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viernes, 27 de marzo de 2026

«APUNTA a HUACHICOL de BUQUE FANTASMA JUNTO a ZONA de DERRAME PETROLERO»…navegaba con sistema de identificación apagado, como troca sin luces en la brecha.


Algo huele a petróleo y a impunidad en la Sonda de Campeche. Desde el 14 de febrero, la plataforma satelital SkyTruth captó la estampa perfecta del desastre made in Pemex: un buque de 410 metros de largo, navegando con su Sistema de Identificación Automática (AIS) convenientemente apagado y dejando atrás una mancha de hidrocarburo de más de 53 kilómetros.

La escena —un gigante sin nombre, sin señal y con cola grasosa— es idéntica a las operaciones clandestinas de robo de combustibles que los trabajadores de la paraestatal ya conocen de memoria.

Consultados por REFORMA, empleados de Pemex confirmaron lo que todo el Golfo comenta en voz baja: apagar el AIS es la contraseña del hampa marina. Hay precedentes de naves piratas saqueando ductos y litorales bajo el mismo método, siempre en la misma zona, siempre con la misma impunidad.

Pero en la conferencia de prensa, el Secretario de Marina, almirante Raymundo Morales, optó por la versión zen: desconocemos por qué la nave navegaba ciega. “Los barcos que cruzan la Sonda tienen rutas, no necesariamente contaminan. Vamos a verificar por qué traía el AIS apagado.”

Traducción institucional: misterio marítimo, fin de comunicado.

Fuentes técnicas apuntan que el buque podría transportar crudo pesado, lo cual cuadra con los reportes de personal de Dos Bocas y del complejo Abkatún, que entre el 6 y el 10 de febrero detectaron presencia de hidrocarburos cerca de las plataformas Alfa, Bravo y Delta, mientras un inusual ballet de buques cisterna merodeaba la zona.
“Hay un derrame, pero no sabemos de dónde viene”, aceptó un superintendente petrolero, antes de continuar las operaciones como si nada. Porque, claro, si no se detiene la producción, no hay fuga en papel.

La descomposición se esparció literal y políticamente: las corrientes marinas arrastraron el combustible hasta Veracruz y el sur de Tamaulipas, mientras el origen se desdibujaba entre mareas, burocracia y silencios.

Las imágenes satelitales suman otra joya: una segunda mancha de 50 kilómetros, distinta a la anterior, también vinculada a movimientos de barcos “oscuros”.

En terminología marítima, esos buques sin AIS activo son “dark vessels”; en la jerga mexicana, ya pertenecen al lado oscuro del presupuesto federal.

Interrogado de nuevo, el almirante Morales defendió la teoría de las “chapopoteras naturales”: “En Cantarell siempre hay manchas. Se han incrementado, sí, pero podría ser una falla estructural que analizamos con controles submarinos.”

Lo de siempre: todo menos aceptar que hay un buque con licencia para contaminar.

Por si faltara confusión, organizaciones ambientalistas detectaron recientemente una nueva mancha cerca de la plataforma Abkatún, y —coincidencia celestial— otra estela de contaminante que seguía el trayecto de un buque a 10 kilómetros de distancia.

La Marina, fiel a su guion, salió con una versión tipo sudoku: 13 barcos estuvieron frente a Coatzacoalcos a inicios de marzo, “uno de ellos causó la mancha, pero no sabemos cuál”. Cuatro siguen en México, el resto ya navega en aguas internacionales. “Pedimos cooperación para inspeccionarlos”, dijo Morales, como quien lanza una botella al mar esperando respuesta.

Así, la historia del buque fantasma de Pemex está completa: el AIS apagado, el derrame negado, las manchas naturales y la navegación sin culpables.

Y mientras el petróleo flota hacia la costa, la opacidad flota mucho mejor.

Con informacion: ELNORTE/

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