Un año después del aseguramiento histórico de dos huachibuques en Tampico donde las mismas autoridades se robaron 10 millones de litros de combustible, siguen en lo mismo: asegurando todo menos a José Isabel Murguía Santiago, “El Choko”, el presunto arquitecto del huachicol fiscal a gran escala. Nadie lo ve, pero todos lo mencionan en los informes federales, los mismos que —casualmente— siempre se detienen en la frontera entre la responsabilidad y el cálculo político.
El personaje no es menor: su hermano, José Ascensión Murguía, exalcalde de Teuchitlán, lleva rato entre rejas por supuestos nexos con el CJNG. Pero el verdadero negocio familiar parece estar en otro combustible: el diesel importado sin impuestos y lavado con uniforme institucional.
Las empresas Mefra Fletes e Impulsora de Productos Sustentables —dos nombres tan “verdes” como su contabilidad— son las naves insignia del contrabando energético. En una, “El Choko” comparte sociedad con Eric Daniel Delgadillo, ya fichado por la OFAC por lavar dinero del narco. El resto del guion ya se lo saben: las Aduanas bajo mando naval, la FGR simulando operativos y un patrón que parece quedar siempre fuera del radar… o tal vez entre los invitados VIP del radar.
Desde 2019, se han descargado 57.8 millones de litros de huachicol fiscal y casi tres cuartas partes de esa cifra provienen de operaciones de este mismo grupo. Y, por si fuera poco, el récord Guinness del contrabando reciente lo marcó el buque Atlantic Bay en 2019: 21 millones y medio de litros de diesel “a granel patriótico” desfilando por Tuxpan como si fueran agua bendita.
Pero si el capítulo energético suena grotesco, el capítulo militar-judicial raya en el vodevil. Una denuncia anónima aseguró que los huachibuques Challenge Procyon y High Challenge también transportaban armamento pesado: rifles, granadas y hasta lanzagranadas. El operativo resultó un chiste involuntario: solo encontraron dos pistolas, tres cargadores y algunos cartuchos desperdigados. México mágico: denuncian un arsenal digno de película, pero el guion termina en calibre .380.
Así, el caso “El Choko” flota entre expedientes que nadie quiere cerrar y mandos que prefieren no mirar hacia abajo del muelle. Porque en la historia de este contrabando, el verdadero combustible nunca fue el diesel, sino la impunidad premium que sigue moviendo al país.
Con informacion: ELNORTE/

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