gobierno es esta: las mujeres siguen cayendo en Sinaloa con una regularidad que ya no permite hablar de “casos” sino de una estructura de violencia sostenida, impune y profundamente misógina.
Cada feminicidio no sólo exhibe el fracaso de la prevención; también desnuda la precariedad de la reacción institucional, esa costumbre oficial de llegar tarde, explicar mal y no resolver nada.
Y mientras el parte de guerra suma homicidios, vehículos robados y privaciones de la libertad, la violencia contra las mujeres queda como el subrayado más brutal de un estado capturado por el miedo y por la incapacidad pública para proteger siquiera la vida de las más expuestas.
Si la guerra ya cumple casi dos años, el saldo no es sólo de muertos: es de territorios tomados, familias rotas y mujeres convertidas en el objetivo más castigado de una normalidad criminal que el gobierno sigue llamando “incidencia” para no decir fracaso.
En Sinaloa, la estadística ya no describe la violencia: la denuncia.
Con informacion: NOROESTE/

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