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domingo, 22 de marzo de 2026

LA "ECONOMIA NO se MUEVE": "SHEINBAUM LLEGÓ a la 89 CONVENCION BANCARIA PIDIENDO MAS CREDITO a BANCOS"...en el pais donde trenes turísticos y de relumbrón reciben casi 46 veces más que educación y más de dos veces lo destinado a salud.


La presidenta Claudia Sheinbaum llegó a la 89 Convención Bancaria a pedir “más crédito” como quien pide otra ronda en la barra, pero sin aclarar si quiere agua, mezcal o gasolina. Más dinero, sí; proyecto de país, ya si eso luego.

El mantra oficial: más crédito, aunque no sepamos para qué

La presidenta exhibe el dato-estrella: razón crédito/PIB en 38%, por debajo de Colombia, Perú, Brasil y Chile, como si eso, por sí solo, fuera acusación de subdesarrollo financiero. Eso sí, en la comparación “olvidó” a Argentina y Ecuador, no vaya a ser que el espejo salga demasiado parecido al que trae Hacienda guardado en el cajón.

La banca, feliz, promete subir ese 38% al 45% del PIB para 2030, una meta que suena “transformadora” pero que apenas serviría para dejar de ser el alumno flojo del promedio internacional. El detalle incómodo: quieren que suba el crédito en un país sin certeza jurídica, con productividad a la baja y un gobierno que trata los contratos como borrador de secundaria.

Una economía que casi no se mueve, pero a la que le quieren meter turbo a deuda

En 2025, México creció 0,8%; la inversión se cayó en los cuatro trimestres y su aportación al PIB fue negativa en 1,5 puntos. El único motor real fue Estados Unidos: exportaciones aportando 2,7 puntos, consumo 0,8 y el Gobierno apenas 0,1, demostrando que el “Estado fuerte” está fuerte… en discursos, no en cifras.

La inversión total se quedó en 22,9% del PIB, lejos del 25% “deseable”, con una caída de 1,7% en la privada y 15,3% en la pública. En cristiano: el gobierno invierte menos, la iniciativa privada desconfía, pero el plan es empujar más crédito a un aparato productivo que cojea y a una estructura institucional que hace agua.

La “gran” ley de inversión: trenes primero, salud y educación al fondo

La joya de la corona se llama “Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar”, un título tan largo que parece diseñado para que nadie pregunte por el contenido. El plan: 5,6 billones de pesos hasta 2030 en ocho sectores “estratégicos” escogidos por el Gobierno, porque si algo sabemos es que le encanta jugar SimCity con recursos públicos.

El reparto del pastel es casi una confesión de prioridades:

  • 54,15% a energía.
  • 15,63% a trenes.
  • 13,94% a carreteras.​
  • 6,48% a puertos.​
  • 6,23% a salud.
  • 2,83% a agua.
  • 0,34% a educación.
  • 0,04% a aeropuertos.

Es decir: trenes turísticos y de relumbrón reciben casi 46 veces más que educación y más de dos veces lo destinado a salud. Luego se preguntan por qué la productividad se derrumba mientras el país colecciona obras faraónicas con rentabilidad social dudosa.

Crédito sin Estado de derecho: el milagro que no va a ocurrir

Traducido al lenguaje real: el crédito no se decreta, se gana. Los bancos pueden y quieren prestar más, pero solo si hay proyectos viables, rentables, con certidumbre jurídica y reglas claras que no cambien cada vez que a alguien se le ocurre un “decreto patriótico”.

La ley promete agilizar trámites y reducir burocracia, pero no hay trámite rápido que compense un juez impredecible, reguladores dóciles o un Ejecutivo que ve los contratos como sugerencias. Sin confianza, los 5,6 billones serán más anuncio que realidad y el 45% de crédito/PIB se quedará como ese propósito de Año Nuevo que nadie cumple.

El verdadero problema: no es cuánto crédito, sino a qué agujero lo echas

La columna remata donde duele: el problema no es solo falta de financiamiento, sino mala asignación de recursos. Puedes inundar de crédito una economía, pero si lo diriges a proyectos políticamente sexy y económicamente flacos, lo único que crece es la cuenta de intereses y el cinismo ciudadano.

La nueva ley podría ordenar algo la asignación si realmente canalizara recursos a sectores con impacto productivo y social, pero eso exige algo que el régimen no suele tolerar: criterios técnicos por encima de caprichos presidenciales. No toda infraestructura genera crecimiento, igual que no todo gasto “social” reduce pobreza; también hay megaproyectos que solo construyen ruinas futuras.

Al final, la pregunta que nadie en la Convención Bancaria quiso responder es la que titula la pieza: sí, más crédito… ¿pero en qué?. Porque entre trenes, anuncios grandilocuentes y leyes con nombres kilométricos, lo que sigue sin aparecer es una estrategia coherente donde el crédito deje de ser gasolina para la próxima simulación y se convierta en inversión real en un país que pueda confiar, de verdad, en sus propias reglas.

Con informacion de: DIARIO ESPAÑOL/ELPAIS/VALERIA MOY

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