Ahora resulta que Servando Gómez Martínez, alias La Tuta, salió con el clásico “yo no fui” en pleno Manhattan, como si lo hubieran agarrado robándose un gansito en la cooperativa y no como ex jefe de La Familia Michoacana y cofundador de los Caballeros Templarios.
Mientras Pepe el Toro lloraba en la cárcel por una muerte que no quiso, acá tenemos al maestro normalista metido a capo multinivel de coca y cristal, parado frente al juez Federal John G. Koeltl, diciendo que es inocente de dos cargos de tráfico masivo, como si los cargamentos se hubieran cruzado solitos, por obra del espíritu santo… o de Felipe Calderón, cuyo sexenio, curiosamente, sí aparece en el indictment, pero bien censuradito, no vaya a ser que se nos vaya a ofender el «comandante borolas».
La Tuta lleva desde agosto en Estados Unidos, expulsado como basura tóxica que México ya no quiso en sus reclusorios, después de acumular más de 47 años de sentencias aquí por delincuencia organizada, drogas y secuestro.
Pero allá, en la corte del Distrito Sur de Nueva York, apenas es su segunda aparición en siete meses. Ni que fuera influencer para andar dando la cara diario: el expediente se mueve más que él, con audiencias que se aplazan una y otra vez a petición de defensa y Fiscalía, todos negociando en lo oscurito como si estuvieran regateando gallinas en el tianguis.
La escena es digna de remake: en vez de “Pepe el Toro es inocente”, ahora es “La Tuta es inocente”, con traje de reo federal y sin Blanca Estela Pavón que lo defienda, pero con un ejército de abogados listos para entrarle al clásico juego gringo: te declaras no culpable hoy, negocias mañana y pasado mañana aceptas un carguito más light, sin jurado, sin circo mediático y con condena recortada. El melodrama judicial versión narco: lloran menos, hablan menos, pero calculan más.
Encima, el indictment más reciente está censurado como libreto de película en tiempos de la censura moral: sólo deja ver lo genérico de La Familia Michoacana durante el calderonato, y lo jugoso va bajo sello, en diciembre y marzo, como si fueran capítulos perdidos de una saga donde todos sabemos quiénes salían en la foto… menos en el papel. En la pantalla grande del poder, los capos van a juicio, los presidentes a conferencias y los expedientes a la trituradora de tinta negra.
Al final, La Tuta no es Pepe el Toro: Pepe era pobre, víctima del sistema y remordimiento andante; este, en cambio, fue maestro, se volvió capo, dirigió un cártel, fundó otro, negoció con medio mundo y ahora se planta en Manhattan a decir que es inocente, con décadas de condenas en México colgándole como medallas al revés. Y mientras todos fingen sorpresa, el próximo 24 de junio seguirán la función: capítulo nuevo, misma historia.
Con informacion: ELNORTE/

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