Tras la muerte del Mencho, los expertos colombianos básicamente nos avisan que no cayó el monstruo: se multiplicó en gremlins con R-15, nómina de alcaldes y doctorado en corrupción aplicada.
Del capo todopoderoso a los “baby cárteles”
Según los colombianos, matar al jefe estrella no acaba el negocio, sólo lo vuelve más resiliente y descaradamente enredado con gobiernos locales. Lo que viene tras el CJNG de Mencho no es paz, sino un “modelo en red”: bandas pequeñas, flexibles, que se reciclan, se federan, se traicionan y siguen cobrando piso como si nada.
En Colombia ya lo vivieron: tumban a Escobar y a los Rodríguez Orejuela, y brotan La Oficina de Envigado, Norte del Valle, Urabeños/Clan del Golfo, Rastrojos, Comba, Pelusos, etcétera; menos glamour, misma sangre, más fragmentación. El negocio de la coca no se acabó, se volvió más horizontal, menos de “padrino” y más de franquicia: cualquiera con contactos, fusiles y un político a modo entra al juego.
Colombia y México, generaciones de capos
| País | “Era dorada” | Lo tumban y surge… | Nombre fino que le dan |
|---|---|---|---|
| Colombia | Escobar, Cali | Oficina, Norte del Valle, Clan del Golfo y compañía | “Modelo en red”, cuarta generación del crimen |
| México | Félix Gallardo, Chapo, Zetas, Mencho | Fragmentos del CJNG, Chapitos, Mayiza y satélites | “Baby cárteles” a la mexicana |
Los politólogos de Bogotá, muy serios ellos, le ponen nombres académicos a lo que en colonias de México se llama “otro grupo que cobra más caro y dispara más fácil”. Hablan de “metamorfosis criminal”, de cuatro generaciones de capos, de redes que mezclan control territorial, capacidad militar y “gobernanza local”, es decir: ellos mandan, el Estado se hace el muerto y la población firma sin leer.
El legado real del Mencho
Los expertos admiten que el legado del Mencho no es un cártel, sino un manual de negocios ilícitos diversificados: coca, fentanilo, cristal, migrantes, huachicol, extorsión, todo con inversión en inmobiliarias muy respetables. Dejó un ejército privado con armamento que, dicen los colombianos, nunca se vio ni en los años más bravos de Medellín y Cali: pequeños ejércitos capaces de plantarle cara al Estado mexicano a campo abierto.
La clave: no hay “reglamento de sucesión” en el CJNG, hay vacíos de poder y varias facciones listas para destazarse por la marca, las rutas y los contactos en gobiernos estatales y federales. A eso le llaman “dispersión” y “reconfiguración”; en el lenguaje del vecino: más balazos, más desaparecidos y más comunicados oficiales diciendo que todo está bajo control.
La receta colombiana… y el chiste mexicano
El general Jairo Delgado presume que en Colombia aprendieron a no sólo pegarle al capo, sino a toda la cadena: sicarios, finanzas, redes de complicidad, aparato logístico. Lo combinaron con cooperación internacional e intercambio de información con Estados Unidos, justo lo que México usa como foto para conferencia, pero no como política de Estado constante.
El mismo general suelta la advertencia que en Palacio Nacional fingirán no haber leído: si la caída del Mencho no forma parte de una política de seguridad seria y sostenida, si se regresa a la línea “abrazos, no balazos”, el golpe sirve sólo para inflar el ego del gobierno y el precio al mayoreo de la droga por unas semanas. Traducido: si no desmontas la estructura financiera, militar y política del CJNG, sólo cambias de gerente regional.
Corrupción: el elefante sentado en la mesa
El experto Andrés Cajiao dice sin rodeos que la corrupción es el principal obstáculo para enfrentar al crimen, porque abre la puerta, apaga las cámaras y rompe los expedientes. Eso erosiona la confianza ciudadana, desincentiva las denuncias y normaliza el arreglo en lo oscurito: el paraíso de los “baby cárteles”.
Los colombianos notan un detalle que acá la autoridad finge no ver: nadie está explicando qué van a hacer con la “gobernanza criminal” que el CJNG montó con políticos, policías y militares en varias regiones. Casos como “La Barredora” en Tabasco, que salpica al exsecretario de Seguridad Hernán Bermúdez, amigo de Adán Augusto López, y el huachicol fiscal que llega hasta familiares del exsecretario de Marina, son apenas la puntita del expediente de cómo el Estado se puso en venta al mejor postor.
En resumen, desde Colombia nos avisan lo que el gobierno mexicano no quiere reconocer: al Mencho lo mataron, pero al sistema que lo hizo posible nadie lo toca, porque ahí salen gobernadores, secretarios y generales en la foto. Y si no desmontan esa estructura, los “baby cárteles” van a crecer rapidito: ya tienen armas, rutas, contactos y un Estado especializado en hacerse el ofendido cuando le señalan la complicidad.
Con informacion: PROCESO/

Falto el auc y el cartel del dorado. El auc fue el cartel de medellin 2.0 y el cartel del dorado o cartel de bogota que cuando arrestaron a los jefes por ahi por el 2010 los kilos subieron de precio.
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