Primero era IA, luego ay, ya. El Gobierno salió con su clásico «es falso, es montaje, es deepfake», jurando que ningún rayo de sol había osado asomarse por los ventanales de Palacio Nacional. Que el sol obedecía órdenes presidenciales, vaya.
Pero resulta que la estrella rebelde filtró nueva evidencia: videos de una mujer tomando el sol en una ventana del mismísimo palacio. Y entonces, como en la telenovela nacional, la presidenta acepto, casi como la típica frase; “dijo mi mamá que siempre sí”.
Once días después, la Presidenta apareció en su mañanera para declarar que la intrépida tomadora de sol ya fue “sancionada”. No dijo quién, ni cómo, ni cuánto le costó la insolación política. Secretos de Estado… o de sombra.
“Hay que respetar el Palacio Nacional como patrimonio histórico”, agregó Sheinbaum, como si el pecado fuera descomunal: dejar que la historia tome vitamina D.
Los pecados solares de la comunicación oficial
Error número uno: Negarlo todo, como reflejo automático.
Antes de investigar, la maquinaria del poder ya había dictado su credo: “Es mentira, es IA, es campaña sucia”. El protocolo del negacionismo exprés: no comprobar, solo decretar. Resultado: el “montaje” acabó montándolos a ellos mismos.
Error número dos: Hablar antes de revisar.
La historia del “nadie tomó el sol” se hizo añicos en cuanto aparecieron los nuevos videos. Moral: en tiempos de redes, la soberbia desinforma más rápido que cualquier algoritmo.
Error número tres: La sanción fantasma.
Anunciar castigo sin nombre ni castigo concreto es puro teatro. Decir “ya la sancionamos” es como decir “ya lo resolvimos” mientras barres la evidencia bajo la alfombra del Salón Tesorería.
Error número cuatro: Hacer moralina de lo trivial.
Convertir una siesta al sol en discurso histórico sobre “el respeto al patrimonio nacional” solo confirma el estilo poscuático: solemnizar el absurdo, dramatizar lo irrelevante.
Error número cinco: Olvidar la regla de oro del arguende político.
Si ya saben que todo se filtra, ¿pa’ qué se enredan? El verdadero error fue subestimar el poder del chisme con evidencia visual. En la era del TikTok y del Live mañanero, no hay “versión oficial” que dure más que un meme.
Este episodio no fue un escándalo de rayos UV, sino de comunicación con filtro solar factor torpeza institucional 100.
En resumen, buscaban a la culpable del escándalo solar, investigaron y dijeron que nadie había salido. Luego revisaron la cámara y resulta que sí, que una persona se sentó allí. Le dijeron que eso no se hace, que la austeridad republicana no incluye bronceados, y la enviaron de regreso a la penumbra.
Con informacion: ELNORTE/

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